El Secretario

viernes, 12 de abril de 2024 01:34
viernes, 12 de abril de 2024 01:34

Como una manzana
 

La Confederación General del Trabajo anunció una marcha para el miércoles 1 de mayo y un paro nacional para el próximo jueves 9 de mayo. La confirmación asegura un inicio caliente para el mes elegido por el presidente Javier Milei para sellar su por ahora misterioso “Pacto de Mayo”, un acuerdo con las provincias sobre el cual se opina mucho, pero del que todavía se ignora su contenido y sólo trascendieron los condicionamientos que puso Casa Rosada para avanzar. De este modo, ya tiene fecha la segunda protesta nacional contra el liberal libertario, luego de que el 24 de enero último se concretara una huelga de 12 horas con movilizaciones varias.


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Este segundo paro llega sin sorpresa alguna, ya que cayó de maduro como una manzana del árbol, en medio de una incesante ola de despidos de estatales, recesión, inflación, caída de salarios, eliminación de subsidios y otros desastres que matizan día a día el andar de los argentinos, de la mano del “mayor ajuste de la historia”, según se jacta el propio Milei, hoy de ronda por Estados Unidos. El paro general se veía venir hace tiempo, y hasta demoró más de lo que se esperaba. En todo caso, el gesto llamativo es que se haya oficializado un día después del primer acercamiento entre la CGT y el Gobierno. En efecto, el miércoles los líderes cegetistas fueron recibidos en Casa Rosada por el ministro Guillermo Francos, quien los convocó con la misión esencial de impedir el paro. Contemplando ese detalle, la convocatoria es toda una respuesta. 


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Un aspecto a analizar es el extenso plazo que se otorgaron los sindicalistas para llevar adelante la medida, convocada con un mes de anticipación. Se ha interpretado esta decisión como una puerta entreabierta para revisar el llamado, pero mostrando la convocatoria como elemento de negociación fuerte: no habrá marcha atrás solo con señales de negociación. Y tampoco habrá marcha atrás del Gobierno nacional con los despidos masivos, de modo que imaginar una desarticulación de la protesta asoma hoy como altamente improbable. No ya por cuestiones políticas o dirigenciales, sino porque la masa trabajadora la demanda.


El Esquiú.com

 

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