Desde la bancada periodistíca

Sobre el regreso del Ejército

sábado, 6 de marzo de 2021 01:10
sábado, 6 de marzo de 2021 01:10

Gana fuerza, día tras día, la posibilidad de que el Ejército Argentino regrese a Catamarca luego de casi un cuarto de siglo.

El Gobernador Raúl Jalil ofreció varias señales públicas de su interés por volver a contar con representación de la fuerza en territorio catamarqueño, idea que se potenció definitivamente luego de la reunión que mantuvo a comienzos de año con Agustín Cejas, jefe de la institución.

En los últimos días el mandatario avanzó varios pasos más hacia ese objetivo, y hasta reveló que estaría dispuesto a ceder unas 30 hectáreas para que Catamarca vuelva a contar con una base militar.

La iniciativa generó, como suele suceder, posturas encontradas.

La sola mención del Ejército, la simple presencia de un uniforme militar, es suficiente para despertar los más variados sentimientos, tanto a favor como en contra.

Lo curioso es que los amores y odios que perduran, sobre todo en la franja etárea que se ubica por encima de los 40 años, tienen su razón de ser en experiencias, vivencias y acontecimientos que casi no guardan relación con el presente.

El Ejército mantuvo una relación traumática con la ciudadanía argentina, con algunos mojones ineludibles en el siglo pasado, que pulverizaron la idealización histórica de la fuerza.

Para nuestros ancestros, los militares eran sinónimo de valor, de rectitud, de honor, virtudes emblemáticas que aparecían reflejadas en la nobleza de los máximos próceres nacionales, como José de San Martín o Manuel Belgrano.

Mentes brillantes como la del escritor Jorge Luis Borges, no concebían otra imagen de los militares que aquella representación de la disciplina heroica, y la fuerza protectora de toda una nación.

El Siglo XX modificó esa percepción social hasta deformarla por completo, esencialmente por tres episodios de altísimo impacto histórico.

El Proceso de Reorganización Nacional, la Guerra de Malvinas y el asesinato del soldado Omar Carrasco, desdibujaron al Ejército más que cualquier otro incidente, incluyendo otros golpes de Estado, el bombardeo a Plaza de Mayo en el ‘55, el conflicto con Chile o las peleas internas entre Azules y Colorados de la década del ‘60.

Desencanto lógico

Es comprensible que la población argentina haya perdido la confianza en la fuerza. La cruenta dictadura sufrida entre 1976 y 1983, cuando bajo el argumento de combatir la subversión los militares ejercieron un verdadero terrorismo de Estado -y al mismo tiempo saquearon y endeudaron el país a niveles inéditos-, no es una herida que cicatrice fácilmente.

Se suma a esa intervención-bisagra en la vida institucional del país, la dolorosa caída en la Guerra de Malvinas de 1982, una aventura bélica por razones justas pero claramente irracional contra las principales potencias del mundo, que pagaron con su sangre y su vida soldados rasos sin armas ni preparación adecuadas.

Pero el quiebre final llegaría con el crimen de Omar Carrasco, un simple conscripto abusado y torturado por sus superiores hasta perder la vida, cuando apenas tenía 20 años.

Ese asesinato de 1994 derivó en la eliminación del Servicio Militar Obligatorio, y dejó para siempre a todas las fuerzas armadas en un discreto segundo plano de la vida del país.

La posterior revelación de aberrantes violaciones a los derechos humanos y algunos intentos de alzamiento militar en los ‘90, profundizaron el quiebre, y Catamarca no fue la excepción.

La mayoría de los argentinos relacionan al Ejército inmediatamente con aquellos episodios negativos, y las nuevas generaciones de militares no encontraron oportunidad de reivindicarse corporativamente ni de cambiar la imagen imperante.

En Catamarca

El Regimiento del Ejército Argentino en estas tierras se creó en 1907, pero fue seis décadas después, en 1969, cuando el destacamento local se transformó en el Regimiento de Infantería Aerotransportado 17, dependiendo de la IV Brigada de Infantería Aerotransportada.

Ya en 1985 se convirtió en el Regimiento de Infantería Motorizado 17, pasando a la órbita de la V Brigada Motorizada. Al margen de esa guarnición, el distrito local contaba con oficinas administrativas en calle Rojas (entre Maipú y Junín, una casona luego abandonada).

Y fueron esos ámbitos donde miles de comprovincianos cumplieron con el Servicio Militar Obligatorio.

El Regimiento local tuvo dos intervenciones fuertes, una en 1974 en Capilla del Rosario, que terminó con el fusilamiento de 13 personas a quienes se identificó como integrantes del ERP y se acusó de atacar las instalaciones para intentar llevarse armas.

La segunda fue en la Guerra de Malvinas de 1982, donde el Regimiento aportó soldados y suboficiales.

El Regimiento se disolvió en 1997 y el predio fue ocupado por dependencias oficiales como Centro Administrativo del Poder Ejecutivo (CAPE), al que luego se le sumaron más pabellones.

Luces y sombras

La creación de una nueva guarnición, ya en otro sitio, definitivamente está avanzando. Respetando todas las opiniones, a la hora de sopesar posibles beneficios y perjuicios, no surgen elementos reales para oponerse al retorno del Ejército.

Se trata, con sus luces y sombras, de una institución clave en la República Argentina, y como tal no puede estar ausente en el territorio catamarqueño.

Lejos de quienes añoran la presencia militar como un factor de “mano dura” para encaminar hacia el orden, el Ejército tiene otro rol específico que puede aportar mucho a la provincia.

Las Fuerzas Armadas están hoy plenamente integradas al sistema democrático, y muchos de sus hombres y mujeres tienen que pagar platos rotos de épocas ajenas, por atropellos que tuvieron lugar hace 30 ó 40 años, cuando la mayoría de los militares actuales no habían nacido.

Una base del Ejército en Catamarca puede ser también una fuente laboral y de formación profesional, hasta integrarse positivamente a la comunidad, como lo hace hoy la agrupación local de Gendarmería Nacional, que además de cumplir su función específica, ha colaborado con Catamarca en cada situación especial que se presentó.

La iniciativa de Raúl Jalil no es descabellada, y el retorno del Ejército puede ser positivo para los catamarqueños.

Luego se definirá si el desembarco es acompañado por alguna modalidad de servicio militar, que claramente no sería de la manera compulsiva en que se conoció.

Pero la oportunidad de formación, quizás voluntaria y con un sueldo, podría abrir nuevos horizontes y oportunidades para muchos jóvenes a quienes no les sobran las posibilidades de desarrollo profesional.

En todo caso, ya con la puerta abierta al regreso, será momento de dar esos nuevos debates.

El Esquiú.com

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Comentarios

7/3/2021 | 10:00
#1
Estoy de acuerdo con su refundacion, como una institucion educativa especialmente, pero importante para brindar un conetexto integral el rescate de jovenes que no cuentan con posibilidades economicas, sociales o distancia de toda la provincia.
6/3/2021 | 08:43
#0
APLAUDO Y ACOMPAÑO LA INICIATIVA

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