HOY: JORGE PAOLANTONIO

Cara a Cara: “NO PIENSO EN VOLVER PORQUE NUNCA ME FUI”

domingo, 21 de octubre de 2018 00:31
domingo, 21 de octubre de 2018 00:31

Por Kelo Molas

No hay kilómetros posibles que lo separen de Catamarca. Su extraordinaria obra literaria tiene el sello distintivo de un marcado sentido de pertenencia con sabor a clara provincianía, por más que la historia cuente que reside en Buenos Aires desde 1982.

Fue docente  y está dedicado por entero a su pasión: la literatura. Escritor, poeta, dramaturgo, novelista, periodista, autor de textos musicalizados.

A esta altura de su carrera, todo acontecimiento cultural que sucede en Catamarca lo tiene como invitado especial y protagonista destacado. Le puso letra a ocho canciones para que su amigo Víctor Kater le sumara la música y así naciera “Aires Catamarcanos”, cuyo contenido lo llevan de la mano por la Alameda, la vieja plaza “de la estación”, el recordado baile “El Molino”, los Tres Puentes y por los vericuetos de historias con tonadita bien catamarqueña.

Alguna vez padeció los  embates tramposos y traidores de la falsa moral, eso que llaman moralina. Hizo la valija y se fue…para no irse nunca. Los que saben del tema, los críticos especializados, lo llaman “poeta mayúsculo”. Con el mayor gusto le proponemos hoy en el Cara a cara el pensamiento de Emilio Jorge Paolantonio.

 

  -Lo clásico como para abrir las puertas a la charla: ¿Cómo andas? ¿Cómo están tus cosas?

 -Por unos días visitando Catamarca, que es como mi gran amor. Jamás diría “mi Buenos Aires”, siempre diré “mi Catamarca”. Las circunstancias de trabajo, especialmente la docencia universitaria, me llevaron a Buenos Aires, pero yo vivo en Catamarca mentalmente, algo que físicamente no se da en los hechos. Estoy muy bien. Estoy cuidado, bien querido, bien amado. Feliz junto a mi familia.

 

  -Ese “estoy muy bien” implica obviamente las ganas de seguir creando, de seguir generando cosas importantes.

-Claro. Justamente tengo un libro en dos idiomas que acaba de salir en Estados Unidos que se llama “Si acaso la neblina”. Porque me entraron temores como ¿qué pasaría si de pronto bajase la neblina sobre mi cabeza? Será porque lo he visto pasar en amigos y familiares. Es terrible: la historia de que pronto puedas perder la lucidez… y poner los zapatos en la heladera (sonríe).
 

-¿Hay algún temor a la muerte?

 -Le tengo mucho respeto a la muerte, pero no miedo. Además, está eso de persistir de alguna forma. Y creo que así como persisten los que están casados con hijos y nietos, y si bien yo no estoy casado ni tengo hijos ni nietos,  creo que toda mi obra literaria se sostiene lo suficiente como para que dentro de diez o veinte años alguien diga: “estos son hijos de Paolantonio”.
 

 

-¿Alguna vez pensaste en esa familia, en tener un hijo, por ejemplo?

 -Sí, indudablemente. Mi gran frustración fue no tener un hijo. Cuando se me ocurrió tenerlo, ya era tarde. Aun adoptándolo, ya era tarde… cuando quise ser padre ya estaba para ser abuelo. Tengo muchos amigos que han adoptado chicos, aquí mismo, en Catamarca, cuando en una época se referían a los “daditos”, en alusión a que te lo dieron al hijo. Algo que era moneda corriente y significaba tanto. Y con gente que ha sido muy feliz criando a esos chicos con mucho amor, protección y brindándoles todas las posibilidades para su desarrollo, como que muchos llegaron a ser grandes profesionales.
 

-El ámbito en el que te has sido creado, donde sobresalía la música y la docencia, ¿cuánto influyó en tu carrera?

  -Fue absolutamente determinante. Pero hay una cosa que está por sobre todo: mis viejos, ambos docentes, se casan y se vienen de luna de miel a Catamarca. Mi madre española, mi padre hijo de italianos. Estoy hablando de 1941, cuando vienen a Catamarca. Llegaron entren y lo hacían en calidad de docentes que habían ganado un concurso, mi papá para enseñar italiano en el Colegio Nacional y mi madre para educar sobre Ciencias Naturales en el Liceo de Señoritas. Ellos eligieron este lugar en el mundo que es Catamarca y nos criaron con mucho amor a mí y a mi hermana. Ambos somos incondicionalmente catamarqueños y, por supuesto, Catamarca fue y seguirá siendo mi lugar en el mundo. Es más: hay un punto en el que yo viviría y que es Las Juntas, un lugar que me encanta.
 

-Queda claro que en tu elección la literatura le sacó amplia ventaja a la música.

 -Sí, ganó la literatura por lejos. A la fecha, tengo 32 libros publicados. Son 18 de poesías, 6 novelas traducidas al inglés y al italiano –ahora lo harán al idioma alemán- y 5 libros de teatro, más algunos otros que andan dando vueltas por ahí.
 

-¿Recuerdas tu primer libro?

 -Sí, seguro. Mi primer libro se editó en una imprenta de Río Tercero, Córdoba y era tal la modestia del hombre, que imprimía facturas y otras cuestiones, que ni siquiera le puso pie de imprenta al libro; después le tuvimos que hacer un sellito de goma para que quede en claro dónde se había hecho. El nombre de la publicación  fue “Clave para abrir la pajarera”, un libro de poesías. Siempre hice poesías hasta el año 1993. Era un joven veinteañero en una época donde todo era cárcel, todo era rejas, todo era jaula. El título del libro es la síntesis de una búsqueda de libertad.
 

-La rebeldía de los años setenta.

  -Claro. El libro se publicó en 1972. Recuerdo que lo presentamos en Catamarca con mucha fuerza, mucho retumbo. Mientras que en Córdoba, para que no hubiera problemas con la policía, tuvimos que hacer la presentación en la sede cultural británica. En esa reunión le convidábamos a la gente nueces confitadas. Ya estábamos marcando, con ese gesto, la esencia catamarqueña.

  -Estás radicado en Buenos Aires.

  -Sí, hace más de 30 años.
 

-¿Necesariamente hay que ir desde el interior a Buenos Aires para trascender, sea como deportista, artista o escritor, por ejemplo?

  -Si tomamos el momento actual, te diría de manera categórica que no. No hace falta. Pero había una época en que estaba muy de moda aquello de “Dios está en todos lados, pero atiende en Buenos Aires”. En mi caso particular, me fui por una cuestión docente. 

 

  -¿Ha llegado la hora de hacer tu balance y decir “misión cumplida, hasta aquí llegué”?

  -No. De ninguna manera. Estoy muy lejos de “misión cumplida”. Seguiré andando hasta que no me den las tabas. Me refiero a las tabas de la cabeza y a las abajo, claro. Acaba de salir un libro, hace un par de jueves, que se llama “78 RPM”. Son poemas cuyos títulos son de discos que compraba mi papá, de pasta y también los que me compraba mi mamá. Hay mucho Lolita Torres, Carlos Gardel, Alberto Castillo. Es un libro que está atravesado por la historia de Catamarca y por mi propia biografía. También lo atraviesa la políticamente de la época, de radicales y peronistas. Eran tiempos de la Catamarca de la convivencia, y eso es muy importante.
 

-¿Ya había grieta por esos tiempos?

  -Digamos que no era tal. En todo caso no era tan pronunciada. La inteligencia era caminar por la orilla para no caer en el precipicio, si lo hubiera. Se trata de acomodamientos y reacomodamientos que se dan en la vida de una ciudad, en base a la convivencia, algo que considero fundamental.

  -Nuestro comprovinciano Carlos Bazán escribió un tema en el cual dice: “algún día he de quedarme”, refiriéndose a Catamarca por supuesto. ¿Has pensando en regresar y quedarte para siempre?

  -Es que nunca me fui.

  -Como aquella frase de Aníbal Troilo…

  -Y, sí. Nunca me fui. Esta calle, la Sarmiento, que es mi calle, desde la avenida Belgrano hasta la Catedral (la casa familiar está ubicada por Sarmiento entre Belgrano y Perú), cuando la transito es como tomarle el pulso a Catamarca. Son seis cuadras, lo suficiente para ver cómo va creciendo, cómo va cambiando. Después, por supuesto, me hacen conocer los nuevos barrios y aquí quiero detenerme en algo: no puedo creer que no tengan nombre las calles, con la cantidad de gente que tenemos para honrar a partir de sus obras y de sus hechos.

 

  -Hay un eje conductor en tu obra literaria: vivir lejos de Catamarca y crear siempre pensando en Catamarca.

  -Te cuento: tengo tres sobrinos. Los tres viven en Catamarca y en el interior: uno en Piedra Blanca, otro en San Antonio y otro en El Bañado, porque ellos adoran Catamarca. Y ahí está mi respuesta. Ellos se retroalimentaron de lo que recibieron. No esa Catamarca de “empanada, locro y vino todos los domingos”, sino esa Catamarca profunda, que piensa, que siente, que palpita. Esa Catamarca que tiene una especie de gran garra agazapada, esperando el momento para hacer justicia, cuestión fundamental en definitiva. Algo así como poner las cosas en su lugar.

 

  -¿Cuáles son tus líneas de trabajo?

 -Tengo tres: una línea de trabajo en poesía, donde voy rescatando lo biográfico más íntimo, lo familiar; una línea de trabajo en teatro, donde rescato a través de monólogos personajes que hablan y cuentan y, finalmente, la línea de la novela, la que indefectiblemente está unida con la atmósfera, con el clima de Catamarca. Y cuando hablo de clima lo hago en todo el sentido de la palabra: clima social, político, moral, esa cosa de la moralina. Yo me fui de Catamarca porque un señor de los servicios publicó en el (ya desaparecido) diario El Sol, con la anuencia de un periodista, que en el Laboratorio de Idioma trabajaba fulano, primo de un guerrillero y un profesor “de discutida moralidad”. Muy artero, fue una herida. No lo dudé y me alcé a la mierda. Esa es la razón por la que me fui de Catamarca. Para discutir de moralidad, apelo a eso que dice “el que esté libre de pecados que arroje la primera piedra”.
 

-¿Has conocido la felicidad?

  -Sí. Pero me di cuenta que está hecha de pequeñas cosas. No hay un gran estado de felicidad de manera permanente. Son momentos de la vida que hay que disfrutarlos, como también la vida te da golpes terribles.
 

La obra de la gente

En determinado momento de la entrevista, Jorge Paolantonio se detiene un rato para hablar de una de sus grandes creaciones y recuerda: “En el año 1990 sale y echa a rodar la obra ´Rosa de sal´, con Blanca Gaete y Manuel Chiesa, un catamarqueño al que se le debe un gran homenaje, y el año pasado nos hicieron un reconocimiento por la vigencia de esa creación. Quiero decir que nos reconocieron aquí, y yo sigo en Buenos Aires. Es otro ejemplo de cómo una obra se desprende del autor y pasa a ser de la gente. Y eso es lo que realmente importa. Que muchos me identifiquen por esa obra, tiene para mí un enorme valor. Está claro que todos los autores tenemos un ego gordo, que camina con pies pesados, pero no me preocupa que algunos no me conozcan pero me identifican por “Rosa de sal”. No importa. El objetivo está logrado: que la obra haya trascendido. Mi línea fundamental, que en un principio es intuición y luego estrategia, está basada en la idea de testimoniar. No dejar que lo dialectal muera. No dejar que ese humor de idiosincrasia catamarqueña muera. Quiero que, a toda costa, la obra quede instalada en la gente. Todos mis personajes van y vuelven sobre el tema Catamarca”.

 

Recuerdo y gratitud a La Unión

Cuando Jorge Paolantonio hizo referencia a los años 70, nos pareció oportuno enfocar la charla en algo que hoy es una playa de estacionamiento: el diario La Unión, que por aquellos tiempos era también conocido como “la voz de los que no tienen voz”. Le preguntamos a nuestro entrevistado cuánto había significado en su vida profesional el querido y recordado diario La Unión. Así nos contestó: “Significó muchísimo, obviamente. No me olvido: la primera vez que publiqué en La Unión  tenía 16 años. Fue Hilda Angélica García quien me llevó al diario, porque tenía un tío que trabajaba ahí, el profesor Dimas García. Para mí, que todavía estaba en el secundario, fue todo un acontecimiento, una verdadera fiesta que me publiquen un poema. Además, sugirieron que podía ser ilustrado y como yo tenía un amigo que después fue arquitecto, Luis Yunis, le pedí que me hiciera un dibujo para ilustrar la publicación. Posteriormente me fui a Córdoba a estudiar y cada tanto mandaba algunos poemas al diario para que sean publicados. Lo mismo ocurrió cuando luego me fui a vivir un tiempo a La Pampa, siempre mis trabajos se publicaban. Lo cierto es que después de 17 años volví a Catamarca, alguien que estaba al frente de la administración de La Unión, un señor (Manuel Amancio) Millán nos contó la idea de crear una página cultural. Era la época de Dardo Lucero, Ada Cigno, Orieta Vera. Yo tenía una columna que se llamaba ´Astrolabio´, que tenía la particularidad de contar algo así como pildoritas de actualidad: se inauguró tal exposición, se ofreció tal concierto y recomendaba libros y casetes. Quiero decir que La Unión, en la parte cultural, fue realmente pionero. Muchos de los artículos que salían en La Unión se reproducían luego en La Gaceta de Tucumán. Es por eso que siempre tuve un gesto de gratitud para con el diario La Unión”.

 

  En pocas palabras

-Nombres y apellido: Emilio Jorge Paolantonio.
  -Edad: 70 años.
  -Padres: Jorge Víctor Hugo Paolantonio y Teresa Caminal.
  -Hermana: María Antonia (Mimí), profesora de Inglés.
  -Infancia: Siempre Catamarca y siempre la calle Sarmiento.
  -Barrio: El mismo lugar, la calle Sarmiento. Donde también vivían mis tíos, de apellido Corletti.
  -Estudios: Siempre en la escuela pública. En el mismo edificio, la Normal de Maestros Fray Mamerto Esquiú. Primario y secundario y luego me fui a Córdoba, me recibí y 17 años después volví a enseñar en el mismo lugar. Además, allí trabajaron durante 40 años mi madre y mi padre. Y ahora lo hacen mis sobrinas.
  -Amigos: Los grandes amigos de la infancia se fueron, de una forma u otra. Físicamente de este mundo, o bien están en otro lado.
  -Personaje admirado: Tengo una influencia muy fuerte de la figura de mi madre. En cuanto a los personajes, todos y ninguno a la vez. Te puedo hablar desde la Rosita del asfalto al viejo bicicleta; desde la Julia Brandan o a cualquier otro personaje. Me identifico mucho con los personajes de arraigo popular. Me encanta escuchar al catamarqueño que habla bien catamarqueño.
 

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Comentarios

21/10/2018 | 16:31
#3
Felicitaciones, querido poeta y escritor, por tu prolífica obra. Un gran abrazo.
21/10/2018 | 13:26
#2
Hermosísimo reportaje a mí querido amigo ,talentosisimo JOrgeamorariano PAolantonio
21/10/2018 | 09:18
#1
Grande Jorge. Catamarca te debe un reconocimiento.

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