El Secretario

lunes, 19 de febrero de 2024 01:20
lunes, 19 de febrero de 2024 01:20

Pobreza

Los últimos índices de pobreza ratifican el dramático momento que vive el país, con números que escalaron al 57,4 por ciento, lo cual significa que hay en Argentina unos 27 millones de pobres, de los cuales 7 millones viven directamente en la indigencia. Todo ello mientras el Gobierno de Javier Milei simultáneamente celebra haber registrado superávit fiscal y se desentiende de las responsabilidades que le caben por la escalada del hambre. Es un cuadro político y social extremadamente complejo y delicado, ante el cual los administradores de la economía no muestran ningún reflejo y se concentran obsesiva y exclusivamente en ordenar la macroeconomía, en privatizar, en dolarizar, etc.
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Los mencionados objetivos pueden ser considerados positivos o negativos, pero en definitiva se alejan cada vez más de las necesidades y urgencias del pueblo, situación que ya no sorprende porque Casa Rosada no ha demostrado el menor compromiso con la gente. Al contrario, agudizó crisis y promovió hemorragias deliberadamente en la certeza de que cuanto más se hunde el barco, más se fortalece su discurso. Este desastre, que supera incluso las crisis más recientes de la historia nacional, se percibe cuando todavía no entraron en acción los próximos tarifazos, lo que indica que lamentablemente el panorama continuará agravándose. Y Dios sabrá cuál es el límite de la caída.
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Por estos días, el desconcierto reina y Argentina es el lugar menos previsible del mundo. El ciudadano común no sabe dónde refugiarse ni cómo prepararse para lo que viene. Subsistir es la única meta que se impone. Crecer, desarrollarse, progresar, son posibilidades que escapan al vocabulario de la familia promedio. Lo que se vislumbra son nuevas etapas de enfrentamiento y desorden, a la espera de algún cimbronazo que reencauce el rumbo. La posibilidad de que todo se tranquilice y encamine paulatinamente es la menos probable. Que el caos se desate cuando la población quede asfixiada es la opción más temida, la que se debería procurar evitar. Pero no hay señales que revelen ese objetivo como primordial en la cúpula del Ejecutivo nacional.
El Esquiú.com

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