El Secretario

lunes, 12 de febrero de 2024 01:41
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Runrún en el interior

Si un arte no domina o no le interesa dominar a Javier Milei, es el de la diplomacia. El presidente de la Nación, en parte imitando a otros mandatarios que premeditadamente eligieron un estilo amenazante y provocador (como Donald Trump en Estados Unidos o Jair Bolsonaro en Brasil), usa y abusa de las declaraciones estruendosas, ya sea en encuentros con periodistas amigos o en las redes sociales, que lo tienen como usuario hiperactivo. La elección del exabrupto permanente es en sí misma inusual, pero completamente inédita en la figura de un jefe de Estado argentino. Sería innecesario -y requeriría de un espacio mucho más amplio del que ofrece esta columna- repasar las decenas de insultos, agresiones y descalificaciones que emanan cotidianmente de la figura presidencial.

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Milei es capaz de entreverarse en disusiones estúpidas (y no tan estúpidas) con cualquiera. No cuida aquello de medirse con los de su propia talla. Así, puede atacar indiscriminadamente y sin razón a un actor ya fallecido (como hizo con Hugo Arana), a una cantante popular (como Lali Espósito) o a un exfutbolista (como Fernando Gago). Pero últimamente, y en virtud de los tropiezos mayúsculos que sufrió en el Congreso de la Nación, calibró mejor su mira y ahora apunta más alto: a legisladores nacionales y a gobernadores.

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El hombre que se define a sí mismo como “moralmente superior y estéticamente superior”, la viene emprendiendo con saña contra los mandatarios provinciales, sean del partido que sean: de hecho La Libertad Avanza no tiene ninguno. Milei pega y pega sin cesar, no sólo con palabras sino también con medidas, que vienen a demostrar que cuando prometió que los iba “a fundir a todos” hablaba en serio. La pregunta es hasta cuándo aguantarán los gobernadores tanto destrato, y el runrún es que pronto podrían ensayar una reacción conjunta.

El Esquiú.com

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