Juan Carlos Rodríguez - Ex ferroviario

“Yo tengo corazón de ferroviario”

martes, 10 de agosto de 2010 00:00
martes, 10 de agosto de 2010 00:00

Juan Carlos Rodríguez tiene hoy 77 años. A los 22 años ingresó al ferrocarril y se jubiló a los 55, luego de completar 33 años de servicio sin faltar un solo día. Cumplió funciones en varias provincias, entre ellas Tucumán, Salta, Santiago del Estero y Catamarca. Es padre de tres hijos y casi como una rareza, cuenta sus anécdotas de ferroviario en un lugar donde no existen trenes. De sus muchos compañeros de trabajo, observa que en el barrio ferroviario por excelencia, hoy quedan apenas tres sobrevivientes entre quienes eran empleados del viejo ferrocarril. 

- ¿Cómo fue su vida como ferroviario?
- Ingresé al ferrocarril en el año 1957, y en una primera etapa trabajé en la Capital. Estuve cincos años acá, y después, gracias a un ascenso, me derivaron dos años a Pichanal, en la provincia de Salta. En la época de Aramburu el panorama se complicó, pero no nos echaron, sino que nos reubicaron a todos. Eso fue aproximadamente en el año 62, y los grupos iban cambiando porque otros optaban por el retiro voluntario, con la oportunidad que brindaba la Ley 21580. Yo seguí como ferroviario más de treinta años, toda una vida.

- ¿Fue trasladado muchas veces de una provincia a otra?
- Sí, en tantos años me tocaron varios traslados. Mi primer traslado fue el que mencioné, a Pichanal, por un ascenso. Luego vuelvo, voy a Frías (Santiago del Estero), ahí nos comprimen y nos mandan de peones a los talleres; después pasé a Tafi Viejo (Tucumán) y la última ciudad en que me tocó trabajar, por el último traslado, fue Recreo (La Paz).

- ¿Nunca volvió a la capital catamarqueña?
- Curiosamente no, como ferroviario no volví más por trabajo a la Capital, aunque lógicamente venía cada vez que podía, generalmente cada dos semanas, para ver a mi familia, que se quedó acá a pesar de todos mis cambios.

- ¿Dónde se jubiló?
- En la ciudad de Frías comencé a pensar en la jubilación, y terminé de trabajar en Recreo, después de 33 años de servicio.

- ¿Qué recuerdo tiene de la estación de la Capital?
- Bueno, el lugar era muy distinto de lo que se conoce ahora. Por aquellos años, en ese sector de la ciudad el único movimiento que se observaba en la zona era precisamente el del tren, no había nada más. Pero eso sí, la estación siempre estaba llena de gente, había muchos vendedores y casi todos los habitantes de la ciudad que tenían que viajar se concentraban en ese lugar. Había un tren que conectaba Catamarca con la estación Retiro de la Capital Federal, y esos viajes generaban un movimiento importante.

- ¿Usted qué trabajo hacía?
- Yo me inicié como aspirante y estuve en ese cargo aproximadamente cinco años. Tenía un trabajo duro, ya que mi función era pasar los trozos de leña para el encendido de la locomotora. Luego pasé directamente como foguista, que era un cargo más importante.

- ¿Cómo tomó el cierre del Ferrocarril Belgrano?
- Para quienes vivíamos y trabajábamos en el ferrocarril, la desaparición de los trenes fue un golpe muy grande, un cambio que antes nadie se podía imaginar. Pero no fue de un día para el otro, ya se vislumbraba que todo se encaminaba a retirar el servicio. En realidad, se trató de un proceso que venía madurando por el llamado Plan Larkin; ahí se decidió el cierre de los ramales y todo se desencadenó por la caída de la cantidad de usuarios. La gente empezó a usar los ómnibus en lugar de los trenes.

- ¿Los colectivos mataron al ferrocarril?
- Fue algo natural. Antes sólo estaba el servicio del tren y la gente viajaba en tren. Después aparecieron los ómnibus de larga distancia. Y veinte minutos antes de que saliera el tren salía un colectivo hacia Recreo, que además iba levantando pasajeros por el camino. Cuando salía el tren, ya quedaban muy pocas personas para viajar.

- ¿Cómo vivió el día en que salió el último tren de Catamarca hacia Buenos Aires?
- La verdad es que no estuve ese día en la provincia, porque estaba trabajando en Frías, por ese entonces como maquinista. Pero por supuesto que me enteré y fue un día muy triste para mí.

- ¿Recuerda cuál fue su último viaje en tren?
- Claro que sí, fue un recorrido que hice entre Lamadrid (Tucumán) y Frías (Santiago del Estero). Lo hice como maquinista y no volví a viajar. Fue mi último viaje, ya era hora de jubilarme…

- ¿En que año se jubiló?
- Le digo el día exacto: 4 de agosto del 1989.

- ¿Qué significó para usted trabajar en el ferrocarril?
- Para la gente de mi generación era un honor trabajar en el ferrocarril, un orgullo. Yo mismo estuve toda mi vida laboral feliz de lo que hacía, y me retiré sin ninguna falta en el trabajo. Por mis 33 años de servicios y por cumplir los 50 años como socio de La Fraternidad, el gremio ferroviario, recibí una medalla de oro por los años que aporté en mi trabajo. ¡Cómo no voy a estar orgulloso! Tengo corazón de ferroviario.
Uno se llenaba de tierras los ojos, quedaba negro por el carbón que volaba en el lugar, a pesar que uno regaba la leña…
Pero era una gran tarea, teníamos uniformes adecuados para el trabajo y fui muy feliz.

El Plan Larkin

Durante este periodo el sistema ferroviario argentino desarrolló su máxima extensión, siendo el más grande de América Latina, con cerca de 47.000 kilómetros de vías. De todos modos, a causa del impulso dado al transporte automotor, paulatinamente se fueron desactivando e incluso levantando ramales enteros. Durante la presidencia de Arturo Frondizzi se puso en práctica el llamado Plan Larkin, a instancias del Banco Mundial, consistente en una larga serie de cancelaciones y levantamiento de vías. Si bien el plan se suspendió por efecto de una recordada huelga ferroviaria de 42 días en 1961, dejaron de correr trenes en casi la totalidad de la red del ex Ferrocarril Provincial de Buenos Aires, incluyendo los ramales del ex Ferrocarril Patagónico, del Ferrocarril Roca y demás. Las medidas esbozadas por el Plan Larkin fueron profundizadas durante el llamado Proceso de Reorganización Nacional y entre 1976 y 1980 se desató otra serie de cancelaciones. El último golpe de gracia lo dio el presidente Carlos Menem, al anunciar que cerraría todos los ramales que no dieran ganancias. Pero para entonces, el tren de Catamarca ya era historia.
 

Comentarios

08/05/2018 | 17:51
#1
señor ferroviario le doy mi solidaridad con usted,hoy mas que nada me duele y me angustia que personas como usted tuvieron que condenarse a perder para siempre a perder el orgullo de ser ferroviario el ferrocarril fue un herramienta olvidada,hasta en la rioja podria decirse que las vias terminaron en grandes vestigios de ruinas ferroviarias,hoy solo el ferrocarril sobrevive el el area metropolitana de buenos aires y en algunas provincias.

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