Cara a cara

La mejor herencia recibida: el trabajo y la honestidad

Hoy: Walter D’Agostini.


Es integrante destacado de una caracterizada familia catamarqueña. Amante del deporte motor, conoció el podio en más de una oportunidad. Así en la vida como en los “fierros”. Hoy, su hijo Augusto sigue apretando el acelerador en el nombre del padre. Está casado con Nora Inés Carrizo y habla con orgullo y gratitud de su papá Ottorino y su mamá  Noemí Adami, los que le legaron la mejor herencia: trabajo y honestidad. Empresas como Hormicat (construcción), Autovía (rubro automotriz), El Constructor (rama inmobiliaria), un complejo de canchas de pádel y fútbol de césped sintético y un corralón, entre otras actividades empresariales, tienen el sello inconfundible del crecimiento nacido desde el esfuerzo laboral y representan fuentes de trabajo para más de 300 familias. A los 58 años, está dispuesto a incursionar en política, “en la medida que pueda ser útil a Catamarca”, dice. En este Cara a cara tiene la palabra un vecino distinguido de Villa Cubas: Walter Augusto D´Agostini.  
  -Tu padre marcó una huella en la vida. ¿Considerás que la estás transitando?
  -Creo que nuestro padre nos dejó la enseñanza de todo lo que había traído de Italia. Y la principal enseñanza fue el trabajo. El trabajo y la honestidad fueron lo primero que nos inculcaron nuestros padres. Ellos vinieron con un idioma y una cultura muy distintas a las nuestras, en una época –allá por 1950-, pos 2da Guerra Mundial, muy dura. Formaron parte de aquella corriente de inmigrantes y, como suele decirse, “vinieron con una mano atrás y otra adelante”. Mi padre siempre recordaba que lo único que traía de Italia eran “las ganas de trabajar y una bolsa arpillera llena de trapos viejos”. Papá fue durante cuatro años prisionero en las minas de carbón de Alemania. Nos contaba que tenía 48 kilos cuando salió del campo de prisión y cuando fue liberado volvió a su pueblo de Italia, Campoformido, provincia de Udine. Se encontró con un pueblo devastado por la guerra, sin trabajo y sin siquiera tener para comer. Europa estaba pasando una crisis terrible y mi viejo tomó la decisión de venirse. En realidad, la idea era venir a América, sin determinar un lugar en especial. Entonces, cuenta que se subió a un barco y cuando parecía que se bajaba en Río de Janeiro para trasladarse luego a San Pablo, donde tenía unos amigos, siguió hasta el puerto porteño y ahí recaló. 
  -Está claro que no tenía un destino fijo.
  -No. Podría haber tomado cualquier otro rumbo, porque la idea principal era desaparecer de Europa por la gran crisis que había allá. Mi padre estuvo un tiempo trabajando en Buenos Aires, vivió en La Boca y obviamente se hizo hincha de Boca. Después, por un contrato, vino trabajando haciendo el camino La Rioja-Aimogasta y Aimogasta-Catamarca; él trabajaba de albañil. Y le gustó Catamarca y se quedó. Además, recordemos que había aquí una comunidad grande de italianos, entre ellas las familias Bizzotto, Bernardi, Brunello, De Tina, Marchetti, Trentini, que eran varios hermanos, Prevedello y muchas otras.
  -Trabajo y honestidad: la gran herencia recibida.
  -Fue sobre lo que siempre, desde chicos, nos marcaban: laburo y honestidad. Estamos hablando de hace 65 años más o menos, con todas las limitaciones que tenía Catamarca, cuya capital prácticamente estaba mayormente habitada y con la mayor actividad entre los cuatro bulevares, más por supuesto lo que se conocía como Las Chacras. Mamá y papá llegaron sin conocer nuestro idioma y menos nuestras costumbres, por lo que no les fue fácil la adaptación. Tampoco fue fácil incorporarse social y laboralmente. Tenían, digamos, las barreras propias de la gente que viene de otro país, con otra cultura. Como te decía, papá era albañil y mamá ama de casa. Ella, para hacerle frente a la crisis económica, abrió un almacén que lo tuvo durante muchos años. El almacén funcionaba en nuestra casa en Villa Cubas, ubicada por calle Camilo Melet, a 50 metros de donde estaba la fábrica de fideos “Ambato” (hoy están las oficinas de Eca). Mientras tanto, mi padre se dedicaba a las tareas de albañilería. Debo señalar que él tuvo un accidente muy grande mientras repara un motor en la usina. Se quebró la cadera y un brazo, que lo dejó casi un año en cama. Por supuesto, en ese tiempo la pasamos muy mal. Mi madre con la despensa aguantó todo en una época en la que no teníamos obra social. Nosotros éramos cinco hermanos chicos, por lo que la situación era bastante complicada. Éramos una familia de extranjeros que no tenía familiares acá. Sí teníamos amigos, con los cuales nos dábamos una mano entre todos. Fueron años muy difíciles aquellos.
  -Sin olvidar la época de estrechez económica, con trabajo y esfuerzo la familia fue progresando.
  -Resulta indudable que tuvimos un crecimiento en la vida, en muchos aspectos. Pero más allá del desarrollo económico que pudimos alcanzar, nunca perdimos de vista los valores que nuestros padres nos legaron. Los valores del trabajo, del esfuerzo, del sacrificio, de fijarse metas, son cosas que nunca hemos dejado de lado. Lo que nos enseñaron desde chicos hoy lo cuidamos y lo llevamos con nosotros como algo normal.
  -¿Tuviste la oportunidad de conocer el pueblo donde nació tu padre en Italia?
  -Sí, yo fui varias veces. Tuve la oportunidad de traer a dos hermanos suyos a Catamarca. Mi padre tenía un hermano mellizo, de nombre Ernesto.
  -En más de una oportunidad tuvo el ofrecimiento de incursionar en política, sin embargo no aceptó. ¿Por qué?
  -Es así. Nunca fui un militante de determinado partido político, pero de distintos sectores me tuvieron en cuenta y me tentaron para ocupar algún cargo. No acepté porque considero que no estaba aún en una etapa lo suficientemente madura para hacerlo. Primero estaba la meta de seguir adelante con  los compromisos empresarios asumidos, además de tener una familia que también fue una prioridad. Cosas que me limitaron para tomar decisiones en su momento. 
  -Si se presenta hoy la ocasión de algún ofrecimiento de carácter político, ¿aceptaría?
  -Puede ser… es posible. Por sobre todas las cosas, tendría que ver cómo uno puede insertarse en el ámbito político. Seguramente aceptaría no por el afán político en sí mismo, lo haría por todo lo que la quiero a Catamarca, porque Catamarca me dio muchísimo. Lo digo con mucho orgullo y sentimiento, sigo la línea que siempre sostuvieron mis padres: nosotros somos catamarqueños antes que italianos. Porque tenían una enorme gratitud por esta tierra que los acogió y les dio la posibilidad de formar una familia y crecer. Ellos vinieron y entraron a Catamarca como si hubiesen entrado a la casa propia.
  -Si tienes la posibilidad, ¿te irías de Catamarca a vivir en otro lado?
  -No. Nunca. Catamarca es mi lugar en el mundo. He tenido oportunidades de irme muchas veces, he tenido la suerte de viajar y conocer muchas partes del mundo, pero no se me cruzó la idea de irme a vivir en otra parte. Una anécdota: cuando falleció mi madre me fui a Italia. Y en broma les dije a mis tías que iba a buscar la herencia. ¡Se la tomaron tan serio que pensaron que yo me quedaría a vivir en Italia! Y en la realidad, nada que ver.
  -Otro rasgo distintivo en vuestra familia está relacionado con la fe y la religión.
  -Mi madre nos inculcó, también desde muy chicos, lo que significa la Virgen del Valle. En uno de los camiones con los cuales competí deportivamente, llevó la imagen de la Virgen del Valle, al igual que en los autos de carrera. Así fue toda la vida: mis padres eran muy devotos de la Virgen del Valle. Nos llevaban a la procesión desde que éramos niños: fue algo que siempre valoré. Me llena de satisfacción y orgullo que nos inculcaran la religión católica y la profunda devoción por la Virgen del Valle.
  -El deporte, especialmente, el automovilismo, te tuvo como destacado protagonista.
  -Me gustó siempre el deporte individual, de manera especial los “fierros” y, al igual que mi padre, me gustó siempre el ciclismo, actividad a la que me dediqué ya siendo grande, siempre en carácter amateur, practicando dos o tres veces por semana. También corrí tres Rally Dakar, dos en camioneta y uno en camión. Para mí esas fueron experiencias únicas. Asimismo hice motociclismo y automovilismo. Fui a correr incluso en Europa. Y ahora tengo un hijo, Augusto,  que también está corriendo. Recuerdo que tenía 14 o 15 años y mi hermano me prestó una moto, una DKVW. Me animé y salí a correr carreras… y bueno, me quedó el gustito. Claro que, como mi padre, siempre me gustó el comercio y trabajé en ello toda mi vida.
  -Otra de tus características sobresalientes es tu condición de muy “amiguero”.
  -Gracias a Dios, tengo muchos amigos y mucha gente que me aprecia. Debo decir que me siento una persona útil para la sociedad y alguien que nunca pensó en alguna acción que pueda afectar a otro. Bajo ningún punto de vista.
  -Gente de corazón generoso los  D´Agostini…
  -Es otro legado de mis viejos. Pienso que será por el sufrimiento que ellos padecieron, algo que posteriormente les enseñó en la vida a brindarse por los demás. Mi padre lo repetía siempre: “Si podés hacer algo por otra persona, no dudes en hacerlo”.
  -¿Qué querés, por último, para tu Catamarca?
  -¡Tantas cosas! Es tanto lo que siento por Catamarca que no solo que no me fui a vivir en otro lado, sino que además invertí todo mi capital en esta provincia. Quiero lo mejor para todos los catamarqueños por igual. Que puedan hacer realidad los mejores sueños.
 

El fútbol, la otra pasión de su padre

Además del trabajo, don Ottorino D´Agostini tenía otra pasión: el fútbol. Lo recordamos en el viejo estadio de la Liga Catamarqueña con el puño cerrado y el grito de gol a toda garganta cuando jugaba su equipo favorito.  Así lo recuerda Walter: “Un verdadero fanático por el fútbol. Su fanatismo lo demostraba de manera especial por Villa Cubas y por Boca Juniors. Y también por los equipos que representaban a Catamarca en los llamados torneos regionales que se jugaban antes. Yo era chico y me llevaba a la cancha, no se perdía un partido. Incluso iba a Tucumán, Santiago del Estero y La Rioja, por ejemplo, a todas las canchas donde jugaba un equipo catamarqueño. Por supuesto, ni hablar cuando jugaba la selección italiana. Cuando mi padre era joven, le encantaba ir a ver los partidos de baby fútbol, incluidos los que se jugaban en el Ateneo Mariano Moreno, en el departamento Valle Viejo”. Se emociona mucho Walter cuando trae al presente la figura de su padre. Ante una consulta, respondió: “Él muere -hace un poco más de 20 años- a raíz de una insuficiencia respiratoria. No era un fumador. Tenía problemas de salud por los años que estuvo prisionero en las minas de carbón, en Alemania. Eran épocas de la guerra, cuando las vidas de las personas no importaban un carajo. Te imaginas: todo el polvillo del carbón le fue dañando los pulmones. Y mi madre Noemí falleció por una insuficiencia cardíaca al poco tiempo que dejó de existir mi viejo. Fue gente que sufrió mucho en la vida, partiendo desde el mismo momento que debieron dejar sus familias para alejarse del espanto de la guerra. Después, era muy difícil establecer contacto con la familia que estaba en Italia; eran tiempos que no teníamos las comunicaciones que tenemos ahora”.
 

“Somos villacubanos netos”

No cabe ninguna duda: la familia D´Agostini está totalmente identificada con el populoso barrio Villa Cubas. Sin disimular orgullo, Walter dice: “Somos villacubanos netos”. Y haciendo gala de un gran sentido de pertenencia a ese sector Oeste de la ciudad, contó: “Yo estudié en la ENET N° 1, la ´industrial´, mi padre fue dirigente de Villa Cubas, club del que somos todos fanáticos, el primer negocio de materiales de construcción que puso mi padre fue en la zona (Villegas y avenida Ocampo) y a media cuadra estaba la COTCA (Cooperativa de Transporte Catamarca). Diría que era la zona más pujante de la ciudad. Por la Ocampo arriba estaban  los filtros de Obras Sanitarias, donde hoy funcionan las oficinas de Aguas Catamarca Sapem; la usina, hoy Energía de Catamarca; El Molino, donde estaba instalada la fábrica de Crush, también por avenida Ocampo; la fábrica de fideos ´Ambato´, los locales de las sociedades Italiana y Española, el club Montmartre (Ocampo y Colón). Estamos hablando de un sector con mucha pujanza y mucha actividad comercial. En una época, justo frente del club Villa Cubas había un molino y después había una fábrica de soda, donde actualmente yo tengo las canchas de pádel y de fútbol, más Autovía S.A. (concesionaria oficial Volkswagen). Por la Ocampo bajaba un canal que llevaba agua a La Alameda. El barrio más antiguo y que más sobresale hoy es Villa Cubas, y a eso hay que darle un valor especial. También está la Manzana de Turismo. Siempre a Villa Cubas se la identificó desde la avenida Urquiza (hoy Virgen del Valle) hacia el Oeste”. Lo que se dice un villacubano de pura cepa.

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