Hoy: “RU” INCHAUSTI

Cara a Cara: Un torazo en rodeo ajeno

Por Kelo Molas


Nadie es profeta en su tierra, dice el refrán popular. Y “Ru” eligió a Catamarca como su tierra. Tenor entre los cantores, quiere llegar con su mensaje más allá de la lírica.

Hijo de Carlos y Adriana Natinzon, es uno de los siete hermanos de una familia que un día, hace 13 años, decidió dejar Buenos Aires y dijeron: “Vamos para Catamarca”.

Y aquí está, entre nosotros. Representándonos con jerarquía en un lugar lejano, a 20 mil kilómetros de distancia: Japón. Triunfador allá, quiere ser reconocido aquí.

Ganó un certamen en 2016 y recientemente volvió para ser ovacionado. Se llama Rodrigo Carlos, se apellida Inchausti y desde chiquito lo llamaron “Ru”. Hoy es el protagonista del Cara a Cara.

 

  -¿Qué significa Japón en tu carrera artística, país que te eligió ganador de un certamen?

  -Significa, fundamentalmente, una gran satisfacción personal desde el reconocimiento. Es la satisfacción que todo artista debe sentir, cualquiera sea la rama del arte con la que se exprese. Que a uno lo llamen de otro lado y te reconozcan desde un lugar tan lejano, donde además son muy estrictos, porque ellos –los japoneses- manejan un nivel cultural muy alto en todo sentido. Entonces, que te valoren allá es un gusto enorme.

 

  -Estamos hablando de un país muy abierto a la cultura general, de manera especial en lo que a la música se refiere.

 -Sí, por supuesto. Por ejemplo: aman el tango, pero lo aman de una manera increíble. Y te diría que, por lejos, le tienen más respeto que nosotros. Vos nombrás la palabra ‘tango’ y ellos sueltan una exclamación de admiración y se ponen serios. Con decirte que hay una cantidad enorme de escuelas de tango, bares donde hay un escenario y se baila el tango. Se impone más el tango bailable que el cantado.
 

-¿Cuántas veces estuviste en Japón?

  -Dos veces y ahora, en cinco o seis meses, vuelvo por tercera vez.

 

  -En el año 2016 ganaste un reality de la televisión japonesa.

  -Fue a fines de 2016. En realidad no era un reality. Fue un concurso que me sirvió posteriormente de mucho: me abrió muchas puertas desde las redes sociales y posibilidades laborales en distintas partes del mundo, porque entre los participantes había gente de Alemania, Estados Unidos, Italia, Perú, Suecia, Singapur, Indonesia y Jamaica, entre otros.

 

  -Una experiencia que tuvo algunos matices interesantes.

  -Uno de esos matices era que el concurso estaba destinado a participantes extranjeros, pero que tenían que cantar en japonés. Y tuve el honor de ser el único representante por Argentina.

 

  -Imaginamos que participar en ese certamen implicó una preparación especial, particularmente por la cuestión del idioma.

  -No hubo mucho tiempo para esa preparación. Cuando se contactan conmigo me dicen que les interesaba que yo esté en el programa, pero que les importaba escucharme cantar en japonés puesto que mis videos me mostraban cantando en castellano o en italiano. Encima, me dijeron: “El concurso es dentro de dos semanas”. Y como buen argentino, no dudé y acepté. De ahí en más me puse a buscar videos en internet, los descargaba y les adaptaba la velocidad para poder escuchar bien, todo por fonética, por supuesto. Después escribía, también por fonética, sin entender nada lo que decían. Eran temas de autores japoneses; no podía elegir, por ejemplo, el tema “A mi manera” y hacerlo en japonés. También tenía que aprender la melodía. Es decir tenía que aprender una nueva canción completa, arrancar desde cero. Lo cierto es que fue una cuestión de concentración y meterle horas y horas de ensayo. Por la noche les envíe dos canciones y me responden que les gustó, pero que necesitaban tres canciones más para el día siguiente, con las mismas características: de compositores japoneses y  cantadas en ese idioma. Bueno, ahí me dio fiebre, literalmente. No pude dormir esa noche y me encontré en medio de una fuerte fiebre. Me pongo de cabeza a trabajar, envío nuevamente el material y me respondieron: “Felicitaciones. Estás en el programa”. Luego, obviamente, ellos se encargaron de los pasajes, hotel y todo lo demás.

 

  -Luego vino lo mejor.

  -En octubre de 2016 viajé solamente con cuatro canciones en mi repertorio, aprendidas, como conté, ahí, de un día para el otro. Me encontré con participantes jóvenes -el más grande tendría 23 años-, todos hablaban japonés porque en algún momento habían vivido en Japón y tenían un amplio repertorio.
 

-¿Te asustó ese panorama?

  -No. En lugar de meterme miedo, me dio mucho más valor. Y sentí por primera vez esa necesidad de sacar el pecho por mi país, algo que nunca me había pasado. En realidad, parecía que tenía todas las de perder. Debo decir que me sorprendió ese sentimiento tan fuerte que me agarró en esos momentos, de pensar que estaba representando a mi país.

 

  -¿Había un género musical establecido para participar en el concurso?

  -Uno podía elegir. Nos pusimos de acuerdo con el director musical del programa en cuanto al repertorio, en un interesante ida y vuelta. No elegí canciones de ópera porque en realidad no es la línea que yo sigo. Si bien yo tengo una voz con una coloratura de tenor, también durante muchos años intenté lograr mi estilo, que es una fusión con lo melódico. Esa fusión, entre lírico y melódico, es lo que hace 10 años busqué. Es decir, cuando comencé a cantar. No fue fácil, me costó mucho porque es difícil.
 

-Aquella victoria del 2016 valió una nueva convocatoria de los japoneses.

  -Sí, efectivamente. Hace un mes regresé de mi segundo viaje a Japón. En esta oportunidad, la actuación fue entre campeones, los que habían ganado en las distintas ediciones. A mí me tocó cantar a dúo con  Daniel Holodeck, porteño. Sin conocernos siquiera, interpretamos Subaru, que para los japoneses es algo así como un himno de la canción. Yo viajé por mi parte y Daniel -que es argentino, pero vive en Estados Unidos- lo hizo por la suya. Nos encontramos allá y tuvimos dos días de ensayo como dúo. Y si bien esta vez no ganamos, nos fue muy bien (el video de la actuación muestra los rostros de admiración del jurado y el público al momento en que Daniel y nuestro entrevistado entonaban la canción).

 

  -¿Cuál es la diferencia entre el primer y el segundo viaje?

  -En la segunda experiencia, noté que con el director general del canal y productores musicales ya había otra relación. Los japoneses, por costumbre, antes de ver un negocio tienen en cuenta la relación personal previa. Y en esta ocasión noté esa relación personal, casi diría una amistad; hay una buena confianza. A diferencia de la primera vez, ahora apenas terminé de cantar el director musical me dijo que prepare un repertorio porque tenía que volver. Hubo otro trato, sin lugar a dudas. Y por eso volveré en algunos meses más adelante.
 

-¿Cómo es eso del debut como cantante a los 27 años?

  -A esa edad, a los 27 años, algo me había hecho un clic en la cabeza y le estaba encontrando la vuelta a la afinación y a mi voz; era como que me estaba empezando a conocer. Grabé una canción y un amigo, Pablo Bolomo, la escuchó y me animó a dedicarme a cantar. Me pidió la grabación y sin que yo sepa, la llevó al diario El Ancasti, como propuesta para la fiesta de “Bajo el cielo de Catamarca” que se hace en El Jumeal. Le entregó el CD a Marcelo Salas y luego me llamaron para actuar. Faltaba una semana y sólo sabía una canción, de manera tal que tenía que aprender otras tres y bueno, me presenté. Había una multitud y me fue muy bien, tuve una muy buena repercusión esa actuación.

 

  -¿Vas a volver a incursionar en lo lírico o te vas a inclinar por otro género musical?

  -Nunca digas nunca. Lo cierto es que yo estoy feliz con esta fusión entre lo lírico y lo melódico.

 

  -De todas maneras, hagas lo que hagas, siempre vas a tener el color distintivo de tenor.

  -Los detalles vocales hacen la diferencia entre un género u otro. Creo que sí: siempre me va a identificar mi color de tenor en la voz.

 

  -¿Qué fue del grupo Fra Tenori?

  -Seguimos. Lo integro junto a otros tres tucumanos: Blas García, Facundo Villagrán y Benjamín Zubiaurre. Grabamos un disco y gracias a Dios, tenemos la suerte de conocer el país con este grupo y es algo muy lindo. El próximo viernes hacemos un teatro Alberdi en Tucumán. Digamos que es un grupo que va desde lo popular a lo lírico, por lo que encaja perfectamente con mi estilo. Cantamos desde “Regresa a mí”, la canción de la película Titanic hasta algo bien lírico como “O sole mío”.
 

  -¿No te atrajo el folklore viviendo en una provincia como Catamarca?  

-Me falta mucho conocimiento sobre el folklore y por una cuestión de respeto decidí esperar. La otra es que no tuve mucho contacto con los folkloristas catamarqueños, simplemente porque no se dio. Estoy abierto a hacer cosas con gente de Catamarca.

 

  -De cualquier manera suponemos que tenés una valoración de la música y los músicos de Catamarca.

  -Considero que es una música muy bien hecha, con mucho sentimiento. Además, con grandes autores reconocidos a nivel nacional. Una muestra es la Fiesta Nacional del Poncho, conocida en todo el país y gran parte del mundo. Sin lugar a dudas: a nivel cultural, Catamarca es muy importante.

 

  -¿Con quién te quedarías si tuvieras que elegir un tenor de la talla de Pavarotti, Domingo, Carreras, el mexicano Ramón Vargas o Bocelli, entre otros?

  -Con Andrea Boccelli. Porque no está encasillado a la hora de hacer música. No se pone límites. Hizo cosas populares y melódicos, hasta grandes obras de ópera. Es un gran soñador, musicalmente hablando.

 

  -¿Y cómo te llevás con Catamarca?

  -En un principio había cosas que no entendía desde lo cultural. Estaba en mí descubrirlo y compartirlo. Desde lo artístico, la gente de Catamarca siempre me abrió las puertas. Y repito: la gente. No puedo decir lo mismo desde lo institucional. Por eso valoro tanto el reconocimiento que tuve en un país tan lejano como Japón.

 

  -Pones mucho énfasis cuando aludes al reconocimiento en Japón.

  -Sí. Y lo remarco porque lo que pasó allá en Japón fue noticia a nivel nacional, apareció en todos lados. Yo esperaba algún llamado de Catamarca, lo digo sinceramente, pero no se dio. Y en este ámbito, duele un poco sentirse solo. Pero como lo dije anteriormente: me armo de mucho valor para luchar contra la adversidad, especialmente cuando surgen nuevos proyectos, nuevos desafíos, al margen de que haya o no algún apoyo institucional. Estuve en Japón dos veces y siempre llevando el nombre de Catamarca y los japoneses terminaron aplaudiendo a esta provincia. La última vez compré un drone y durante una semana recorrí varios puntos de Catamarca haciendo tomas áreas. Esas imágenes se pasaron en el programa más visto en Japón, en horario central. No importa si no tengo reconocimiento desde lo institucional. Me siento orgulloso de tener una familia catamarqueña y eso es lo que vale. Siempre llevaré su nombre en alto.

 

SI DE CANTAR SE TRATA

Otra de las particularidades en la vida de “Ru” es que su historia dice que recién a los 27 descubrió que podía dedicarse al canto.

Consultado, dijo: “En realidad, mi sueño toda la vida fue cantar, digamos desde que tengo uso de razón. Pero en honor a la verdad, no podía: no tenía oído ni tenía voz. Lo que son las cosas: mi madre es doctora en fonoaudiología y cantante además y ella misma fue quien me dijo siempre: ‘Ru, no tenés condiciones para cantar’. Los libros de canto dicen que si vos no tenés oído natural para cantar, no se puede lograrlo; así lo dicen los libros y hasta los profesores que conocí. Y, demostrado está, no es así. Fue tanta la gente que me dijo que yo no podía ser cantante que me pasó lo mismo que cuando fui a Japón por primera vez: parecía que tenía todas las de perder y eso me dio más valor para dedicarme a demostrar que sí podía. Todos los días agarraba la  taza de café y golpeaba su parte interior con la cuchara intentando sacar un par de sonidos que tuvieran armonía. Hasta que le fui encontrando la vuelta. Un día, viendo un video de los tres tenores, me decidí: largue la voz y me salió atenorada; pero el tema está que yo no fui criado con óperas, fui criado con Patricia Sosa y Luis Miguel, entre otros. Lo que a mí me apasiona y me mueve es la música melódica, pero mi voz es de tenor y quiero fusionar ambas cosas. Porque no quiero hacer algo que no siento, contradiciendo a los que me dicen siempre que me tengo que dedicar a la ópera”. Ante otra consulta, sigue su relato: “Cuando llegué a Catamarca, a los 24 años, me dediqué a la informática, algo que ya hacía en Buenos Aires”. Admite luego que siempre le gustaron las artes marciales: “Desde los 7 años comencé haciendo Karate do hasta que me vine a Catamarca; incluso aquí estuve dando clases un tiempo”.

 

UNA FAMILIA CATAMARQUEÑA

Alguna vez lo presentaron como “bonaerense radicado en Catamarca”. Y así lo explicó: “Nací en Capital Federal y a los 24 me vine a vivir a Catamarca. Aquí conocí a mi señora, que es catamarqueña y tenemos tres hijos, también catamarqueños. En honor a la verdad, artísticamente nací en Catamarca. Te cuento: mi papá es viajante y aquí se ganó muchas amistades. En Buenos Aires fuimos víctimas de un hecho de inseguridad que nos marcó muy fuerte: entraron a nuestra casa tres hombres armados y se llevaron todo. Entonces, un día coincidimos los siete hermanos con mis padres: nos tenemos que ir de acá y al mes ya estábamos viviendo en Catamarca. Nos vinimos todos. Elegimos esta provincia porque representa una mezcla de pueblo, de valores, con costumbres muy arraigadas y con perspectivas de crecimiento. Esa fusión de elementos importantes nos dio la seguridad de decir ‘vamos para Catamarca’. Además, esto de las montañas y el paisaje era como que nos habíamos encontrado con la paz. No sé si la gente que nace aquí lo valora como realmente se merece esta tierra”.

Acotamos que su esposa se llama Noel Marzese –es docente- y sus hijos Viaggina (13), Gianna (4) y Gino (10 meses).

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