33 de mano

La herencia recibida: mala, pero necesaria

martes, 15 de septiembre de 2020 01:10
martes, 15 de septiembre de 2020 01:10

No nos vamos a referir a la “bolsiqueada” o “chuschada”  (términos del criollismo polqueño) que, en un abrir y cerrar de ojos, le hizo la Nación a la Ciudad de Buenos Aires en materia de coparticipación. A llorar al campito de la misma forma que festejaron cuando el entonces presidente Macri les hizo el favor de llenarles las arcas. Lo que no entendemos es el mensaje del actual oficialismo nacional: “Si esto es inconstitucional, también lo fue lo actuado por Macri”. En otras palabras: se admite la posibilidad de haber incurrido en algo ilegal simplemente porque en la gestión anterior también se lo hizo. “Si aquello fue irregular y pasó, pues nosotros hagamos lo mismo, puede pasar”. Es decir que se sigue copiando lo malo y se deja lo bueno para cuando las vacas vuelen. En Catamarca ocurre lo propio: voces oficiales no defienden con argumentos sólidos, por ejemplo, la reforma judicial. Sus respuestas se ajustan a decir: “Cuando estaba el Frente Cívico, hicieron lo que quisieron con, entre otras cosas,  la justicia”. Otra vez: “Si los adversarios cuando gobernaron violaron todas las normas legales, ahora somos gobierno; lo hagamos nosotros… ¿y qué?”.


Vaya paradoja de los gobernantes. Es un clásico que se quejen de la herencia recibida y viven aplicando la misma receta. ¿En qué quedamos entonces? Lo dijimos y volvemos a insistir en este mismo espacio. Está faltando la voz firme, equilibrada y con autoridad moral y política que le diga a Alberto Fernández ¡salga de ahí, señor presidente!, emulando aquel pedido al boxeador “Maravilla” Martínez, que venía ganando la pelea por amplio margen y se metió al innecesario intercambio de golpe por golpe. Se dejó tentar por el odio y la venganza que ella domina a la perfección. Y la grieta se hizo más ancha y peligrosa, contrariamente a lo que quería el mismo Fernández cuando asumió la presidencia.

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En el último fin de semana, a través de CNN Radio, la fundadora del comedor social Los Piletones, Margarita Barrientos, insistió en la falta de ayuda por parte del gobierno de Alberto Fernández para sus centros comunitarios y le apuntó específicamente a la vicepresidente Cristina Kirchner: “Yo creo que en esa cabecita hermosa no existe la pobreza”. Al mentón, y para que tenga y convide. Agregó: “Levantamos el teléfono para pedir para la gente que no tiene ni frazada ni leche; nos prometieron que ya iban a pasar pero todo quedó en el aire”, y admite que su “pecado” es haber apoyado a Macri (desde esta columna nos preguntamos qué espera para volver a Boca). Concluyó la dirigente comunitaria: “No creo que  la grieta se vaya”. Y tiene razón Margarita Barrientos, cuyo trabajo posibilita que casi dos mil niños, madres y abuelos tengan todos los días desayuno, almuerzo y cena. Que la grieta la haya alcanzado es un golpe bajo de la política. O de la baja política. La que tiene el rostro del odio y la venganza. No hay espacio para ahondar en la división de los argentinos. No hay lugar para profundizar la maldita grieta. Ni en la Nación ni en Catamarca. Nos decía un peronista catamarqueño por estos días en Córdoba: “Que no se confundan, esto no dura toda la vida”. Porque como están dadas las cosas, el “vamos por todo” se pone de manifiesto todos los días. Con pequeñas o grandes acciones. Y en ese “vamos por todo” juega un papel fundamental la flaca y acomodaticia oposición que, por ejemplo, tiene el oficialismo en nuestra provincia. Está claro que una oposición decadente y mediocre -salvo un puñado de honrosas excepciones- no le da ningún derecho al gobierno para hacer lo que se le baje en ganas. Hay leyes y una Constitución que se niegan a ser pisoteadas. ¡Ojo al charqui!, dice la criollada de Polcos.

Kelo Molas
 

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Comentarios

19/9/2020 | 12:19
#0
Muy acertadas reflexiones

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