Desde la bancada periodística

Dios está en todas partes…

sábado, 9 de octubre de 2021 01:37

Sin pretensiones de revisionismo y apenas tomando elementos objetivos para su análisis, puede afirmarse que la preponderancia del puerto en la conducción de los destinos del país se mantiene inalterable desde hace dos siglos.

Podrá señalarse que vivimos en un Estado federal, podrá disertarse sobre las autonomías provinciales y muchos etcétera, pero lo cierto es que el ejercicio del poder real demuestra que Argentina sigue teniendo un eje que pasa bastante lejos de estos pagos norteños.

La observación surge a propósito de las especulaciones políticas cuando restan dos años para la elección presidencial, y se advierte que la mayoría de los medios de alcance nacional ya señalan de manera unánime que Horacio Rodríguez Larreta es quien se perfila como el más fuerte precandidato de la oposición para llegar al sillón de Rivadavia.

 Rodríguez Larreta es, por cierto, el jefe de Gobierno porteño, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, cargo que a los ojos de los principales analistas parece ser la antesala natural de la Presidencia.

Al margen de la valoración que pueda hacerse de Rodríguez Larreta y su gestión, que no es el interés de esta columna, se desprende de esa postura una realidad más profunda, que conviene desmenuzar.

Supremacía

La Jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, es la forma de gobierno adoptada por el Poder Ejecutivo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires recién desde el año 1996, luego de la declaración de autonomía de esa ciudad, capital de la República Argentina.

Hasta entonces, CABA era considerada territorio federal y no elegía a su conductor.

Ahora, bien, desde que hay elecciones en CABA, pasaron seis jefes de Gobierno. Dos de ellos fueron casi interinos y permanecieron un puñado de meses (Enrique Olivera y Jorge Telerman), pero todos los demás fueron considerados de inmediato “presidenciables”.

Fernando De la Rúa y Mauricio Macri efectivamente llegaron a ser presidentes sin escalas luego de pasar por la ciudad. Aníbal Ibarra marchaba en ese rumbo cuando su carrera política se derrumbó por completo con la tragedia de Cromañón (incendio en un local bailable que causó la muerte a cerca de 200 personas). Y sólo queda Rodríguez Larreta, a quien se señala como fuerte competidor por la presidencia para 2023.

Es demasiada incidencia de un distrito en los destinos de la Nación como para considerarla casual.

El interior

Si analizamos en forma inversa, tomando un espectro mucho más amplio, la teoría se confirma.

De los últimos cien años de historia nacional, todo un siglo, sólo dos gobernadores del interior del país fueron electos presidentes.

Dos en cien años: cuando hay más de 20 provincias que tuvieron en ese período cientos de gobernadores.

Llegaron a Casa Rosada por el voto popular apenas Carlos Menem (La Rioja) y Néstor Kirchner (Santa Cruz). No hubo más.

En un esfuerzo descomunal por inclinar la balanza se podría mencionar a Eduardo Duhalde (Buenos Aires) y Adolfo Rodríguez Saá (San Luis), que también fueron presidentes, pero ellos accedieron al cargo en medio de la crisis de 2001, sólo por decisión de la Asamblea Legislativa: fueron casi interinatos.

Otro débil antecedente lo podría representar nuestro comprovinciano Ramón S. Castillo, que antes de ser presidente ejerció algún tiempo como gobernador de facto de Tucumán.

Los tres últimos casos no pueden contabilizarse por las irregularidades señaladas, pero aun cuando se los incluyera, alcanzarían los dedos de una mano para contar a los líderes del interior que llegaron a Casa Rosada.

En concreto son dos gobernadores del interior en un siglo, la misma cantidad de presidentes que consagró la Capital Federal en los últimos años, desde que elige a su jefe.

La inequidad plasmada con el indiscutible peso de la aritmética.

Población

Se podría atribuir ligeramente esa incidencia a la cantidad de población: queda claro que Capital Federal supera por margen muy amplio la cantidad de habitantes (y por ende electores) con que cuentan Catamarca, Formosa o Tierra del Fuego.

Pero ese argumento no es válido: de hecho, el mayor distrito electoral del país es -por lejos- la Provincia de Buenos Aires. Y nunca un gobernador bonaerense llegó luego a la Presidencia.

Pueden hacerse dos salvedades, la ya citada de Eduardo Duhalde (llegó por la Asamblea) y Bartolomé Mitre, que sí ejerció ambos cargos pero asumió en Casa Rosada en 1862, mucho antes de que entrara en vigencia la Ley Sáenz Peña. El primer presidente argentino elegido por medio del sufragio secreto y obligatorio sería Hipólito Yrigoyen, allá por 1916.

También es justo reconocer que la estabilidad institucional no emerge como característica saliente en nuestro país: del total de 54 mandatarios que gobernaron desde 1854 hasta el presente, 36 fueron constitucionales y 17 de facto. Allí se mezclan muchos militares sin antecedentes en la función pública, hecho que quizás resta peso al interior en la sumatoria final. Pero es la realidad nacional tal cual se presentó.

Si de cantidad de votantes se habla, Capital Federal tiene poco más de 2,5 millones, abismalmente por debajo de los 12,7 millones que tiene Buenos Aires, e incluso por debajo de otros distritos como Córdoba (2,9 millones) o Santa Fe (2,7 millones).

La verdadera razón

Si un poderoso empresario local o de otra provincia norteña decidiera inmiscuirse en política y llegara a la gobernación, aun cuando llevara adelante una buena gestión, no sería contemplado con seriedad para dar el salto automático a Casa Rosada.

Macri hizo exactamente eso, con una diferencia: no gobernó una provincia sino CABA.

La verdadera razón no pasa por las cualidades de administración, virtudes o caudal electoral cautivo, sino porque Capital Federal concentró históricamente -y lo sigue haciendo- todo el poder político, económico y financiero del país.

Por eso es natural que la mirada de los poderes mediáticos, también concentrados allí, valoren siempre de manera especial, diferencial y positiva a sus propios líderes, en desmedro del resto del país; menospreciados casi siempre como meros actores de reparto en la escena nacional.

La gran falla

Sería tan estúpido como necio negar la importancia y relevancia de un distrito como CABA. La fortaleza y preponderancia de la Capital Federal en la historia nacional es tan clara que no necesita ser fundamentada.

Pero la gran falla pasa por considerar que alguien que gobierna allí por lógica está capacitado para gobernar todo el país.

La realidad del interior profundo es tan diferente a la realidad de los porteños que, quien no conozca la idiosincrasia, las necesidades, urgencias, fortalezas y debilidades de las provincias más postergadas; difícilmente acierte luego a resolver sus problemas, aun cuando tuviera las mejores intenciones de hacerlo.

Lo llamativo es que un país con 205 años de independencia, no haya logrado todavía despejar estas cuestiones básicas, y siga inmerso en las mismas disputas desde hace dos siglos.

La solución no llegará desde el interior ni desde el puerto, sino con el presidente que -venga de donde venga- decida llevar adelante una gestión genuinamente federal, algo que hasta aquí nunca sucedió.

El Esquiú.com

66%
Satisfacción
0%
Esperanza
0%
Bronca
11%
Tristeza
0%
Incertidumbre
22%
Indiferencia

Comentarios

11/10/2021 | 01:48
#0
A Menem lo apoyaba todo el NORTE, a De la Rúa- RECONTRA CORODOBES y con primos hermanos santiagueños- lo lo apoyaba MENEM...para embromarlo a Duhalde, el SUCESOR CASI OBLIGADO. Y Macri vino para terminar con el Kirchnerismo, como vino Lucía para terminar con la eternización de Brizuela del Moral. Dependiendo de la economía, el 2023 puede tener a Rodríguez Larreta o a MILEI o ESPERT como contendientes. Milei obtuvo MENOS VOTOS QUE ESPERT. Pero ESTO NO ES LINEAL. Zamora les va a pelear a todos los candidatos y tiene como aval casi 400.000 votos propios. Si se le suma Jalil, el tucumano, Salta, Chaco y Corrientes...se puede llevar la grande.
11/10/2021 | 01:47
#-1
que fue gobernador de Córdoba, vice Presidente y luego Presidente de la Nación. Y les faltó Nicolás Avellaneda, que si bien no fue Gobernador, su padre fue Gobernador de Tucumán y su abuelo fue Gobernador de Catamarca. Uno debiera preguntarse: ¿quieren los Gobernadores del Interior ser Presidentes de la Nación? Pilo Bordón fu Gobernador de Mendoza y vice Presidente, renunciando en la primera de cambio. Igual Julio Cobos, ex gobernador de Mendoza, fue Vice y luego se peleó con la Presidenta lo que lo alejó de sucederla. No creo que sea sencillo llegar sin apoyo de los votantes -verdad de perogrullo- por lo cual siempre se elige un Presidente CON VOTOS.

Otras Noticias