Apuntes del Secretario

domingo, 4 de febrero de 2024 01:13
domingo, 4 de febrero de 2024 01:13

Media sanción

En esta Argentina tan atravesada por la confrontación, donde se busca medir casi todo en términos de ganadores y perdedores, como si la vida misma fuera una competencia deportiva; la semana dedicada al tratamiento parlamentario del proyecto de la Ley Ómnibus de Javier Milei, no ofreció un resultado final tan claro, y en todo caso se confirmó que hay una batalla en pleno desarrollo, de una guerra política que recién comienza. El Gobierno tiene logros para anotarse, comenzando por la obtención de un quórum que por simples reglas aritméticas no está a su alcance (tiene 38 legisladores y necesita 129), y naturalmente por la aprobación en general del proyecto, que ahora debería ser desmenuzado en su articulado. El marcador final de 144 a 109 deja la foto que Milei necesitaba, y le da un espaldarazo al conflictivo arranque de su gestión. En el fragor del combate legislativo fue consolidando también amistades, y si bien sus números en el Congreso están lejos de ser una fortaleza, ha quedado claro que no será tampoco su mayor debilidad. Si la novel fuerza libertaria carece de consistencia, está a la vista que el antiperonismo se la aportará con gusto.

Cediendo terreno

Pero la oposición no fue avasallada ni mucho menos. El proyecto de ley pomposamente titulado “Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos”, debió transitar un brutal desguace hasta su votación en Diputados. No se trató de una o dos concesiones estratégicas y nada más, sino de un proyecto que tenía 665 artículos y al que le podaron casi 300. Mucho, muchísimo, quizás demasiado. Podrá Casa Rosada minimizar estas capitulaciones, y sugerir que premeditadamente se llenó el proyecto de hojarasca para lograr que sobreviviera aquello que realmente importaba, con la seguridad de que lo demás podrá salvarse vía decreto. Pero ni el más optimista puede creer que el camino resultará sencillo. Hay un mar de objeciones y rechazos, que se intensificará cuando se empiece a leer la letra chica. Y restará aun que pase por el Senado, con su ala peronista hoy por hoy enfocada en la posibilidad de formalizar su rechazo al DNU, trámite que no puede concretar porque no le dan la oportunidad de sesionar. El camino es cuesta arriba, precisamente tan dificultoso que cada paso justifica la sonrisa del Gobierno.

Resistencia feroz

En forma paralela al debate, se confirmó que Milei encontrará una feroz resistencia, como se demostró con las multitudinarias manifestaciones frente al Congreso, que lamentablemente estuvieron cotidianamente sazonadas con violencia. Es un hecho singular que el Gobierno no reniegue de esos episodios, sino que los incorpore como parte de su imaginada épica. Por eso exagera los despliegues de seguridad y hasta se jacta del accionar represivo, casi interesado en que se conozcan y sirvan de advertencia. Es parte de la puesta en escena de un oficialismo que elige premeditadamente la provocación constante, desde los mensajes presidenciales en redes sociales hasta las declaraciones de sus figuras más prominentes, posiblemente porque atribuyen su victoria electoral precisamente a sus declaraciones más belicosas y controvertidas. Al calor de un triunfo que todavía se celebra, nadie da señales de haber hallado una razón para intentar calmar los ánimos. ¿Para qué? Todo lo que los libertarios consiguieron, que es muchísimo, lo consiguieron por el camino pendenciero.

El Gobierno celebró los gestos de resistencia popular, ya incorporados a la imaginaria épica de la gesta libertaria.

La otra batalla

Fuera del recinto parlamentario, otros combates se libran, con resultado aun más incierto. Allí el pulso lo marcan la marcha inflacionaria impiadosa, la caída salarial permanente, los tarifazos y precios que no dan tregua. Sea el plan de Milei delirante o brillante, su fuerza dependerá directamente de la capacidad de aguante de la población, empujada hoy al borde de la asfixia colectiva. Ahora la realidad entera pasa por el filtro del ideario partidario en todos los análisis. La pesada herencia, real o exagerada, todavía funciona como paraguas para las medidas más crueles o antipáticas. Pero Javier Milei no podrá gobernar eternamente señalando que nada es su responsabilidad y que todo es consecuencia del estado en que encontró las cosas. Ya no requiere ningún esfuerzo entender que gran parte de los latigazos que reciben los trabajadores en el lomo son consecuencia de sus decisiones, por muchas fallas que puedan admitirse en la estructura de la macroeconomía del país. La presunción de inocencia que se le concede al recién llegado se hace frágil por la evidencia de una mirada concentrada exclusivamente en los números, donde las propias consignas de su campaña se deforman grotescamente. Porque emerge con nitidez que los favorecidos y los perjudicados de las políticas libertarias, son exactamente al revés de lo que se había prometido a la hora de cosechar votos. Desde ese punto de vista, la suerte de la gran ley o el DNU pasan a segundo plano, y quedan reducidos al interés del escenario político-partidario. En la medida que no se empiece a atender y resolver la problemática del ciudadano común, los bolsillos vacíos, las deudas hogareñas y el hambre pueden terminar devorándose todo el espectáculo que estamos viendo. Por cierto, espectáculo bastante triste.

El Esquiú.com

Comentarios

Otras Noticias