HOY: PABLO LUNA

Cara a Cara: “IR A LA ESCUELA ERA COMO LLEGAR A UN INFIERNO”

domingo, 18 de noviembre de 2018 02:03
domingo, 18 de noviembre de 2018 02:03

Por Kelo Molas

Esta es la dura  historia de Pablo, un vecino de las 920 viviendas. A los 36 años decidió contarla porque, admite, ya tocó fondo. Tiene lo que se conoce como fisura labial (o labio leporino), un defecto congénito que lo llevó a sentir la discriminación de la peor manera.

Si bien su marca en el rostro no es la más profunda, sufrió la exclusión hasta llevarlo a su propio encierro. Vive en una casa con su madre (jubilada como ama de casa), su hermana sin trabajo y con un hijo, su hermano con problemas en el oído.

Donde sobran los sueños y falta el trabajo. Necesita una nueva operación, no tiene obra social –no la tuvo nunca- y hace changas para sobrevivir.

Es peronista (“De Evita y del general, lo máximo en política”, dice convencido), no le gusta la corrupción y dice que en este país se discrimina a los pobres. Hablar con dolor de la violencia que ejerció sobre él su padre, parte de un pasado que no puede superar. Dice saber “lo que es el  hambre y la pobreza, porque son cosas que conozco bien de cerca”.

Se llama Pablo  Martín Luna, soltero y sin trabajo. Es el protagonista del Cara a cara de este domingo. Carga sobre sus hombros el peso de la discrminación. Y tiene un sueño: formar una familia.

 

  -¿Qué recuerdas de tu niñez, ya con la marca en el rostro?

  -Hoy me viene a la memoria que fui operado a los dos años en Buenos Aires y después comencé a conocer lo que es la discriminación. La vida se me hizo mucho más difícil. Pero trato de sobrellevar esta carga y, hoy por hoy, me gustaría seguir con el tratamiento de mi labio leporino porque realmente creo que todavía tengo muchas cosas por hacer.

  -¿Cuántas operaciones te hicieron?

  -Dos de nariz,  y lo que es paladar y labio una sola vez. Me hicieron injerto y esas cosas. Pero todavía me faltan las operaciones de labio y encía.

  -¿En qué escuela estudiaste?

  -En la escuela de Choya. Allí hice la primaria y parte de la secundaria, ya que fui hasta segundo año.

  -¿Te costó mucho ir a la escuela?

  -Sí…sí. Padecía mucho la discriminación. Es más: tuve que pasar a la escuela nocturna por la discriminación que padecía. Me fui a la escuela de adultos para terminar la primaria porque, repito, se me hacía complicado seguir así. 
 

-¿De qué manera te sentías discriminado?

  -Por las miradas de los demás, especialmente de los otros chicos… y se me burlaban. La burla me dolió mucho. Además, tenía las secuelas en la cabeza por otro accidente que tuve.

  -¿De qué otro accidente estás hablando?

  -De un accidente que tuve trabajando en el campo. Conducía un carro en el que se transportaba leña. El animal se asustó, caí al suelo y el carro me pasó por encima. El peor golpe lo tuve en la cabeza (muestra una tremenda cicatriz). Tenía 12 años. Me quedó todo casi borroso. Recuerdo que después del golpe me levanté y que tenía un ojo (se señala el derecho) salido, todo para afuera, la cabeza prácticamente partida en dos y una quebradura en uno de los brazos. Después, no recuerdo más nada. Luego ya me desperté en el Hospital de Niños.
 

-¿Y qué hacías a los 12 años en el campo?

  -Trabajaba, allá en Bañado de Ovanta. Hacía desmonte y transportaba leña en el carro. Iba con mi hermano más grande, Luis, que es el que tiene problemas en el oído.

  -Hablando de tus hermanos, ¿uno de ellos también tiene labio leporino?
 

-Sí, es más chico que yo y se llama César Rafael. Tiene el mismo problema que tengo yo y fue operado, pero se cayó de una escalera y se volvió a fracturar el paladar. Posteriormente, a los 18, fue operado en el (hospital) San Juan Bautista y hasta el día de hoy nunca más se volvió a tocar esa operación. Y ahí quedó. Estaba la idea de que vuelva a ser operado en Buenos Aires, pero no pasó nada.

  -¿De qué vive tu hermano con ese problema?

  -Él tiene una pensión. Vive de esa pensión y de los trabajos que hace en construcción.

  -Volviendo a tu relato inicial ¿te fue imposible terminar la secundaria y resistir la mirada discriminatoria?

  -Se me complicó demasiado. La mirada diferente del otro era muy fuerte. Llegar a la escuela era para mí como llegar a un infierno. La mirada del otro era terrible.

  -¿Qué tenía esa otra mirada o que sentías vos?

  -Y… era diferente. No sé si era rechazo, pero era inevitable no tener presente esa mirada de todos y sentirla de manera muy agresiva. Y la vida se me hacía mucho más difícil. Recuerdo que solamente en pensar que tenía que ir a la escuela ya era un martirio y me repetía “no quiero ir, no quiero ir”. Lógicamente esa situación no me ayudaba a concentrarme en lo que tenía que hacer en la escuela y concluyó en que abandoné la escuela. Sinceramente, hoy me arrepiento por no haber terminado la secundaria. Es una deuda que tengo conmigo mismo y algún día completaré mis estudios secundarios.

  -¿Pensás en volver a la escuela?

  -¡Sí! Tengo que vencer eso de que el otro me está mirando. En una de esas no era tan así, pero yo me sentía observado en todo momento y eso me corría del eje de concentración. Y bueno, dejé de ir a la escuela.

  -Tal vez estabas influenciado por un fuerte prejuicio sobre tu problema.

  -Tal vez… puede ser. Pero debo decir que mucha gente me lo hizo saber, eso también es cierto. Mucha gente me hizo saber que tenía un defecto. Así como hay gente buena, está la otra… esa mirada que te hacía sentir distinto significaba un dolor muy grande.

  -Una de las etapas de tu vida incluye la búsqueda de una pareja. ¿Te resultó dificultoso?

 -Totalmente. A tal punto que muchas veces prefería estar solo y no acompañado. No me sentía cómodo con una compañía. El tema de la mirada del otro y tener que contarle toda la historia a mi pareja me hacían sentir muy mal. La verdad es que tengo un pasado que no  puedo superar y eso me dificulta tener relaciones sociales y de pareja. Me cuesta demasiado relacionarme.

  -¿Todo lo relatado tiene que ver con que sos soltero y no tengas una pareja?

  -Actualmente padezco la soledad y la depresión.

  -¿Te gustaría formar tu propia familia?

  -Sueño todavía con formar una familia, no es algo que se haya alejado de mí. Tener una mujer, un hijo, algo muy lindo. Pero el problema lo tengo yo. Ahora al rechazo lo tengo yo. Porque prefiero resguardarme en la soledad. Hice terapia, pero no me pude sobreponer a la depresión y la ansiedad. Hoy canalizo todo a través del deporte, salgo a correr y también hice boxeo. Puedo decir que el deporte me salvó la vida. Muchas fueron las veces que estuve tirado en la cama sin ganas de hacer algo.

  -En esas crisis depresivas, ¿qué fue lo peor que se te cruzó por la cabeza?

  -Muchas cosas. Pero nunca se me cruzó quitarme la vida. He llorado mucho, es cierto, pero soy un tipo que lo que más quiere en la vida es vivir y salir adelante. Una de las cosas que más anhelo es tener un trabajo para poder salir adelante y ayudar a mi madre. A esto de las cicatrices me las voy a llevar toda la vida, lo mismo que el pasado, pero todo sería más fácil si tuviera un trabajo. Hice de todo: jardinero, pintor, trabajé en la construcción, en seguridad y siempre la paga fue muy poco. Tuve maltrato y rechazo laboral. Y tengo mi carácter: cuando me sentía violentado por algún jefe, renunciaba de inmediato. Creo que una persona necesita un trabajo para integrarse en esta sociedad y para vivir dignamente. Todas las mañanas salgo de mi casa pensando en lograr un trabajo. Nunca tuve una obra social y nunca tuve ayuda de ningún gobierno ni de ningún partido político. Te cuento algo: he pedido  trabajo a los políticos y me salieron hablando de la crisis. ¡Yo también sé que estamos en crisis! Voy a buscar una solución y termino escuchando el llanto de los políticos. A la crisis la padecemos todos, es cierto, pero más la sufren los que no tienen trabajo.

  -¿Has tenido amigos que siempre te pusieron el hombro?

  -Tengo pocos amigos que son muy buenas personas, gente muy buena. Pero claro, también tienen sus problemas. Lucho por mi cuenta porque me siento capaz.

  -¿Por qué decidiste dar a conocer tu caso?

  -Porque mi vida tocó fondo. Porque la discriminación existe y duele. Y para que haya más igualdad entre los ciudadanos. Porque más allá de que tengamos un defecto físico, somos personas normales, decentes y  lo único que queremos es trabajar. Aprovecho para agradecerle a mi madre la educación que me dio y que me sirvió para no desviarme en el camino.

  -¿Sos un hombre de fe?

  -¡Sí! Recurro siempre a la Catedral a rezar y pedir ayuda, ahora mismo vengo de allí. Apoyarme en Dios y la Virgen del Valle me da mucha paz. Se padece mucho la angustia de no poder alcanzar algunos logros, como el trabajo por ejemplo. Es una angustia muy cruel que hasta el día de hoy lo siento. Pero quiero hacer algo por mí, por eso sigo luchando.

  -¿Te tocó vivir uno de esos días que se escucha la frase “hoy no tenemos para parar la olla”?

  -Nos pasa en nuestra casa. Es triste decirlo, pero muchas veces no llegamos para poner algo a la olla. Duele que una persona tenga que pasar hambre. Por eso pienso que mientras no consiga un trabajo estable, no puedo pensar en traer un hijo al mundo.
 

Una grave denuncia

La charla con Pablo Martin cayó en un punto que aseguramos le sirvió para un desahogo personal que seguramente lleva guardado hace muchos años. Cuando nos dijo: “la verdad es que tengo un pasado que no puedo superar”, notamos que había algo más que quería contar. Y le preguntamos cuál era la peor carga de ese pesado que lo agobia. Esto respondió: “La violencia que padecí con mi padre (J.A.L.). Fue un tipo muy violento y desde muy chico yo tenía que trabajar duro para ganarme un pan y un mate cocido. Esto mismo padeció mi hermano. Y también mi madre”. Le consultamos si su padre había cambiado de actitud con el paso de los años y Pablo Martín nos contestó: “No tengo relación con mi padre y no se lo perdoné nunca. No lo veo hace 16 o 17 años y tampoco quiero verlo. Me marcó la vida, psicológicamente y físicamente. Hubo por parte de mi padre una fuerte violencia física y verbal. El accidente que tuve a los 12 años fue por su culpa, es responsabilidad de un tipo mayor que obligaba hacer trabajos duros a un niño. A este mismo testimonio lo pueden dar mis hermanos, porque todos padecimos la misma violencia”.
 

La marca de la discriminación

Hace algunos años, allá por el 2011, el diario La Nación abordó el tema del labio leporino e insertó un par de testimonios de cómo vivieron los que nacieron con  ese defecto y cómo repercutió el hecho en el ámbito familiar. Cuenta el informe que Natalia Chaparro (36), hace años que trabaja como recepcionista en la Asociación Piel, una institución que realiza tratamientos para pacientes con fisura de labio y paladar (labio leporino). Allí se siente como en su casa, es uno de los pocos lugares en los que no se percibe observada, discriminada por su marca en la cara. Llegó allí porque no quería repetir la historia de su vida: ella nació con labio leporino y empezó a tratarse tarde y con especialistas que la sometieron a 9 operaciones, la última fue a los 19 años. Relata Natalia: ´Yo le pedía a mis padres que me volvieran a operar porque no aguantaba la mirada de mis compañeros de la escuela; me cansaba de responder sobre porqué tenía la cicatriz, porqué no hablaba bien´, recuerda. Aun hoy cada tanto se lleva la mano encima de la boca, en ese cordoncito arrugado que le marcó la vida. Sigue contando: ´Con todas las operaciones que tuve igual conseguir trabajo siempre me fue difícil, las relaciones de pareja también me costaron mucho´, reconoce. Cuando se enteró de que su hijo, Juan Ignacio, nacería con labio leporino, en lugar de desesperarse o deprimirse se puso en acción de inmediato. Así fue que se contactó con Asociación Piel: recién nacido, su hijo pudo usar un aparato para reacomodar las estructuras labiales y de paladar; a los 3 meses tuvo la primera de las 3 operaciones. ´Ahora tiene 9 años y hace una vida normal; esa es apenas una marca y no lo perjudicó en su vida social como a mí´, cuenta su madre. Otro caso: Cuando a Ever Núñez le pidieron que saliera de la sala de partos porque “había complicaciones”, se imaginó lo peor. “Los médicos estaban tan asustados como nosotros, no sabían cómo decirnos. Vivimos un shock muy fuerte con mi esposa cuando nos dijeron que tenía esta malformación”. Mientras, Diana, de dos meses y medio, toma la mamadera en brazos de su madre en la sala de espera del médico que la atiende. La familia ya está tranquila, los dos creen que lo peor ya pasó: están en tratamiento y confían en que su hija pueda corregir su fisura. En la boca de Diana se ve un aparato que usa siempre como un chupete y que sólo se lo retiran para higienizarlo después de la comida. El Dr. Ricardo Bennum, creador de este dispositivo, explica que cuando el niño nace tiene una comunicación entre la nariz y la boca como consecuencia de la fisura, entonces necesitan colocar una placa palatina para cerrar esta comunicación. Dice: “Si a esta placa le acoplamos un aparatito para ir trabajando los tejidos de la nariz, del labio y vamos haciendo que éstos se reacomoden va a ayudar para que la cirugía que hagamos al tercer mes de vida sea mucho menos agresiva y con mejores resultados”, comenta el especialista. La cirugía se realiza para completar el paladar antes del año, es decir antes que el bebe emita los primeros fonemas; de este modo se evita que el niño tenga que concurrir a una reeducación para conseguir un buen lenguaje. “El tratamiento finaliza a los 6 años, edad en que el niño ingresa al primario, el momento en que debe relacionarse con sus pares y una instancia clave para que no inicie una vida de discriminación”, concluye el médico.

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0%
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Indiferencia

Comentarios

29/11/2018 | 01:45
#5
Dios mio las mentiras que se dice acá, si supieran lo que es realmente si vivieran en el barrio y vieran todo lo que hace y lo que es esta persona que sufre de discriminación adonde? Es una persona mal llevada agresiva tanto física como verbal quiera que pregunten acá en el barrio hablen con los vecinos que hablen con sus hermanos si es que se animan a hablar ellos y le diga como es el realmente es triste ver esto ver que miente en tantas cosas espero que vengan y hablen con los vecinos pregunten bien cuantas veces miles de veces vino la policía a su casa pero lo que pasa realmente es que ningún vecino va a animarse a hablar por el miedo que le tienen a el
28/11/2018 | 22:02
#4
No se puede creer lo que estoy leyendo en esta entrevista, que halla individuos como este que miente y quiera haser creer que es una víctima!!! Como periodista averigüen en la judicial yy a los vecinos que clase de personaje es este individuo. Persona agresiva, no trabaja, hase unas changas y se la gasta el bebidas alcohólicas, ejerce violencia en su familia Averigüen todas las denuncias que tiene y tiene una orden de desalojo!!!
28/11/2018 | 21:52
#3
Averigüen bien primero no todo es verdad y ojalá vengan al barrio y pregunten a los vecinos como es el realmente más de uno va a hablar de él lo que es realmente o vayan a la judicial y vean las denuncias que tiene!
18/11/2018 | 11:14
#2
Excelente Nota Quelo. Para tomar conciencia de los dolores que causa la exclusión.
18/11/2018 | 09:37
#1
Es muy triste saber que la sociedad te discrimina. y q no hay nada cambiarlo . sobre todo cuando el trabajo dignifica a la persona moralmente y espiritualmente. tendría que existir un control más específico con esas personas que sienten el rechazo ,valorar la vida de los demás .

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