Apuntes del Secretario

miércoles, 9 de septiembre de 2020 01:01
miércoles, 9 de septiembre de 2020 01:01

Como era previsible, el trigésimo aniversario del denominado Caso Morales motivó a medios de comunicación de todo el país a repasar los acontecimientos que tuvieron lugar en Catamarca desde fines de 1990, con las consecuencias y repercusiones que conocen hasta el hartazgo los comprovincianos. En ese contexto debe reconocerse que la versión oficial se impuso cómoda y tal vez definitivamente, y es probable que en la historia quede grabado el relato construido por quienes mayor responsabilidad tuvieron en la frustración de las investigaciones. La Catamarca pecaminosa e infernal, temerosa y sumisa, que se puso de pie a partir del crimen, para el surgimiento de un arco iris de libertad, resulta para la mayoría demasiado seductora como para molestarse en indagar un poco más. La utilización aleatoria de algunos de los elementos policiales, políticos, sociales y judiciales que rodearon el complejo proceso, permite al cabo que cada quien arme la reseña como más le guste. Planteado el suceso como un triunfo de débiles contra poderosos, es muy difícil que con el transcurrir de los años se modifique la versión más difundida, e incluso que se comprenda la delicada y enmarañada trama de los hechos tal cual sucedieron. 

Lo cierto es que año tras año se van añadiendo afirmaciones más descabelladas, teorías apoyadas en verdades parciales o directamente imaginadas y el trasfondo del drama impide profundizar cualquier cuestionamiento. Es así una posibilidad más concreta que nunca se conozca la verdad, no por el paso del tiempo o las dificultades que implica esa tarea, sino por una razón más sencilla: casi nadie tiene interés en buscarla. Los encubridores habrán logrado así su mayor triunfo: no sólo no esclarecieron el hecho, sino que convencieron al país de que esa desordenada puesta en escena fue en realidad el esclarecimiento. Una batalla perdida para la justicia, para la verdad, para la sociedad que se movilizó y para la memoria de esa jovencita a quien le arrebataron violentamente la vida, para convertirla luego en una herramienta multiuso de campaña. Es comprensible que adhieran a esas sensaciones quienes ignoran lo ocurrido y responden exclusivamente por las sensibles fibras que toca el caso; pero que figuras de la política local sigan presentando aquellas maniobras como un éxito de la justicia, es bastante parecido a la cumbre del cinismo.

A propósito del Caso Morales, el exdiputado Pablo Sánchez tuvo duras críticas para Rubén Manzi quien, como el legislador nacional, presentó un proyecto en memoria de María Soledad para declarar de interés un evento organizado por la ONG Red Infancia Robada. Sánchez, con pedido de publicación, escribió a El Esquiú para recordar la actuación de Manzi en los días calientes de 1990. Sigue el texto: “lo que me asombra no es tanto la hipocresía del diputado Manzi –eso no sorprende ya a nadie- sino su caradurismo. Intenta sacar provecho cuando se cumplen 30 años del espantoso crimen como si con eso pudiera borrar su historia de defecciones. Hace tres décadas, cuando honrar la memoria de María Soledad era un poco más peligroso que ahora, Manzi formaba parte de la estructura de encubrimiento que buscaba la impunidad de quienes llama, muy suelto de cuerpo, ‘los hijos del poder’. No participó de las Marchas del Silencio, no acompañó a las compañeras de MS, tampoco a Ada y Elías, menos a la Hermana Pelloni. Por el contrario. Se puso de lado de quienes desacreditaban aquellas dignas luchas enfrentándose a un aparato poderoso. Ahora que aquel poder no existe, ahora que no hay amenaza, quiere sacar chapa de héroe, valiente y solidario. Pero el pasado no puede borrarse. Dudo que alguien le crea. Pero si así ocurriera no podrá engañar a su propia conciencia, testigo tanto de su complicidad como de su cobardía”.

De las críticas al reconocimiento pasó el legislador lapaceño Víctor Luna, quien públicamente se quejó en más de una oportunidad por lo que calificó como “la cuarentena más larga del planeta” y ahora llama a la reflexión a sus comprovincianos al calcular que los números no cierran ante un eventual contagio masivo de coronavirus. “Tenemos 700 posibles casos, tenemos 120 camas en el Malbrán. Imaginemos que no tenemos lugar para llevar a nuestros enfermos, ¿qué haríamos?”, se preguntó el diputado con el temor lógico que impone la implacable aritmética y que lo llevó a dejar a un costado las feroces críticas que venía sosteniendo y que alcanzaron su máxima aspereza cuando se conoció la iniciativa de adquirir un avión sanitario. 

Luna y su cambio de postura coincidieron con un incidente personal que le tocó atravesar, ya que tuvo síntomas de coronavirus. Aunque afortunadamente el test le dio negativo, superó el cuadro y se encuentra bien, él mismo se ocupó de narrar la experiencia del aislamiento y las sensaciones con que se enfrenta esa situación. “Tuve síntomas, me detectaron en un control sanitario y me mandaron al Malbrán, donde estuve dos días aislado y me hicieron el hisopado. Agradezco a todo el andamiaje médico-sanitario que me atendió bien, no porque era el diputado Víctor Luna, sino porque era un habitante más de Catamarca”, declaró. Luna reconoció que fue muy bien tratado en el hospital inaugurado por Raúl Jalil este año para fortalecer el sistema de atención de salud, y contó su padecimiento ante la necesidad de ser trasladado a otro centro asistencial. Fue una situación incómoda porque al comprobarse que no padecía coronavirus no podía permanecer en el Malbrán, pero aparentemente por haber tenido síntomas compatibles tampoco lo querían recibir en otras clínicas. El propio gobernador Jalil intercedió para resolver la traumática situación, según lo hizo público el propio diputado, que en el itinerario tomó conciencia del panorama y reclamó que no se discrimine a enfermos ni sospechosos luego de haberlo sufrido en carne propia.

Mucho malestar generó el comportamiento del obispo Luis Urbanc, quien organizó la celebración de una misa en Valle Chico, a contramano de todas las restricciones y pedidos oficiales en tiempos de emergencia sanitaria. En coincidencia con el anuncio de fuertes multas y pese a que expresamente se prohibieron “eventos y/o reuniones sociales o familiares en espacios abiertos o cerrados y en los domicilios de las personas, en todos los casos y cualquiera sea el número de concurrentes, salvo el grupo conviviente”, Urbanc reunió a una multitud en el encuentro religioso, que fue ampliamente difundido y cuestionado en mensajes de redes sociales, que pedían equidad de criterio y de trato. Ocurre que cualquier ciudadano enfrenta severos problemas si se lo identifica en alguna fiesta o reunión, y sin embargo el obispo viene haciendo caso omiso, sistemáticamente, a las disposiciones de distanciamiento social y otras normas preventivas. Trascendió que esta actitud mereció más de un llamado telefónico de autoridades, que le solicitaron a Urbanc que sea más cuidadoso y no genere malestares mayores a los que ya existen, en una comunidad que vive bajo presión por las limitaciones, los problemas económicos y la incertidumbre del panorama general.

Mucho se habla del desgaste del poder, pero otros recuerdan la famosa frase de Giulio Andreotti, aquel periodista italiano que incursionó en el mundo político y se convirtió en una figura clave de la península durante cinco décadas, llegando a ser presidente del gabinete de ministros. Afirmaba don Giulio que “El poder desgasta… sobre todo al que no lo tiene” y la expresión bien podría aplicarse a figuras que hasta ayer nomás digitaban la marcha del país y hoy se derrumban ante la opinión pública. Mauricio Macri, retornado de una insulsa excursión por Francia y Suiza, la devaluada Elisa Carrió y la mediática exministra Patricia Bullrich, son elocuentes muestras de la abrupta caída que se padece no bien se abandona el poder. 

Las mismas figuras que protagonizaban cumbres para repartir candidaturas y administrar recursos de los cuales dependían millones de argentinos, hoy se esfuerzan por obtener algún titular rimbombante que los sostenga con vida al menos en las peleas internas, mientras crece la figura de Horacio Rodríguez Larreta como líder natural de la oposición. El jefe de gobierno porteño aprendió a hacer equilibro con guiños a su electorado de Capital Federal, sin romper jamás la compostura y el buen trato con Alberto Fernández. Su rol en plena pandemia recibió más elogios que críticas y de cara al año electoral que se viene, se lo ve mejor parado y con varios cuerpos de ventaja sobre sus anteriores jefes. Se trata de una realidad que los verdaderos políticos conocen a la perfección, más allá de que el ciudadano común presuma que es más cómodo opinar desde casa que enfrentar tamaña crisis como esta pandemia en pleno ejercicio de la función pública. Salvo escasísimas excepciones, desde la comodidad no se crece y estar en el candelero es el primer paso para mantenerse allí. Por esa misma razón, no sería extraño que muchas de las críticas y cuestionamientos que reciba Rodríguez Larreta en los próximos meses, sean motorizados por aspirantes de su propio sector más que por el propio oficialismo.

RECUERDOS. Como lo hacemos habitualmente, en el último bloque rememoramos acontecimientos del pasado cercano.
El doctor Juan Carlos Farías Taire era concejal en 1995 y había compartido la fórmula gubernamental con Ramón Saadi para las elecciones del 14 de mayo que ganó el Frente Cívico. El 29 de junio de aquel mismo año presentó su renuncia a la banca para acogerse a la jubilación y lo reemplazó en su puesto Jorge Correa Madina. Como presidente del bloque peronista lo hizo Jorge Bonaterra.

El Esquiú.com

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Comentarios

9/9/2020 | 07:33
#0
Manzi y Sanchez dos impresentables. Ambos lucraron con esto. Se armo una verdad única apoyada en los medios, una justicia adicta al gobierno radical y la utilización constante del tema. Penoso ver como mucha gente comparte publicaciones sin tener la menor idea del caso o minimamente tratar de utilizar un sentido critico sobre el tema. Comparten, dan me gusta, se rasgan las vestiduras, agregan detalles morbosos y mentirosos a cada relato. Ni saben como fue la cosa, ni si hubo alguna prueba -no la hubo- para condenar. Estamos viviendo la cultura del ¨yo se todo¨ pero en realidad repito porque no se nada pero a alguien tenemos que cancelar y linchar. Somos los justicieros de facebook. Espero algun dia se sepa la verdad, van a tener que pedir pérdon por tanto agravio y daño causado. Otros se harán los tontos porque cumplieron con el trabajo que los mandaron a hacer. La posverdad y los ignorantes señaladores y replicadores.
9/9/2020 | 03:16
#-1
Se ha visto el día de hoy como dirigentes mentían en redes sociales y llevaban a que otros (que ni conocen los pormenores, solo se indignan) replicaran esas publicaciones. Hay que felicitar al Fcys porque 30 años despues sigue perfeccionando el arte de la manipulación (con ayuda de los grandes medios). La nueva generacion tiene las mismas mañas, les falta ser socios de una dictadura militar para estar al nivel de sus maestros! destacar a la dipumaquilladora Herrera que vocifera pavadas y acusa a los demas de nepotismo (cararota!). Hay que decir que si no fuera sobrina del Sandía no podría pasar ni a 5 cuadras de la cámara porque carece de toda capacidad intelectual (un cero a la izquierda). Acto seguido vemos al borrachin y rompecuarentena Puente al que le encanta salir en los medios, más no sea para ensuciar gente y no decir nada inteligente (le viene de familia). Hay más ejemplos pero no tiene sentido extenderse en gente que no lo vale, basta decir que los viejos zorros frentistas pueden estar orgullosos de sus retoños. Son menos inteligentes pero igual de malignos.

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