El Secretario

lunes, 13 de mayo de 2024 01:00
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El PRO en su laberinto
 

La gesta de Mauricio Macri le permitió completar un notable itinerario, que lo vio pasar del comando empresario que heredó al más alto nivel, a la presidencia de Boca Juniors, de Boca a la política abierta, de allí a la jefatura de CABA y la presidencia de la Nación, con una parábola admirable y siempre ascendente desde la creación de una escudería propia, el PRO, que fue pilar de Cambiemos, sumó al radicalismo e hizo realidad la utopía de derrotar al peronismo dos veces consecutivas, en 2015 y 2017. Macri utilizó la misma receta que le funcionó a Milei el año pasado: capitalizar el odio a los “K”, con el suficiente respaldo mediático como para construir la imagen del cambio, la alternativa y lo nuevo. Poder de seducción con fecha de vencimiento, pero que en definitiva sirvió para ganar las elecciones clave.


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En esa carrera triunfal, curiosamente el mayor escollo que encontró Macri fue su propia gestión. Todo anduvo de maravillas hasta que tuvo que gobernar y allí no hubo coach, marketing, medios ni redes sociales capaces de disimular el desastre. Un collar de promesas incumplidas, un endeudamiento brutal y la debacle económica dejaron a años luz las premisas de pobreza cero, solucionar la inflación en cinco minutos y otras muletillas vacías. Desde allí, todo fue un tobogán marcado por los fracasos. Reconvertido en Juntos por el Cambio, el macrismo perdió el poder en 2019 y quedó último entre los tres grandes contendientes de 2023. El único veranito fueron las legislativas de 2021, cuando sacó rédito del malhumor causado por la trágica pandemia. 


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¿Y ahora? Cada vez con menos peso propio y un rechazo popular que nunca pudo revertir, Macri se jugó con una última pirueta y le cedió a Javier Milei el apoyo decisivo para acceder al poder. Pero políticamente quedó en un limbo tan insulso como su cargo de presidente en la Fundación FIFA. No termina de ser oficialismo, no es oposición, no cogobierna, no le quedan aliados de antaño como los radicales o el CC-ARI y el camino hacia el 2025 lo encuentra en un complejo laberinto. Sin caudal de votos fuerte, con más internas que dirigentes, el PRO se desvanece como helado al sol, mientras busca cómo reubicarse, ya no como locomotora, sino como vagón del ganador de turno. El fenómeno Macri, hasta aquí, parece agotarse sin lograr un legado que trascienda la figura personal. El segundo tiempo quizás ni se juegue.


El Esquiú.com

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