Jorge Auat

“El juicio de la ESMA puede llegar a ser el más importante de la historia”

viernes, 07 de diciembre de 2012 00:00
viernes, 07 de diciembre de 2012 00:00

Jorge Auat, el fiscal general a cargo de la unidad que realiza seguimientos sobre los juicios por delitos de lesa humanidad cometidos por la dictadura cívico militar, obsesionado por el funcionamiento del sistema judicial argentino, espera que los juicios sirvan para un cambio de paradigma y cree que hay que mantener el estado de alerta de la sociedad porque aún falta mucho por hacer.

- En la cuestión de los derechos humanos en la Argentina, ¿dónde estamos parados?

- Creo que hay un antes y un después de los juicios. Se tardaron tantos años para llegar a este hoy en que los juicios están en marcha, tenemos condenados pero lo que no tenemos son sentencias firmes. Por eso digo siempre, no tenemos que mirar la mitad del vaso lleno sino la mitad vacía y esto significa todo lo que falta por hacer. Estamos en un escenario donde, de algún modo, nos falta ir por los grupos económicos, como el caso de Jujuy. Pero todavía hay complejidades que a futuro nos obligan a mantener la misma actitud de estado de alerta porque aún falta investigar los grupos económicos, como el caso Blaquier o el caso de Las Marías en Virasoro, Corrientes. Seguramente cuando se empieza a indagar aparecen otro tipo de imputados vinculados a las estructuras del Poder Judicial. Es decir que vamos a creer, pensar, que las dificultades no están totalmente superadas. Sí tengo claro, y sería interesante pensar a los juicios como una oportunidad histórica para cambiar el paradigma del funcionamiento del sistema judicial. Creo que esto es fundamental, pensar a los juicios desde ese lugar, cambiar los paradigmas de funcionamiento del sistema judicial. Me refiero a que esa sería la gran ganancia, el gran logro de esta política de derechos humanos de los crímenes de la dictadura como política de Estado.

- Hasta acá, ¿cuál era el paradigma y qué sería lo deseable en el marco de esos cambios en los que se está pensando?

- Tenemos un sistema judicial con un funcionamiento que es básicamente conservador. De hecho, éstas son las razones por las que tenemos tantas dificultades. Y Jujuy es un ejemplo claro: teníamos un conjuez, un secretario a cargo, que estuvo tres años sin investigar y fue denunciado por eso. La historia cambia cuando se reemplaza al juez (nota: Fernando Poviña reemplazó a Carlos Olivera Pastor), esto marca claramente que las razones por las que definí a Jujuy como capital de la impunidad, eran válidas. El otro día dije a alguien “lo lamentable de esto es que teníamos razón”. No es que queríamos tener razón, pero la realidad demostró que lo que señalábamos como patología del sistema era un diagnóstico acertado.

- ¿Qué significa un juicio socialmente?

- Cuando pensamos los juicios pensamos que debían abarcar un universo mucho más importante, no solamente en términos de cantidad de imputados, sino en cantidad de víctimas también. Esto significaba que los procesos debían permitir a la sociedad toda tomar y tener conocimiento de lo que realmente sucedió en la época de plomo. Un juicio por una víctima o un imputado no reflejaba en absoluto la realidad de aquellos tiempos. Por eso insistíamos siempre, llevábamos un proyecto de acumulación de causas como estrategia para avanzar rápidamente y evitar lo que también definíamos como “el punto final biológico”, porque los imputados se iban muriendo. Es decir, había una serie de ganancias y beneficios adicionales que tenían que ver con la celeridad de los procesos que nos aseguraba que no iban a terminar con este punto final. Digamos, con una impunidad por razones naturales. Otra preocupación nuestra era evitar a los testigos tener que deambular por tribunales relatando permanentemente su propia historia con el trauma que ello implica. En la medida que menos se expongan, se disminuyen los riesgos que enfrentan cuando van a hacer este tipo de declaraciones. Que no ocurra lo que nos pasó en casos que son de público conocimiento: Julio López. Esa experiencia nos obligó a fijar estrategias para evitar que se repitiera algo así.

- Hablábamos del cambio de paradigma.

- Desde esa perspectiva tenemos un Poder Judicial que es básicamente conservador. Hay muchos casos en los que miembros del Poder Judicial de aquella época todavía están en funciones, con otro tipo de cargos, pero en funciones. También tenemos un caso claro, un fiscal de Chaco, Roberto Mazzoni, que está preso, acusado de crímenes de lesa humanidad. O un secretario de un Juzgado que murió con un proceso en pleno trámite. Luis López, un juez de Santiago del Estero, que en este momento tiene un sobreseimiento conseguido a través de un conjuez, pero que está apelado. O el caso del exjuez Otilio Romano en Mendoza. Hay un Poder Judicial que tenía entre sus filas gente que estaba claramente vinculada a los años de plomo y a la dictadura y esto significaba un cepo para las causas. El cepo no sólo por eso, sino que la propia estructura se fue construyendo endogámicamente, es decir, con los mismos paradigmas, los mismos pensamientos.

- Pero eso no ha sido uniforme. ¿Existen ejemplos en contrario?

- Creo que hoy hay jueces de la democracia. Lo ideal sería empezar a construir un Poder Judicial que sea más consonante con los nuevos vientos democráticos. Creo, en este sentido, que los juicios ofrecen un escenario apropiado para marcar un punto de inflexión en la propia historia del Poder Judicial. El juicio a la ESMA, por ejemplo, es un juicio que realmente puede llegar a ser el más importante en la historia del Poder Judicial en la Argentina y probablemente del mundo. Y constituye también una fuerte interpelación al sistema judicial, lo compromete a dar una respuesta de semejante magnitud y a esto también hay que pensarlo como una oportunidad para producir los cambios.

- ¿Cómo podemos plantear el juicio por lo ocurrido en la ESMA?

- Como juicio, es complejo. Con demasiados actores. Sobre esto tengo dos miradas: una judicial y otra histórica. La judicial es un expediente con estrategias para investigar, producir pruebas para llegar al objetivo que es la conclusión de un juicio con una sentencia que teóricamente resuelve un conflicto. La otra, la histórica, es que va a quedar registrado allí con todo lo que significa un juicio oral y público. Los tramos más dolorosos de la historia de la dictadura con lo que pasó en la ESMA y en otros lados también. Porque esto es lo fundamental, lo que significa el relato, lo que algún autor llama ‘la tradición’, que es cuando todavía hay memoria y no hay historia. Todavía podemos nosotros vivenciar de algún modo lo que pasó por el relato de la propia víctima. En algunos años, sólo vamos a poder saber a través de lo que leemos, no de lo que nos cuentan. Me parece que esto también es importante, poder mirar al juicio desde su rol en la propia reconstrucción histórica. El otro megajuicio es La Perla.

- ¿Qué elementos del juicio de la ESMA lo convierten en un ejemplo mundial?

- Creo que somos un ejemplo para el mundo porque hemos podido juzgar los crímenes del terrorismo de Estado con nuestras propias estructuras judiciales, nuestro propio contexto normativo, no apelamos a ninguna legislación ni a tribunales especiales. Lo hicimos con el Poder Judicial que tenemos y con las leyes vigentes. El contexto jurídico no tiene nada de especial, es el mismo con el que se viene juzgando otro tipo de delitos. Es el mismo con el que se juzga una tenencia de estupefacientes. En ese sentido somos un ejemplo. Por otro lado, hemos podido consolidar el fenómeno más importante que se da en la Argentina, que es la vigencia de la memoria colectiva. Que hayamos podido hacer los juicios marca claramente que en la agenda social está vigente el trauma del conflicto de los años de plomo. Y esto más allá de la voluntad política de Néstor Kirchner, que en 2003 no hizo otra cosa que dar respuesta, desde el lugar adecuado, al clamor de la sociedad. De ahí nace el proyecto de la nulidad de las leyes de impunidad.

- Pero para avanzar fue necesaria la voluntad política de enorme magnitud que aún se necesita, ¿o no?

- Cuando hiciste la pregunta “¿dónde estamos?” dije que es mucho lo que falta y hablé de dificultades que no desaparecieron y queda un solo camino, que es el de continuar con el mismo esfuerzo, con la misma preocupación, con todos los sensores activados para que estos juicios, realmente continúen y concluyan. Hasta que no tengamos sentencias firmes, y ese es el cometido al que tenemos que asumir como supremo, no se puede parar. Este esfuerzo que hacemos no tiene lugar ni hay perspectivas que funcione en piloto automático. Necesitamos continuar con el mismo compromiso, para que los juicios terminen, porque las dificultades no desaparecieron. De hecho todos los días tenemos problemas: la propia estructura del Poder Judicial, las recusaciones, juicios que se demoran. La celeridad que nosotros pretendemos todavía no está instalada en los términos que nosotros queremos.

Entrevista: Télam.

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