Desde la bancada periodística

Un encuentro y mil conjeturas

sábado, 16 de octubre de 2021 01:29
sábado, 16 de octubre de 2021 01:29

La imagen política de la semana fue sin lugar a dudas el encuentro entre el presidente Alberto Fernández y el catamarqueño Luis Barrionuevo, quienes no sólo dialogaron, sino que difundieron la fotografía de su reunión, en un fuerte mensaje que abre la puerta a toda clase de especulaciones y lecturas políticas.

Formalmente, se sabe, el cónclave fue para firmar una serie de acuerdos y convenios tendientes a favorecer la recuperación del sector hotelero-gastronómico, uno de los más castigados por la pandemia y las restricciones del último año y medio.

Esta ayuda fue valorada por el villacubano, líder nacional de UTHGRA, y está en sintonía con otras medidas similares adoptadas desde Casa Rosada para acompañar a otros rubros de la producción y el trabajo.

Pero la gestión específica queda claramente en segundo plano por todo lo que implica el acercamiento formal de Barrionuevo a Fernández, toda vez que se trata de un actor político que jamás cedió un milímetro en su abierto y declarado enfrentamiento con el kirchnerismo.

Enemigo público

Luis Barrionuevo es el enemigo público número uno de Cristina Fernández de Kirchner, casi por encima del Grupo Clarín, porque el encono entre ambos es anterior al salvaje enfrentamiento con el grupo mediático-empresarial.

Cristina y Luis se detestan desde hace dos décadas, y mantienen una pulseada sin treguas, lógica si se observa que se trata de dos personalidades políticas fuertes y con mucho carácter.

“Cristina tendría que estar presa, es el demonio”, fue de lo más suave que declaró Luis en los últimos tiempos. Y mirando hacia atrás, se encuentran innumerables episodios de conflicto como único sustento de una relación que no supo de conciliaciones.

Barrionuevo, con sus luces y sombras, tiene algunos méritos incuestionables como dirigente. Desembarcó en el sindicalismo allá por los años ‘70, y es una de las figuras más longevas de la escena nacional, que en treinta años no ha perdido protagonismo.

Se podrán cuestionar sus formas, su verborragia deliberadamente provocativa y a veces chabacana, sus emblemáticos exabruptos y cuanto se desee apuntar. Pero el hombre sigue allí, y próximo a cumplir 80 años permanece como una figura de poder en el país.

De Cristina, no hace falta decir nada: dos veces presidenta de la Nación, es la política argentina de mayor peso en décadas. Supo mantenerse en pie tras la pérdida de Néstor, sobrevivió a la derrota del Frente Para la Victoria en 2015, soportó estoicamente una persecución mediática, política y judicial brutales en los cuatro años del macrismo; y fue la arquitecta genial del retorno al poder en 2019, con el diseño de un Frente de Todos que logró amalgamar al peronismo, con una fórmula en la que magistralmente se ubicó en segundo lugar.

Son, en resumen, verdaderos pesos pesados.

Origen de la disputa

Barrionuevo, de larga trayectoria en el sindicalismo, saltó al estrellato de la mano de Carlos Menem, de quien se declaró “recontraalcahuete”, luego de que el riojano le allanara el paso a la función pública y le agregara a su rol de gremialista un protagonismo político que ya no perdería.

El ascenso al poder de los Kirchner, por otra parte, se dio cuando el gran rival en la interna peronista de los “pingüinos” sureños, era un menemismo cuestionado y en decadencia, pero todavía con herramientas para pelear.

En esa disputa, Luis fue rival natural del kirchnerismo desde la primera hora. Y los sucesos siguientes profundizaron las diferencias hasta puntos sin retorno.

Un hecho clave fue el lanzamiento de Barrionuevo como candidato a gobernador de Catamarca en 2003, cuando concluía aquí el mandato de Oscar Castillo.

El Frente Cívico y Social, al notificarse de que Luis marchaba primero en las encuestas de intención de voto, lo proscribió con el argumento de que no tenía la residencia mínima exigida por ley. Una auténtica artimaña legal, ya que Luis es catamarqueño de nacimiento.

Pero la prohibición, apoyada en el tecnicismo más que en la esencia de la norma, prosperó. Fue así que el día de la elección se desató un escándalo, incluyendo la famosa quema de urnas que llevó a suspender el comicio.

Todo el proceso estuvo embarrado desde el día uno, pero fue Barrionuevo quien cargó con las culpas.

En marzo de 2003, la oposición pidió la expulsión del senador Luis Barrionuevo, por su responsabilidad en los frustrados comicios catamarqueños.

En esa oportunidad, la senadora Diana Conti advirtió que el tema no podía quedar en simples expresiones de repudio del Cuerpo, sino que el mismo debía “votar el desafuero de Barrionuevo”, quien era acusado de haber mandado a quemar urnas.

La Comisión de Asuntos Constitucionales de la Cámara alta, que presidía justamente Cristina Fernández de Kirchner -quien aún no se había convertido en primera dama- terminó emitiendo un dictamen en el que recomendaba excluir del cuerpo a Barrionuevo bajo el cargo de “inhabilidad moral”.

Sin embargo, al promediar la noche del 27 de marzo de 2003 el peronismo terminó salvándolo, aunque votó dividido, ya que ocho senadores del PJ votaron junto a la oposición y los provinciales para no expulsarlo.

Irreconciliables

Los votos en ese sentido fueron 37, diez más que los que optaron por salvarlo, pero seis menos que los necesarios para los dos tercios que hubieran dejado al gastronómico fuera del Senado.

“Se perdió una oportunidad muy grande. Si el Senado anterior es recordado como el de la Banelco y el de Cantarero, éste será recordado como el del escándalo Barrionuevo. Vi a muchos senadores que le temen, otros que privilegiaron el espíritu del cuerpo; en mi caso, no le tengo miedo. Lo más grave de la decisión de mis pares es que Luis Barrionuevo se llevó puesto el Senado. Sucede que en Argentina hay una corporación política y ese es el drama central de esta democracia”, se quejó Cristina Kirchner.

Un mes después del escándalo, Cristina vino a Catamarca para un acto político -era senadora y Néstor recién se postulaba como candidato presidencial-, cuando militantes barrionuevistas la atacaron a huevazos frente a la hoy demolida sede de la Sociedad Española.

Siguieron 12 años de presidencias kirchneristas, y Barrionuevo nunca se acercó. Aunque compartían su origen peronista, en los hechos Luis fue un opositor más.

Atacó también a Lucía Corpacci cuando asumió con las banderas kirchneristas en Catamarca, aunque con ella sí hubo gestos compartidos y se pulieron asperezas hasta llegar a construir una relación respetuosa.

Con Cristina, en cambio, no hubo marcha atrás.

El presente

El oficialismo nacional de Fernández-Fernández quedó golpeado con el resultado de las PASO, y debe fortalecerse contrarreloj de cara a noviembre, y sobre todo mirando al 2023.

En el plan inmediato, busca apoyarse en gobernadores, intendentes y sindicalistas, la base histórica del peronismo. Una posibilidad es, por ende, que el acercamiento de Alberto con Barrionuevo se haya dado en ese contexto, en cuyo caso pudo haber tenido el aval de Cristina, aunque ella no aparezca en la foto.

La segunda opción es que la reunión se haya resuelto en el marco de la disputa interna de Casa Rosada, entre kirchneristas y no kirchneristas. De ser así, sería un acto de rebeldía de Alberto, equivalente a declarar la guerra a quien es su vicepresidenta en los papeles y su jefa política en los hechos.

Cualquiera de las opciones, confirma que la imagen tiene una relevancia política muy superior a los convenios que se rubricaron.

El Esquiú.com

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Comentarios

16/10/2021 | 14:11
#1
Seguramente Cristina no puede dormir por las noches pensando en el encono que el mafioso siente por ella.
16/10/2021 | 10:09
#0
no contra el kirchnerismo. Es más su esposa, votó a favor varias veces en proyectos de lo que en esta nota denominan kirchnerismo. Y debo RECONTRA ACLARAR ALGO. Ustedes tal vez no se dieron cuenta, pero las urnas eran las de cartón de la interna del PJ. Y se quemaron luego que se apagara el fuego de los neumáticos que habían traído militantes con cierto peso y no hablo de obesos. Lo mismo en el acto en Avda. Güemes: le alcanzaron una urna de esas del PJ. Y es cierto de la bronca porque CFK hizo campaña para que lo expulsaran. Además, CFK sabiendo que en el Caso María Soledad era una jugada política de Menem, celoso por Menem Presidente, Ramón Conducción y el despliegue de su grupo en todo el país, lo mismo votó a favor de la Intervención Federal. Es decir ve la paja en el ojo ajeno...no en el propio.

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