El Secretario

viernes, 19 de abril de 2024 01:27
viernes, 19 de abril de 2024 01:27

Desigualdad brutal

El Senado de la Nación aprobó ayer a mano alzada y sin debate un acuerdo por el cual aumentarán las dietas de los legisladores. Los sueldos, que hoy son de $1.9 millones, quedarán en más de $4,5 millones. La medida fue tratada sobre tablas porque no estaba incluida en la sesión y con los nuevos números cada senador le costará al Estado nacional más de 58 millones anuales, sólo contando sus haberes, gasto al que se debe adicionar adicionales como viáticos, pasajes, planta de empleados propia, desarraigo y otros ítems. La presidenta del Senado, Victoria Villarruel, ya había manifestado que los integrantes de la Cámara alta “cobran poco” y que estaba de acuerdo con un incremento en las dietas, concretada ayer en una segunda embestida, ya que algunas semanas atrás habían avanzado también con otro autoincremento de sueldos.


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Javier Milei aprovechó la movida para hacer política, asegurando que sólo habían votado en contra los senadores de su bloque, tildando a los senadores de “casta” y vaticinando que estas acciones derivarán en un aplaste triunfo de La Libertad Avanza en las elecciones legislativas del año próximo. Las sentencias son propias de la euforia del mandatario en las redes, pero en realidad, sus legisladores también cobrarán el aumento y en el Poder Ejecutivo se producen cotidianamente nombramientos políticos y se reparten sueldos multimillonarios, de modo que no le será tan sencillo convencer de que los abusos son patrimonio de la oposición. Sin ir más lejos, su compañera de fórmula avaló la paritaria exprés que beneficia a los representantes de las provincias.


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El problema de fondo no es el aumento, ni siquiera la contradicción de pagar tan suculentos sueldos en una Argentina que desde Casa Rosada hizo del “no hay plata” una bandera de propaganda. Lo triste es que se acentúe una brutal desigualdad entre la clase política y el trabajador de a pie, que se repartan millones y millones entre privilegiados de dudoso esfuerzo y en muchos casos de nulo aporte al país, mientras otros menos afortunados (obreros, maestros, policías, médicos, enfermeros, comerciantes, etc.) penan por sobrevivir. Que en un país que propone pagar un servicio esencial como el suministro de energía eléctrica en cuotas porque a las familias no les alcanza, otros cobren más de cuatro millones sentados… suena a injusto. Porque es injusto.

 

El Esquiú.com
 

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