Cara a Cara: Lorenza ya no está tan sola

domingo, 09 de diciembre de 2018 01:20
domingo, 09 de diciembre de 2018 01:20

Por Kelo Molas

 

Bajó del cerro y ya no se sintió sola. Siempre tuvo gente a su alrededor que le manifestó su cariño, su respeto y su admiración durante su estadía en la Capital. La mujer del cerro. La que le pusieron otro apellido: Sola, por su elección de vida de pasar los años entre los cerros de Río Grande solamente en compañía de sus llamas, a donde hay que hacer 15 kilómetros a lomo de mula desde Tatón (Fiambalá).

Chiquita en su contextura física, enorme en su desafío de vivir en donde el frío es nieve y viento, y el sol quema la piel. En el 2009 la Cámara de Diputados le rindió homenaje por su ejemplo de vida. En el 2016 tuvo su reconocimiento en el Primer Encuentro de Pueblos Originarios Andinos, donde la gobernadora Lucía Corpacci dijo de ella: “Es la memoria viva de nuestra cultura e historia como pueblo”.

Ese mismo año, la Secretaría de Cultura la distinguió como la más  votada entre las mujeres catamarqueñas. Preserva sus ideales del acecho de las redes sociales y de posibles grietas que puedan amenazarla. Ignora, por suerte, de las miserias políticas. Tiene la mirada tierna y su carta de presentación es un largo abrazo, de esos que se dan los amigos cuando se reencuentran después de un largo tiempo. Acto seguido, abre sus manos y le “echa” una bendición, casi a modo de pacto de amistad. Sus manos callosas, esas que guardan inviernos, años y tempestades, se vuelven suaves y protectoras cuando aprietan la mano del recién conocido. Su rostro moreno parece iluminarse y emocionarse a través de dos ventanas chiquitas que son sus ojos transparentes.

 Así conocimos a Anita Lorenza Mamaní, o “Lorenza Sola”, la mujer de la montaña, de su Tatita Dios y su Pachamamita, con sus diminutivos que indican cariño y respeto, el mismo cariño y respeto que siente por la madre tierra que acompaña su existencia a más de 4 mil metros de altura. Tuvo entre nosotros una agenda importante: recibió su nuevo documento de identidad, visitó Casa de Gobierno, a la Virgen del Valle en su Catedral y se realizó un chequeo médico. Para ayer estaba prevista una intervención médica para colocarle un nuevo marcapaso. Nuestro reconocimiento a los buenos oficios de la abogada Laila Saleme para contactarnos con Lorenza y su grupo. Bienvenida sea Lorenza, ahora “de todos” a nuestro espacio.
 

 

-¿Extraña ahora el lugar dónde vive?

 -Vivo extrañando. Aquí estoy contenta…pero extraño.

 

  -Imaginamos que extraña a las llamas, que son su compañía.

  -Y sí…todo. Ya me quedan poquititos animales. Todo se acabó, porque ya no puedo ver bien. Tenía mucha hacienda, tenía todo. Todo se ha “jodío” porque ya no puedo cuidar…es una cosa, y ya es otra cosa. Los animales se van con otra hacienda y ya no tengo como buscarlos…ir a “campiar”…y ya se han ido, ya se han “perdío”. ¡Vaya uno a saber dónde se habrán ido! Mi quedao´ con la haciendita chica.

 

  -¿Por qué decidió quedarse a vivir sola en el cerro?

  -Como ahí i´nacío y mi´criao…y ahí estoy. Yo no tengo, digamos…ni familia ni nada. Yo no me muevo de ahí…de la casita que me dejó mi mamita. Ella ha muerto pa´lao´del pueblo, yo no i´bajao, no i´podío…

  -Conocemos de mucha gente que le tiene una fe muy grande a Usted. ¿Lo sabía?

  -¿Ah, sí? No sé…me ha dicho un mediquito que i´nacío con un arte,  que tengo un arte…Yo i´quedao solita con mi mamita hasta el último. Yo i´sio guapa, muy guapa…i´andao entero hasta qui´quedao´solita. Tenía mi burro…puede ser por ahí alguna envidia…pero io´ i tenío mis cosas trabajando. Toda la gente me quiere…me ha dicho que i´nació con arte… (Insiste pensativa).
 

-¿Puede ser el arte de sanar?

  -Eso…También me ha dicho que yo iba a ser una buena médica…una buena médica iba a ser…Y que estoy en la gracia de Tatita Dios me ha dicho (deja escapar muy suavemente como una oración, como algo que le pertenece solamente a ella, sin dejar de mirarnos y con el ademán en las manos como para impartir una bendición).

 

  -¿Cómo siente eso de vivir en gracia de Dios?

  -¡Y claro, estoy con Tatita Dios! (vuelve a murmurar como una oración) Y la Pachamama.

 

  -Usted vive en contacto directo con la Pachamama, es su amiga.

  -Así será, claro. La tierra…Pachamamita…yo la tengo conmigo.
 

 - ¿Todavía cocina?

  -La comidita del cerro, aquí en la ciudad ya no…porque ya es otra, otra vida digo.

 

  -¿Recibe visitas allá en el cerro?

 -¡No! No llegan…El único que me visita es el que le digo que me atiende…no es familiar mío, es de otra familia. Se llama Ceferino… ¡aquí anda! (en esos momentos Ceferino no se encontraba en la casa donde se realizó la entrevista).

 

  -¿Espera la Navidad o el año Nuevo?

  -Claro…yo lo espero, con la Pachamama (Se va de la pregunta para contarnos que tiene problemas en las manos y los pies, pero que confía en andar bien gracias a Tatita Dios y la Pachamama, “y tengo que curarme como me ha dicho el médico”).
 

-¿Cuántos años tiene?

  -Dicen que noventa…

  -¿Cuándo cumple años?

  -No me acuerdo, pero dicen que en noviembre. ¿Usted es de aquí nomás? (nos sorprendió con la pregunta y sonrió y asintió con la cabeza cuando le respondimos afirmativamente).

  -¿Usted cuida mucho su espacio, su mundo allá en el cerro?

  -Será…tengo que nombrar a Jesucristo, a la Pachamama. Me salvan mucho… (Vuelve como a rezar por lo bajo).

 

-Nos contó un pajarito que Usted sabe cantar. ¿Es cierto?

 -¡Cuánto! Cuando era chica sabía cantar.
 

-¿Cantaba vidalas?

  -En las fiestas de vidalas, hermosas.
  (A pedido del dueño de casa, Walter Bustamante, pronunció una bendición)

  -(Nos agarra fuerte la mano con una ternura increíble) Eche una bendición mi Tatita Dios a toda la gente de la ciudad, porque todos son buenos conmigo…eche una bendición mi Tatita Dios, mi Pachamamita, Tatita Jesucristo, mamita Santa María…ahí están, en la luna. Son padre y madre para nosotros, para toda la gente. Tatita Dios nos ve a todos…eche una bendición a todos.

  -¿Y no tiene miedo de vivir sola en el cerro?
  -¡Qué viá tené miedo! Mi´criao´solita con cabras, ovejas y todo…Ahí nacío y mi criao´ yo, en el campo. Por aquí no me acostumbro.
 

Paz, sabiduría y valentía

El mediodía del pasado miércoles, en la casa de Walter Bustamante, un grupo de personas se dieron cita para acompañar a Lorenza en su estadía en esta Capital. Allí dialogamos con Marcela Brandán (profesional de la salud), Laila Saleme, abogada y Walter Bustamante, profesor de Educación física. Así opinaron de la ilustre visitante:

  *Lic. Marcela Brandán (Del área de kinesiología del ministerio de Salud de la Provincia): “Cuando la conocía en el 2016, me causó admiración su sencillez, su valentía,  la transparencia de su mirada, su fortaleza, la alegría, amor y paz que irradia. Sus conversaciones, simpleza y diligencia. Volver a encontrarse con ella es un privilegio de pocos. Dios la colme de bendiciones y buena salud. Es una maravilla, su dulzura, su sabiduría, la paz que transmite. Volver a verla es algo impagable”.

 * Dice Laila Saleme: “¡Lorenza! Mujer de los cerros, de cuerpo pequeño, tu rostro es tierno, liso y quemado por el sol y el viento de la montaña. Tu mirada está llena de misterio, tus ojos cuando miran brillan; tu voz es suave y pausada y llena de sabiduría. Lorenza vive sola, allá en lo alto del cerro, su paraje se llama Río Grande, queda al norte de Fiambalá (Tinogasta-Catamarca). Se le conoce como el corral de Lorenza, está a más de 4000 metros de altura. Ella vive solo con sus llamitas, por eso todos la conocen y la llaman ´La Lorenza sola´. Pero ella no está sola ni se siente sola. Ella se siente feliz y acompañada de la Pachamama y de sus llamitas.  Lejos de su cerro siente pena, ´me duele la cabeza, me aturdo, extraño mi cerro y mis llamitas´. Hoy me tocó la magia y pude conocerla. Bendecida soy por conocerla y bendecida por ella en nombre de Dios que nos da todo y de la Pachamama. Benditas seas Lorenza. Tu bendición vivirá en mi memoria y en mi corazón”.

  * A su turno, Walter nos contó: “Soy de Fiambalá y docente de Educación Física. Por ahora estoy en esta Capital. Años atrás, cuando se le comenzó a dar importancia al turismo, andaba buscando circuitos y conociendo la zona. Lo único que me falta conocer era la cordillera de San Buenaventura. Con un grupo de amigos decidimos llegar a esa cordillera, meternos y estar un par de semanas. Y en lo que andábamos por los cerros me entero por la gente que en determinado lugar había una señora que vivía sola. Como nos movíamos en mula, dijimos ´vamos a verla´ y fuimos. De esa manera llegamos a donde vivía Lorenza. La encontramos prácticamente ciega, solita y con problemas de cataratas. La verdad, estaba muy mal, lloraba mucho. De esto hace como diez años. Estuvimos un par de días haciéndole compañía y luego bajamos al pueblo, pero nos quedamos muy preocupados por esa viejita que estaba sola y casi ciega. Nos organizamos con los amigos, la fuimos a buscar y bajamos para la ciudad. Es muy difícil bajar desde donde vive, es un puesto en Río Grande y hay que andar 13 o 15 horas a lomo de mula. Aquí se hizo operar de cataratas, estuvo un mes y luego la llevamos a su lugar. Luego comenzamos a visitarla dos veces por año para llevarle mercadería y ropa. En una ocasión la volvimos a encontrar enferma. Se había desmayado y se había caído. Vive muy sola. Antes tenía un corral enorme con llamas y cabras. Hoy solamente le quedan unas llamitas. Lo que pasa es que bajan los leones del cerro, se meten al corral y se comen los animales”.
 

 

“Y llora cuando te vas…”

  El poeta tucumano Carlos Alvarado, “porque el norte también existe”, se inspiró en la mujer de la montaña y escribió “La Lorenza sola”: 

  “82 años, coya  solitaria en Catamarca, 4.000 m de altura, Río Blanco al NE de Fiambalá.
En las manos de Lorenza
Hay un crujido de piedras que el agua rasga.
Esas manos lucen como corral de pircas
Pilas de piedras donde se agrupan llamas.
Y en los resquicios, 
Besos de musgos,
Mullidos suyos…
 Su palabra se queda enredada
Entre jirones y botellas plásticas vacías
Cencerros que alejan pumas
Cuando el miedo trepa y la noche zumba.
 Se apaschan las nubes en sus corrales
Como pellones que enturbian ojos
Lorenza se sabe sola
Sin hombre y sin hijo
Sin el nombre de mamá.
Un largo preámbulo de asombro
Exige la visita, la Lorenza está sola
Y se le hace duro el hablar.
Un puñado de llamas ´mansitas´
La acompañan y esquilan penas
Llamas de Coquena, las del trashumar.
 A Pachamama, un rincón de piedra
Le asigna Lorenza en su heredad, 
La Madre la acompaña y la cura
La Madre es atenta en verdad
Se queda sola Lorenza…
Cuando canjea lo suyo
A duras penas…
Y llora profundo cuando te vas…”
(Septiembre de 2012)
 

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Tristeza
0%
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3%
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Comentarios

10/12/2018 | 15:18
#2
Me sorprende el grado de hipocresía de algunas personas!!! Se asombran y admiran de esta historia habiendo un montón para contar,creén que por vivir en orbe ya pueden opinar flácidamente de los reales lugareños
09/12/2018 | 10:05
#1
Maravillosa mujer catamarqueña, hermoso y emotivo artículo de Kelo Molas como así poema de Alvarado.

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