Apuntes del Secretario

viernes, 18 de septiembre de 2020 00:52
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La política argentina transita un momento desordenado, delicado y confuso, que se explica por el reloj biológico de quienes han dedicado y dedican sus vidas enteras a la lucha partidaria, dicho esto sin menosprecio, sino a modo estrictamente descriptivo. Los animales políticos piensan en política las 24 horas del día, los 365 días del año, y 366 días si el año es bisiesto. Eso no es bueno ni malo en sí mismo: hay en esa raza una amplia variedad de colores, y podrán encontrarse políticos nobles, apasionados, inescrupulosos, mercantilistas, leales, traidores, acomodaticios y de cuantos adjetivos se quieran añadir. El punto es que conforme se aproximan los momentos de la competencia electoral, todos los sentidos del político se sensibilizan, y comienza a otorgar a cualquier gesto –propio o ajeno- una connotación diferente. Es lo que está ocurriendo en el país, día a día y hora a hora, por eso han cambiado tanto los semblantes, las palabras y las formas de expresarlas. Es también por eso que con un telón de fondo idéntico al de marzo o abril, y con la emergencia sanitaria más vigente que nunca, los actores se comportan de modo tan distinto. El ciudadano común, envuelto en sus propios problemas y urgencias, puede no comprenderlo a veces. 

¿En qué momento se reavivó el odio, si parecía que todos trabajaban juntos? Y la respuesta es que los políticos comenzaron a cerrar mentalmente el capítulo de la pandemia y el coronavirus, y se pusieron ya el chip de los comicios legislativos del año venidero, que están –en aquel reloj biológico que se mencionó- mucho más cerca en su horizonte que en el de los demás criollos, más preocupados por saber qué pasará con los chicos en las escuelas, con los sueldos, con los familiares que no pueden ver, con las restricciones, etc. El desorden, tan evidente que se agudiza sin freno y se refleja cotidianamente en los titulares de los diarios, obedece precisamente a que se está transitando la delgada frontera que divide la crisis epidemiológica de la pulseada electoral. Hay quienes ya saltaron la línea y están de lleno enfocados en la pelea, sobre todo los opositores. Otros tienen la mente puesta allá, pero por sus obligaciones no logran todavía dar vuelta la página, y son los que ejercen el poder. No debería sorprender que cuestiones frágiles y serias como la salud caigan en el campo de la chicana: cualquier terreno es apto para intentar sacar ventaja. Y el barro suele ser incluso más fértil.

Por estas razones el trío de la unidad de objetivos que en las primeras conferencias de prensa integraban Alberto Fernández, Horacio Rodríguez Larreta y Axel Kicillof, se rompió definitivamente. Por eso Fernández y Kicillof quedaron ubicados de un lado, ya enfrentados abiertamente con Rodríguez Larreta, y por ello también reapareció justo ahora Mauricio Macri, quien encara una doble batalla, poniéndose del lado del jefe de Gobierno porteño para en realidad enfrentarlo. Porque intenta apuntar a Casa Rosada, pero para posicionarse al mismo tiempo en la puja interna, que lo muestra muy rezagado. En ese contexto, debe tomarse nota de una obviedad: las marchas anticuarentena, las marchas contra la reforma judicial, etc, son todas marchas político-partidarias, de una oposición que se enamoró de las mismas calles y manifestaciones que aborrecía por naturaleza. 

La oposición no tiene demasiados argumentos ni propuestas para presentar a la ciudadanía, porque la debacle 2015-2019 está demasiado fresca en la memoria, entonces hizo del descontento la materia prima en la cual va a invertir su capital. Cualquier enojo sirve, cualquier problema es útil. Da lo mismo un reclamo policial que una medida económica, y un plan de asistencia que la imposición de usar barbijo: la protesta se convirtió en un fin en sí mismo.  El respaldo obtenido no permite ilusiones ni desacreditaciones tempranas: si bien por el momento se ha expresado sólo el núcleo fuerte del macrismo (o antiperonismo), en Capital Federal y otros puntos aislados como Córdoba, las potencias de amores y odios siguen manteniendo el peso de siempre. De todas formas, las elecciones intermedias no son determinantes, ni en el triunfo ni en la derrota: cayó el kirchnerismo en una legislativa para luego ganar la presidencial, y ganó el macrismo cómodamente una legislativa, para luego perder la presidencia. ¿Por qué entonces tanta energía depositada en esta compulsa? Porque lo que para el conjunto de la ciudadanía puede ser un tema menor, para la clase política resulta vital, en especial cuando de la definición de destinos y proyectos individuales se trata. En resumen, la batalla que ahora se observa recién está comenzando.

Si una virtud ha mostrado el gobernador Raúl Jalil en estos nueve meses que lleva al frente del Gobierno, es su capacidad para manejar la agenda de la opinión pública, los medios y la oposición. Puede afirmarse, ya con escaso margen de error, que el ritmo que imprime el exintendente capitalino a la marcha de la gestión provincial no tiene precedentes, sino en obras o actos políticos, al menos en decisiones. Jalil parece llevar en sus manos una ametralladora de anuncios que jamás se detiene, y sus amigos y adversarios políticos no alcanzan a reaccionar cuando ya tienen otras tres propuestas sobre la mesa, y mientras intentan analizar esas tres iniciativas, Jalil lanza seis más. Intervenciones al hueso, cambios estructurales, modificaciones superficiales, enroque de nombres, supresión y creación de nuevas áreas son parte de la batería de proyectos que el mandatario mantiene en constante movimiento, con un dinamismo que supera la posibilidad de respuesta de la clase política local. 

Nótese que en el transcurso de este año al menos una docena de temas asomaban como ejes de grandes debates en la sociedad, y son desplazados a la velocidad de la luz, muchas veces sin llegar a profundizarse, porque de inmediato aparecen anuncios nuevos. Esta semana arrancó también con novedades, que según se informó oficialmente ya son analizadas para contemplarlas en el Presupuesto 2021, e incluyen la creación de una empresa provincial de agua y energía que unifique toda la distribución de agua potable y riego en el interior; la creación de un nuevo organismo que se haga cargo del manejo de los recursos humanos de toda la Administración Pública provincial, y la formación de una secretaría de Mujer, Género y Diversidad. El detalle es que al comunicarse estas ideas no se mencionó cifra alguna, cuando se sabe que el análisis del siguiente presupuesto se concentra siempre en la distribución de recursos económicos. Aquí se mencionaron cuestiones más vinculadas con el organigrama estatal que con los gastos, seguramente porque para hablar de números y porcentajes, se aguardará primero alguna definición nacional sobre los montos con que contará la provincia. 

Habíamos anticipado que la mudanza de funcionarios de Capital a Provincia no había concluido, y la semana que pasó se produjeron –aunque con menos repercusión- dos pases más: Emilio Carignano, que se desempeñaba como Director de Coordinación en la Secretaría de Gobierno de la comuna, y Fabiola Segura, que trabajó como Administradora de Inspección General en la Secretaría de Protección Ciudadana; se sumaron también a la planta de funcionarios del Estado provincial, con lo que suman ya siete las incorporaciones con iguales puertos de salida y llegada. Carignano y Segura, que se incorporarían al Ministerio de Seguridad, se agregan a Rafael Ponzo Florimonte, Stella Nieva, Gustavo Aguirre, Martín Miranda y Ángel Agüero. Toda una curiosidad en un distrito provincial que cuenta con 36 municipios, y sólo uno parece emerger como el gran semillero de funcionarios para la esquina de Sarmiento y República. Considerando que ya al asumir Raúl Jalil se llevó a varios capitalinos, la supremacía de los oriundos de esta ciudad en el equipo de Provincia es abrumadora. Como contrapartida, al intendente Gustavo Saadi le “quitaron” siete funcionarios en los primeros meses de su gestión, pero hasta aquí no se escuchó ninguna queja del jefe comunal, que rápidamente reordenó su gabinete con nuevos integrantes.

La Justicia lugareña, por razones de conocimiento público, sigue en el ojo de la tormenta, aunque esta se resista a humedecer las sedientas tierras catamarqueñas. Más allá de juicios políticos todavía no resueltos, renuncias por sospechas de coimas, la aparición de nuevos jueces o el cambio de método para elegirlos, también entre los empleados el humor no el mejor. Mucho más después que se conociera oficialmente que durante la pandemia se produjeron, a dedo, más de 70 nombramientos entre auxiliares, escribientes y funcionarios. La bronca viene, independiente de un duro pronunciamiento de ATE, porque no se dio lugar a viejos empleados que supieron rendir y tienen experiencia para cubrir las vacantes que se fueron produciendo. En esta dirección es que, hace pocos días, se conoció que una empleada de muchos años no tuvo ascenso alguno y concurrió al Inadi –conducido por Fernando Olivera- a plantear contra los miembros de la Corte de Justicia un evidente acto de discriminación combinado con los derechos de género.

RECUERDOS. Como lo hacemos habitualmente, en el último bloque rememoramos acontecimientos del pasado cercano.
El 3 de julio de 1995 se producían asunciones en el área de Educación. En el Salón de Acuerdos de Casa de Gobierno, el exministro Luis Varela Dalla Lasta tomaba juramento de ley a Silvina Acevedo (directora de Cultura), Liliana Medina de Jalile (Directora de Educación Media y Superior-DIEMS) y Julio César Álvarez (interventor del Consejo General de Educación)


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Comentarios

18/9/2020 | 10:39
#1
El gobernador debería explicarle a los catamarqueños donde pretende llevar a la provincia y cual es el derrotero que seguirá para conseguirlo. Hasta ahora solo se paso cambiando funcionarios y demostrando que su mirada no va mucho mas allá de la parasitaria administración publica, nada que nos lleve al crecimiento y menos aun al desarrollo.

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