Montañista

Eduardo Campos: “La montaña como un forma de sentir la vida”

El deportista cuenta cómo comenzó con la actividad y lo que tiene para ofrecer Catamarca al turismo internacional, pero que no se aprovecha.
miércoles, 30 de enero de 2013 00:00
miércoles, 30 de enero de 2013 00:00

Eduardo Campos es uno de los cuatro montañistas profesionales que existen en la provincia en estos momentos y, actualmente, el único que está trabajando dentro de la actividad, desarrollando parte de su tarea en Mendoza, lugar donde está el Aconcagua, que es la montaña más alta de América. El expedicionista -que recalca en todo momento que en Catamarca no sólo hay una, sino cinco de las diez montañas más altas de América y que hay demasiado por hacer para dar a conocer al mundo- además realizó trabajos ad honorem en los que compartió su experiencia con chicos disminuidos visuales y no videntes. En esta charla cuenta cómo comenzó con esta actividad, que hoy se convirtió en un estilo de vida.

- ¿Cómo comenzaste con el montañismo?

- Por mi papá. Él hacía montañismo antes que yo, más que nada acá en Capital o en Ambato. De chico lo hacía; muy esporádicamente, pero subía montañas también, más que nada en El Rodeo.

- ¿Qué es lo que más te atraía de eso?

- Me atrajo el contacto con la naturaleza y la vida al aire libre, que es el principio de todo. Después fui haciendo cursos y perfeccionándome y entré a la Escuela de Guías en Mendoza. Posteriormente entré a la AGM, que es la Asociación de de Guías de Montaña, que son las dos casas de estudios más prestigiosas que hay en Argentina, así que hoy en día soy colaborador por Catamarca de la delegación NOA de la AGM. Lo que comenzó como disfrutar de la naturaleza, terminó convirtiéndose en una forma de vida... porque todo el año practico diferentes actividades dentro de lo que es el montañismo.

- Es decir que lo hacés por trabajo, pero también por gusto...

- Sí, porque por un lado es algo que me gusta demasiado, pero también es una salida laboral...Sería lo equivalente a lo que les pasa a los chicos que les gusta jugar al fútbol y que pueden vivir de eso. Además de ser mi trabajo, en mi tiempo libre salgo con amigos a la montaña. Como trabajo, doy cursos y desde el año pasado soy socio de la Agrupación de Montaña Calchaquí, y el año pasado di un curso de escalada en roca, otro de montañismo en la Cordillera, por ejemplo.

- ¿En qué consisten esos cursos?

- Hay dos ramas bien diferenciadas dentro del montañismo. Una es subir montañas caminando, nada más y de ahí, la escalada, que puede ser en roca o en hielo. La escalada, para poder hacerlo en cualquier nivel o dificultad, tiene un principio, que es un curso de inicio para aprender a escalar, que son técnicas sencillas, pero que hay que tenerlas muy en cuenta, porque cualquier error puede costar muy caro en esta actividad....Siempre hay que hacer esto con conciencia, que es la manera de minimizar los riesgos. En la escalada de roca, si se hacen bien todos los procesos de seguridad, a lo sumo te podés raspar o golpear...pero si lo hacés de manera no adecuada hasta se lo puede pagar con la vida. De todas formas, si tenés claros los procedimientos de seguridad, no es peligroso... En el peor de los casos te podés caer. El riesgo crece si practicás el deporte sin preparación.

- ¿Te aventuraste en algún momento solo a la alta montaña?

- Sí, he ido solo a la Cordillera y es algo muy distinto y comprometido. Uno de antemano sabe a qué se está arriesgando, pero se pueden tomar recaudos, ya sea llevando una radio y que alguien sepa qué itinerario estás haciendo. Además hoy en día hay hasta navegadores satelitales y otros avances de la tecnología que ayudan.

- Hablamos de alturas importantes. ¿Cuál es la máxima a la que llegaste vos?

- La altura máxima es el Aconcagua, que es la mayor altura que tenemos en América; son 6970 metros sobre el nivel del mar aproximadamente.

- Para tomar dimensión de esto, ¿en la Capital a cuántos metros estamos?

- Cerca de 600 metros sobre el nivel del mar.

- ¿Qué pasa con el cuerpo a esas alturas?

- No podés ir y subir así como así. El cuerpo necesita un periodo de adaptación que dura aproximadamente siete días, pero la altura puede tener efectos agresivos sobre el organismo. A la gente le pasa que los primeros días le duele la cabeza, tiene vómitos, no duerme bien...incluso te trastorna el humor...es complicado. Cuanto más te exponés a la altura, más rápido te aclimatás y menos efectos hay. Las primeras veces que yo me expuse a la altura, por ejemplo, fue acá, en El Manchao en Ambato. Ahí, dormís a tres mil msnm y sentís al corazón latiendo fuertísimo toda la noche...Cuando no conocés hasta te produce miedo, pero después supe manejarme....Yo a esos efectos no los siento y me aclimato rápidamente. Ahora, también es importante destacar que en Catamarca tenemos cinco montañas que están entre las diez más altas de América, en la zona de la Cordillera y Fiambalá. El Ojos del Salado, por caso, tiene sólo 60 metros menos que el Aconcagua y son zonas más comprometidas para subir por la soledad que tienen.

- Estuviste trabajando en Mendoza, ¿verdad?

- Estuve trabajando en el Aconcagua este último tiempo, para la empresa INCA Expediciones, que es la más grande de Mendoza y la infraestructura que tienen allá es importantísima, ya que cuentan con su propia patrulla de rescate de la Policía y al haber tanta gente en la montaña, el día que hicimos cumbre subieron como 80 personas, que acá es algo impensado, lo más normal es no encontrarse con nadie en la montaña, es muy difícil encontrarse con otra expedición.

- ¿Por qué la diferencia?

- Tenemos un problema para hacernos conocer. Por ejemplo, en una de las expediciones en que me tocó trabajar, había cuatro estadounidenses, dos canadienses, un suizo, tres argentinos y un uruguayo y cuando les pregunté, ninguno de ellos sabía siquiera de la existencia del Ojos del Salado, que es apenas un poco más bajo que el Aconcagua; eso te hace pensar que hace falta darnos a conocer más al mundo.

- Concretamente, ¿qué pensás que se tendría que hacer para que eso pase?

- A esto lo he hablado con gente del gobierno actual, que se mostró bastante entusiasmada con algunas ideas. Podemos considerar nuestra montaña como un producto turístico, pero habría que hacer inversiones. Primero que nada, se necesita una patrulla de rescate. Yo me ofrecí a ayudarlos a conformarla y capacitarlos para tener una respuesta efectiva e inmediata ante cualquier problema que pueda surgir en la Cordillera. Éste sería el primer gran paso para dejar de considerar a la zona como inhóspita. Además habría que invertir en infraestructura y en comunicaciones. No es una inversión sideral y considero que el gobierno la podría hacer.

- ¿Cómo repercutirían estas acciones para colocar a Catamarca como un destino para practicar este deporte?

- Si tuviéramos eso, Catamarca tendría una afluencia mucho mayor de turismo, porque las personas que verdaderamente contratan servicios de guía para ir a la montaña, quieren eso: seguridad. Y que si les pasa algo, haya alguien que los pueda buscar. Debería haber una patrulla estable esperando en Las Grutas, que es el último paraje que hay yendo de Fiambalá a Chile, del lado argentino. Teniendo eso, la gente comenzaría a venir más, pero también implicaría que Fiambalá se prepare más en cuanto a servicios para recibir a estos visitantes. Pero también hay otro tema, porque sería importante prever el impacto que una masa de gente mayor en la Cordillera puede llegar a causar y ya de por sí, la Cordillera no está siendo bien cuidada. Las montañas no son muy escarpadas por tratarse de volcanes, y el paso de vehículos, como las camionetas 4x4 y las enduros, rayan las montañas. Y ese es un daño irreparable, porque es muy frágil el ecosistema que tenemos en esa zona. Por ejemplo, a un arbolito rastrero, que no crece más de 5 centímetros y que puede tardar 50 años en llegar a este tamaño, le pasa una moto por encima y lo destruye en segundos... Por lo que si se fuesen a habilitar caminos para llegar hasta las cinco montañas más altas que tenemos, habría que hacer un campamento base bien delimitado y que tenga una vía de ascenso, que se determinen los lugares a acampar, porque el paso del hombre solo también produce daños. Considero que esa inversión tendría que contemplar eso también. Teniendo el equipamiento necesario, que sería una o dos 4x4, dos o tres motos, una camilla y oxígeno portátil, ya marcaría una diferencia y Catamarca podría competir. La gente elige ir a la montaña más alta, es la que más atrae y la más alta es el Aconcagua, pero una persona que hace montañismo tendría en cuenta a la provincia, porque alguien que hace montañismo puede ir al Aconcagua tres o cuatro veces, pero después va a buscar otras montañas para ascender.

- ¿Está desaprovechado lo que tenemos?

- Siempre se intentaron hacer cosas, desde el gobierno anterior y ahora con el actual, pero hasta ahora no se concretó mucho. Creo que conociendo las cosas por mi trabajo, estoy seguro que la gente empezaría a venir si se hicieran estos cambios.

- Me gustaría que cuentes alguna experiencia en la montaña....

- Realmente nunca me deja de sorprender la belleza de Catamarca. Me ha tocado subir montañas que quizás por trabajo uno las deja relegadas porque no te las piden, pero después cuando tuve la posibilidad de ir con amigos, encontré cosas increíbles, una colada de lava de volcán, que está cerca de un campo de piedra pómez en Antofagasta, cosas como esa. Y no dejo de sorprenderme.

- En Mendoza, ¿qué más hiciste?

- Trabajé con gente de todo el mundo y logramos hacer que siete personas llegaran a la cumbre de las trece que llevamos, lamentablemente estaba nevando, pero llegaron, que es lo más importante. La verdad es increíble el movimiento que tiene la montaña.

- ¿Qué sacás de esa experiencia?

- Todo. Trabajé con dos guías más con mucha experiencia allá, que tienen otros pensamientos.

- ¿Se sigue aprendiendo?

- Todo el tiempo se aprende. Por año, trato de hacer al menos uno o dos cursos de lo que considero que sea importante para mejorar en mi actividad.

- En Catamarca, ¿tenés proyectos concretos?

- Acá estoy por tener una reunión con el secretario de Deportes, Maximiliano Brumec, porque tenemos la idea de trabajar juntos. El año pasado a través de Analía Nieva, que es profesora de los chicos no videntes que pertenecen a la Secretaría de Deportes, presentamos una propuesta y los estuvimos sacando a la montaña, así que la idea es seguir adelante con ese proyecto.

- Contame, ¿cómo reaccionan los chicos con esta actividad?

- Es una experiencia altamente gratificante... Hicimos caminatas integradoras, porque te demuestran mucho cariño. Si te ponés a pensar, ellos están limitados para hacer deportes y necesitan sí o sí que alguien los acompañe para hacerlo. En el grupo había chicos desde los siete años hasta personas de treinte y quedaron muy contentos. Por eso es que quedamos en que una vez terminada la temporada, íbamos a seguir con esas salidas y tratar de llevarlos este año al Crestón, que es una montaña del Ambato que se sube en dos o tres días y que vivencien todo lo que vive un montañista. Además, tengo en mente seguir dando cursos.

- ¿Qué le dirías a alguien que esté interesado?

- Antes que nada que no empiece solo... A veces por pensar que es una montaña baja o que es fácil, uno subestima y quizás hay errores que se pueden pagar muy caro. Es una actividad increíble, que puede ayudar a personas en muchísimos aspectos, como problemas de estrés, de peso, o psicológicos. Esto no es para personas elegidas y cualquiera que quiera podría practicarlo.


Entrevista: Natalia Lucanera

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