Desde la bancada periodística

Un peligroso juego autodestructivo

sábado, 18 de septiembre de 2021 01:57
sábado, 18 de septiembre de 2021 01:57

Un presidente virtualmente en jaque, que cae inesperadamente en las primarias y se encuentra con un escenario muy desfavorable de cara a la elección general.

No es una situación frecuente, y por eso llama la atención que se presente con apenas dos años de diferencia, en el mismo país y con los mismos protagonistas; pero en roles invertidos.

En 2019 era Mauricio Macri quien sufría y Alberto Fernández quien gozaba por la comodidad del resultado preliminar.

Ahora es Alberto Fernández quien sufre, y Mauricio Macri -desde un rol más secundario- quien se siente reivindicado por los números de las PASO.

No se enoje el lector: claramente entendemos las diferencias, que son abrumadoras. Aquella era una elección presidencial que determinaba un cambio de mando en el ejercicio del poder y la conducción del país, la actual es simplemente una consulta intermedia que desembocará apenas en una renovación legislativa parcial.

Pero sirve la singular situación para evaluar la extrema volatilidad de la vida institucional argentina, que así como supo afianzar el sistema democrático -marchamos afortunadamente hacia los 40 años sin interrupciones- adolece todavía de estabilidad política.

En este juego que las fuerzas mayoritarias impusieron, anteponiendo el odio al debate de ideas, la sociedad entera fue empujada a un extremo de intolerancia tal que, de las últimas cuatro elecciones, tres concluyeron con triunfos opositores. Todo un dato, toda una señal del famoso humor social que cada día resulta un poco más difícil de recomponer.

Cada quien tendrá sus explicaciones según se las dicte su corazón partidario.

Podrán argumentar los peronistas que Macri llegó a la encrucijada como consecuencia de sus propios errores y mentiras, dilapidando el capital que había reunido entre 2015 y 2017. Podrán alegar que Alberto debutó con una cruel pandemia que arrasó a nivel mundial, y cualesquiera hayan sido sus planes originales, debió tirarlos por la borda para timonear la crisis.

Para el caso es igual: la esencia es que el electorado se creó una expectativa, se sintió defraudado y lo expresó en las urnas. En el voto no se meritúan diferentes niveles de responsabilidad o culpabilidad: es un rechazo a secas.

Los números dan forma a un fallo inapelable, la expresión lisa y llana del sentir y el pensar de una ciudadanía vapuleada en su calidad de vida y coartada en sus posibilidades de crecimiento y desarrollo.

                                                                                                                                                                                

Reacciones diferentes

Macri asimiló muy mal su derrota en las PASO de 2019, y reaccionó directamente en forma violenta.

“Si yo me enojo les puedo hacer mucho daño”, fue su insólito mensaje del día después.

“El día lunes, ante un resultado adverso al gobierno y favorable al kirchnerismo, lamentablemente hoy hemos tenido un día muy malo, un día muy malo. Hoy estamos más pobres que antes de las PASO”, expresó para atribuir la corrida del dólar y la suba de los índices económicos negativos al resultado electoral que no le fue favorable.

“Hoy nos ha pegado un impacto muy fuerte esto, con toda la revuelta que eso tiene. Hoy el dólar volvió a subir con todas las consecuencias que eso tiene. Todos lo sabemos”, se explayó.

Luego llegó el momento de la autocrítica, pero no hacia su gobierno, sino hacia el Frente de Todos, a quien llamándolo “kirchnerismo”, le pidió durante la conferencia de prensa que haga una introspección, a pesar de haber sido el espacio más votado.

“Entonces debería hacer una autocrítica el kirchnerismo y tratar de resolverlo, de construir esa credibilidad que hoy no tiene. El viernes estábamos en una situación en donde el dólar bajaba, las empresas argentinas mejoraban, la financiación aumentaba, y se consolidaba el proceso de baja de la inflación y de crecimiento de la economía. Y a partir de este resultado electoral desfavorable al gobierno y favorable al kirchnerismo se da vuelta todo”, agregó Macri en su inexplicable análisis.

Después cambió de postura, hasta se disculpó, y salió a recorrer el país para construir una remontada que no le alcanzó, pero rozó la hazaña.

Alberto Fernández, en cambio, consumada la derrota agachó la cabeza y reconoció errores. Aseguró que “nada hay más importante que escuchar” a la ciudadanía, al tiempo que subrayó que “cuando el pueblo se expresa, acatamos”.

“Todos los que estamos aquí le damos importancia a la democracia y no hay nada más importante que escuchar al pueblo, y cuando se expresa es un dato que tomamos muy en serio, muy en cuenta, y acatamos”.

Para el mandatario, “esta gran encuesta que son las PASO” es “un dato” que el Gobierno va a “considerar” y, a partir de esa reflexión, indicó: “A partir de mañana vamos a trabajar denodadamente para que a la hora de la elección central en noviembre los argentinos y argentinas nos acompañen, porque seguimos convencidos de que estamos ante dos modelos de país, el que a todos incluye y el que a millones deja de lado”.

Fernández arengó que “la campaña acaba de empezar y en noviembre hay que ganarla”, ya que el Frente de Todos tiene “un compromiso con el país”, al tiempo que asumió: “Hay errores que hemos cometido y que no debimos haber cometido”.

“De los errores aprendemos. Hay una demanda y a partir de mañana vamos a prestarle atención y resolver el problema que la gente nos plantea”, completó el jefe de Estado.

Vueltas en círculo

Lo concreto es que estamos inmersos como país en un recorrido circular inconducente, un círculo vicioso y autodestructivo.

Millones de argentinos celebraron en 2015 la caída de su odiado kirchnerismo, otros millones celebraron en 2019 la caída de su odiado macrismo, vuelven los primeros ahora a celebrar la derrota peronista.

Se avecinan nuevos capítulos de la misma historia, y es indiferente el lado hacia el cual se incline la balanza: está a la vista que por este camino no vamos a ningún lado.

No avanzaremos si no salimos de ese lugar, donde el propósito central es destruir, denigrar, exponer la mayor cantidad de miserias ajenas, tantas como resulten necesarias para aniquilar al adversario.

No hay propuestas, no hay voluntad de construcción, la discusión política desapareció, el regocijo está en provocar el derrumbe de la fuerza diferente.

Es un hecho que la propia clase dirigente no sabe ya cómo salir de este laberinto, y lo grave es que dentro permanecen 45 millones de argentinos, con su presente y futuro cautivo de una guerra irracional.

El Esquiú.com

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Comentarios

20/9/2021 | 11:00
#1
El problema está en la decadencia de la casta de políticos que nos gobierna desde hace mas de 20 años, que solo los mueve su insaciable hambre de poder y los negociados para estafar al pueblo argentino cada día mas pobre mientras ellos disfrutan de sus riquezas mal habidas. Hasta que no se produzca una renovación generacional, que sea mas sana y que acuerden por lo menos 5 políticas de estado, que sean respetadas por todos no tenemos futuro y vamos a seguir haciéndole el caldo gordo a estos corruptos o a los anteriores.
19/9/2021 | 18:26
#0
he leido de la gran deuda publica que tiene argentina,creo que el camino a recorrer es mejorar ,educar la productividad de los trabajadores y empresas,porque si la economia no crece,obvio,no hay dividendos reales para repartir

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