Desde la bancada periodística

Estafas y burbujas financieras: siempre habrá lugar para una más

sábado, 14 de mayo de 2022 01:30
sábado, 14 de mayo de 2022 01:30

El escándalo que se vive en Catamarca con la simultánea caída de una multitud de empresas financieras, es un fenómeno sin precedentes en esta tierra, al menos en cuanto a la magnitud del episodio que se encuentra en pleno desarrollo, con causas judiciales, detenciones, indagatorias, protestas y denuncias que se multiplican a diario.

Miles de catamarqueños son hoy víctimas de la incertidumbre y la angustia, porque no saben qué sucederá con su dinero. Para ellos, el sueño se transformó en pesadilla, y pasaron sin escalas de la oportunidad de acceder a ganancias fabulosas al temor de perder todo lo invertido e incluso quedar terriblemente endeudados.

En retrospectiva, y sobre todo ante la enorme proporción que adquirió este fenómeno, algunos se preguntan cómo fue posible que tantas personas consideraran viable y sostenible un mecanismo de inversión que, a cambio de nada, ofrecía réditos de hasta el 20 por ciento mensual en dólares.

La lógica más elemental indica que es materialmente imposible que un nivel de ganancias lindante con el delirio funcione, pero allí fueron miles de personas esperanzadas. Unas por necesidad, otras por ambición, pero fueron.

Y la respuesta es que esta clase de experiencias abundan a lo largo de la historia, por lo tanto se puede tener la certeza de que volverá a suceder apenas se presente una nueva oportunidad, porque la historia es cíclica y, con distintas formas y colores, estos acontecimientos se repiten una y otra vez alrededor del mundo.

Estafas y burbujas

Son muy similares en su desarrollo e idénticas en su desenlace, pero diferentes en esencia. Las estafas financieras responden a una idea premeditada e impulsada con el fin específico de obtener una ganancia ilegítima. Las burbujas, en cambio, se forman a veces como fenómeno económico-social de manera involuntaria. Al cabo, unas y otras dejan el tendal de corazones heridos y bolsillos vacíos: la catástrofe.

El viaje de la ilusión al caos se reitera desde el Siglo XVII hasta nuestros días.

La primera que se recuerda es la crisis de los tulipanes en Holanda. Era una flor tan codiciada que su valor aumentó sin cesar, y dejaba tales ganancias que comenzaron a negociarse las flores antes de que crecieran, para asegurarse ganancias posteriores. Cada vez se pagaba más y más por flores que no habían nacido, porque la venta futura garantizaba beneficios extraordinarios.

El precio de la flor llegó a niveles tan desorbitados que la gente comenzó a vender sus casas para conseguirlos.

Fue hasta que un día había tantos vendedores que no hubo más compradores, y el precio se desplomó: de un segundo a otro, la economía holandesa se fue a la quiebra.

Volvió a suceder un siglo después con la Compañía de los Mares del Sur. Inglaterra tenía el monopolio del comercio con las colonias españolas en América Latina. Esta empresa estableció su primera ruta comercial y comenzó a propagar rumores sobre las maravillas de sus expediciones comerciales que no eran ciertos.

El valor de sus acciones se disparó, pasando de 128 libras esterlinas a 1.000 libras esterlinas en apenas siete meses. Todos querían tener títulos de la empresa, que incluso comenzó a prestar dinero para que otros compraran sus propias acciones.

Todo se hundió cuando llegó la hora de pagar, porque nadie tenía dinero: sólo deudas adquiridas por futuras ganancias que jamás llegaron.

En la lista puede anotarse el crack de 1929, la mayor caída en la historia de Wall Street. Fue precedida por un auge especulativo que surgió durante los años 20 y que llevó a miles de personas a invertir en el mercado bursátil.

Como siempre, muchos se endeudaron para adquirir más acciones, pero el dinero fácil se esfumó sin que nadie lo viera. Quebraron bancos, cerraron empresas y cientos de miles de personas quedaron en la ruina.

Mucho más cerca, se repitió el fenómeno con el auge de internet a fines de los años 90. Las empresas “punto com” cotizaban maravillosamente, cuando el valor de algunas firmas tecnológicas llegó a niveles astronómicos pese a que no tenían ingresos reales.

Varios emprendedores se hicieron millonarios, y los inversionistas corrieron a adquirir más y más títulos que supuestamente seguirían incrementando su valor. Las empresas fueron valuadas en miles de millones de dólares, siempre imaginarios, lo que llevó a la caída abrupta de precios y a la ruina de los inversores.

Volvió a pasar en 2008 en el mercado inmobiliario, con las llamadas hipotecas tóxicas o “subprime”, créditos con altos intereses que entregaban los bancos estadounidenses a personas que no tenían la solvencia económica para asumir esas deudas. Las entidades agruparon varios de estos créditos dudosos en productos financieros poco claros que luego se revendían varias veces en los mercados financieros.

La burbuja estalló cuando los deudores de los créditos no pudieron pagar y los precios de las viviendas se hundieron, al tiempo que millones de personas perdieron sus casas.

Catamarca y los Bitcoin

Lo que sucede ahora en Catamarca es similar. No se determinó todavía si es una estafa piramidal o una debacle financiera. Pero en teoría, todo arrancó con la propuesta de invertir en Bitcoins, la criptomoneda más famosa. Algo sin sentido desde el inicio, porque si el Bitcoin y su valor fluctúan permanentemente, mal podría asegurar una renta fija. Sin ir más lejos, había llegado a costar 62.000 dólares la unidad y para esta época se esperaba que llegara a los 100.000 dólares, pero cayó a 29.000.

No había seguridad posible, eso sin considerar que en realidad las financieras hayan actuado simplemente como Carlo Ponzi, pagando a los primeros con los depósitos de los últimos, en cuyo caso todo sería una vil mentira y el engaño más grotesco.

¿Por qué creer?

Hay muchos factores psicológicos que conducen a la formación de una burbuja, y muchas teorías se basan también en comportamientos humanos:

Mentalidad de rebaño- Como humanos, siempre queremos seguir a la multitud, especialmente si esperamos un resultado positivo.

Pensamiento a corto plazo- Todos los demás aspectos quedan excluidos mientras el inversor piense que puede “vencer al mercado”.

Sesgo retrospectivo- Los inversores suelen justificar sus decisiones basándose en uno o dos ejemplos de éxito, mientras que se presta poca atención a las inversiones fallidas.

Sesgo de confirmación y disonancia cognitiva- Los seres humanos tienden a escuchar sólo lo que quieren oír. Por lo tanto, nos rodeamos de opiniones, personas y publicaciones que nos validan a nosotros mismos y a nuestras elecciones.

Exceso de confianza y “superioridad ilusoria”- Cuando ganamos, es por talento y cuando perdemos, por mala suerte. Este fenómeno se llama superioridad ilusoria y se produce cuando las personas tienen éxito en un determinado tema. Cuanto más éxito tienen, más lo atribuyen a su propio talento y desestiman todo lo demás como simple mala suerte.

Miedo a perderse- El miedo a perderse algo que podría mejorar la vida es un gran motor de los primeros inversores. Escuchan historias y no quieren quedar afuera.

Por lo general, las burbujas sólo pueden observarse después de que se producen, ya que no siempre hay signos claros visibles de ellas. Pero hay pruebas sólidas de que casi todas las burbujas pasan por las mismas etapas.

El desplazamiento se produce cuando los inversores creen que se produce un nuevo paradigma económico.

El boom, cuando un gran número de nuevos participantes entran en el mercado y participan en la inversión.

La euforia, cuando las ganancias se disparan.

Y finalmente el pánico, una vez que un acontecimiento desencadena la última etapa, y no hay vuelta atrás en el estallido de la burbuja.

Allí está Catamarca por estos días.

El Esquiú.com

Comentarios

14/5/2022 | 12:20
#0
Este escrito no aporta nada que no se conozca a través de cualquier sitio de google. Catamarca tiene una historia recurrente y frondosa en estafas piramidales de productos e inversiones financieras (burbujas), en las que los delincuentes (socialmente conocidos) siempre fueron impunes, y la gente debió tragarse el sapo. No creo que exista otra provincia cuyos habitantes tropiecen varias veces con lo mismo y les sigan vendiendo espejitos como a los pobres aborígenes de la conquista. Un pueblo sin memoria y sin valores.
14/5/2022 | 11:20
#-1
Felicitaciones. Comenzamos un nuevo camino que espero sea fructífero para la próxima generación que gobierne Catamarca.
14/5/2022 | 10:12
#-2
Un buen articulo que describe ajustadamente y en forma clara este fenomeno.

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