A Telón Abierto

viernes, 31 de julio de 2020 01:26
viernes, 31 de julio de 2020 01:26

Vamos por parte. En nuestra anterior entrega, comentamos parte de la entrevista realizada en el espacio Cara a cara al ministro de Cultura y Turismo de la Provincia, arquitecto Luis Maubecín. Nos referimos a la necesidad de introducir modificaciones a la fiesta, en consonancia con el paso de los años; de la importancia que dos áreas como Cultura y Turismo vayan de la mano; que la fiesta recupere su perfil tradicional, con la necesaria “vuelta de rosca, viendo cómo evoluciona el folclore”, como bien lo expresó Maubecín, y la posibilidad de intentar llevar el  llamado “espectáculo mayor” al horario vespertino. Prometimos para hoy ocuparnos de algo que para este periodista constituye un anhelo de hace muchas décadas: que los genuinos artesanos catamarqueños no paguen un peso por el espacio que ocupan en cada encuentro, por considerarlos protagonistas imprescindibles y verdaderos dueños del Poncho. Es, a todas luces, una injusticia que a la auténtica familia artesanal catamarqueña se le cobre por un stand y a algunos artistas de dudosa calidad artística (sean locales o foráneos) se les paguen sumas increíbles por estar  20 minutos arriba del escenario: el reino del revés. Al respecto, estamos en condiciones de adelantar que un legislador, enterado de esta inquietud, se comunicó telefónicamente con el autor de esta columna y prometió realizar un proyecto y ponerlo a consideración de sus pares en el ámbito legislativo. Ojalá se haga realidad. Será un acto de justicia. 


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    Pero también el ministro Maubecín nos había adelantado en ocasión de aquella entrevista, siempre en la base de “cambiarle la cara”, que “por primera vez, vamos a tener una marca Poncho” generando una lógica expectativa por todo lo que presenta la fiesta de las vacaciones de invierno, suspendida este años por razones que son de público conocimiento. Y el pasado fin de semana se conoció la nueva “Marca Poncho”, diseñada por un equipo interdisciplinario de diseño que tuvo a su cargo la nueva imagen del Poncho, “que expresa los íconos destacados de las más altas tradiciones de la Fiesta Nacional del Poncho, a través de un lenguaje visual actualizado a los requerimientos de nuestra época”, según reza la información oficial. No cayó bien la idea en quienes tuvieron la oportunidad de expresarse a través de las redes sociales y otros medios, además de mensajes enviados a esta columna. Es más: cayó mal la idea. No gustó. “Es como que le falta vida, aparece todo desarticulado, demasiado estático” nos dijo un amigo, mientras que la diputada provincial Adriana Díaz opinó: “esta imagen-logo (la que identificó al Poncho 2018) es la que más me gustó de los últimos años de nuestra Fiesta Nacional del Poncho. No perdamos la identidad estética en la edición 50”. Otra: “Un logo marketinero, no refleja nuestra identidad cultural” (Mónica Ferreyra). Alguno fue más duro: “Ni surrealista, ni cubismo, ni expresionismo, ni arte figurativo, ni contemporáneo ni barroco; ni clásico, ni nada”.


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  Fiel a su estilo, el que no anduvo con chiquitas es el escritor y reconocido referente de las artes visuales, Eduardo Aroca. En un artículo titulado “cruzau, como poncho mal hecho” manifestó y fundamentó su total desacuerdo con la nueva carta de presentación del gran acontecimiento artesanal-cultural de julio. “No entiendo la nueva imagen ni puedo tener una lectura de lo que se quiere decir o vender; y no me siento representado como catamarcano, `dueño del Poncho`”, e irónicamente agrega: “muchachos, impriman un manual de instrucciones para entenderlo”, concluyendo con un categórico “perdón, Poncho”. A esta altura de los acontecimientos, extraña –o no tanto- el atronador  silencio de la familia artística, muchos de cuyos integrantes ponen el grito en el cielo cuando no comparten alguna realización en nombre del Poncho. ¿Acaso tienen miedo de que por opinar no sean convocados para la próxima edición? ¿O están de acuerdo con la trasnochada idea del pensamiento único? Hasta la próxima, que viene cargada.
 

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Comentarios

31/7/2020 | 21:44
#0
La bandera claramente con una clara reminiscencia de la Bandera de Chile, incluso en la ubicación de los colores, tiene medida rectangular sin que advirtieran los progresistas, los indigenistas y los que bregan por la igualdad, que las banderas deben ser de lados iguales- como la whipala- porque los rectángulos aluden a una clase dirigente y a otra, la horizontal, más populosa y humilde. Y para colmo de males la bandera de la ciudad lleva una CRUZ DEL SUR MAPUCHE en su centro, nada más que le sacaron un punto central que representa a la luna. Busquen Poncho Cruz Mapuche y lean sobre ello. De eso no se dieron cuenta los críticos del Ministro de Cultura Maubecín, Adriana Díaz y Eduardo Aroca. Raro, porque encuentran el pelo en la leche SIEMPRE. Pero no cuando ordeñan ellos.

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