Apuntes del Secretario

domingo, 14 de abril de 2024 00:52
domingo, 14 de abril de 2024 00:52

Vieja polémica

El diputado Alfredo Marchioli se despachó con la propuesta de hacer desaparecer el ENRE y ocupar el dinero que demanda sostener el organismo en abaratar el costo de las boletas de luz, ello sin afectar al personal de planta que trabaja allí. Si se analiza la idea desde su viabilidad económica, se parecerá bastante a un tiro al aire, porque los números no cierran por ningún lado. Pero detrás de las declaraciones del legislador y presidente de la Unión Cívica Radical, subyace un concepto muy claro, que apunta a denunciar la inutilidad del ENRE, cuestión que periódicamente vuelve a la superficie sin que hayan aparecido hasta aquí argumentos concluyentes como para descalificar por completo el planteo. ¿Sirve para algo el ENRE?.

 

Casi 30 años

El Senado y la Cámara de Diputados de la Provincia de Catamarca sancionaron la Ley de creación del Ente Regulador De Servicios Publicos y Otras Concesiones el 28 de marzo de 1995 y la norma apareció en el Boletín Oficial del 5 de mayo de ese mismo año. Se cumplirán pronto, en consecuencia, tres décadas de vida institucional para el organismo autárquico, pensado con “plena capacidad jurídica para actuar en ámbitos del derecho público y privado”. El ENRE es hijo de la ola privatizadora del menemismo, a la cual Catamarca se plegó con entusiasmo, y que tuvo entre sus operaciones emblemáticas la desordenada cesión de la empresa distribuidora de energía eléctrica.

 

De la DECA a la EC Sapem

Se trata de un largo recorrido iniciado con la DECA, la vieja Dirección de Energía de Catamarca, de la cual Arnoldo Aníbal Castillo se deshizo en 1996 a cambio de 12 millones de pesos de la época. Para el Gobierno del Frente Cívico y Social, fue un negoción: se sacó de encima una empresa que funcionaba desastrosamente y daba pérdidas. Pero también fue un negoción para los compradores, del grupo de Sergio Taselli, ya que comenzaron a trabajar con la ventaja de que el Gobierno se ocupó de subsidiar a la nueva empresa EDECAT (Energía de Catamarca). Con pocas o nulas inversiones y dinero oficial que seguía entrando, Taselli hizo un negocio redondo signado por los escándalos. La fuente de la felicidad eran los Fondos Especiales para el Desarrollo (FEDEI), a través de los cuales Nación le facilitó 26 millones a Catamarca para que ayudara a la empresa: sí, 26 millones de aportes a una empresa por la que se habían pagado 12 millones. Así da gusto ser empresario. El dinero se cedió con la excusa de que se afrontara el gasto de la red de interconexión eléctrica en el oeste provincial. En 1997, la distribuidora convocó a una licitación pública para adjudicar la obra de interconexión nacional en Andalgalá, Belén y Tinogasta. Y ganó, curiosamente, otra empresa del grupo Taselli. Hubo un escandalete, una investigación nacional y finalmente el Consejo Federal de Energía suspendió los envíos de fondos FEDEI al Gobierno catamarqueño: el motivo fue que la rendición de cuentas venía muy floja de papeles. Empresas fantasma, dudosos cambios de accionistas y más negociados caracterizaron todo el accionar de EDECAT. Corrupción al margen, el servicio era paupérrimo. Cortes de luz cada vez más frecuentes, apagones de horas y horas, subas de tensión, quemas de aparatos, un desastre total, que nunca jamás mejoró. La nefasta historia terminó en enero de 2012, ya con Lucía Corpacci en el poder. Allí se decidió reestatizar la firma y nació Energía Catamarca Sociedad Anónima con Participación Estatal Mayoritaria, la EC Sapem que sigue vigente. Entre idas y venidas, pasaron casi 30 años, y la imagen pública del ENRE se hizo irremontable. ¿Por qué? Porque en los años más oscuros jamás hizo nada para defender a los usuarios, rehenes y víctimas de un servicio caro y horrible. Así, si una suba de luz quemaba diez computadoras en un cibercafé o una heladera familiar, el ENRE todo lo que se ofrecía era esperar a que un service intentara recuperar el aparato, obviamente ya desvalorizado, con pérdidas de tiempo, burocracia y burlas de una empresa que se reía en la cara de los damnificados. Era tal la indefensión que la mayoría de los comercios, y los particulares que podían, compraban sus propios generadores eléctricos. EDECAT era cada vez peor y el ENRE inocuo para hacer reclamos.

 

Demasiada negligencia

Al conocerse la historia, se comprenderá porqué cuando Marchioli propone “dinamitar” el ENRE no hay una sola voz ciudadana que salga en defensa del organismo. Apenas si lo hacen quienes encontraron allí un cálido nido de contención, como Augusto César Acuña. Esto no significa que el ENRE sea inútil o deba desaparecer: como entidad, y atendiendo su función específica, debería existir. Pero no para trabajar de la manera que lo hizo en estos 29 años, en que resultó completamente inservible para la comunidad.

 

Discurso difícil

En apenas dos semanas el gobernador Raúl Jalil deberá brindar su discurso anual ante la Asamblea Legislativa, y en Casa de Gobierno vislumbran la elaboración del mensaje como el más difícil de sus dos mandatos, incluso peor que durante la pandemia. El optimismo natural de Jalil choca contra el oscuro panorama nacional, y también contra la postura del mandatario de no ir a la confrontación directa con Casa Rosada. Se apuntaría por ello a destacar el orden financiero de la provincia que permitió mantener el rumbo firme hasta aquí, la ratificación de las medidas de austeridad que se vienen anunciando por el momento de emergencia, y  la defensa de la obra pública. En cuanto a definiciones políticas concretas, no hay nada definido porque restan dos largas semanas en las cuales el escenario podría variar, para bien o para mal, mientras paralelamente se aguardan definiciones en el camino trazado por el presidente Javier Milei hacia el Pacto de Mayo.

 

El Esquiú.com

Comentarios

Otras Noticias