Cara a cara

“Me siento con posibilidades de afrontar nuevos desafíos”

domingo, 13 de enero de 2019 00:00
domingo, 13 de enero de 2019 00:00

HOY: ARMANDO LÓPEZ RODRÍGUEZ

A rmando López Rodríguez casi no tiene una etapa de su vida con recuerdos desvinculados de la actividad política, una escenografía de fondo que aparece en el desarrollo de cada acontecimiento desde su niñez, y perdura hasta la actualidad. Hoy conoce en profundidad cada matiz positivo y negativo de la vida de un político, y no duda al afirmar que -de tener la posibilidad de volver a elegir- optaría por el mismo camino. Casado y padre de dos varones, Santiago y Felipe, es Vicepresidente de la Cámara de Diputados, y ocupa con íntimo orgullo la misma banca que su padre -a quien perdió en plena juventud- honró en la Legislatura en el retorno de la democracia. Recuerdos, aspiraciones y objetivos de un dirigente joven y experimentado a la vez, dan forma a nuestro Cara a Cara de hoy. 

- ¿Cómo se acercó a la política?
- Vengo de una familia política, desde que tengo uso de razón toda mi vida se desarrolló en ese ambiente. En mi casa siempre había gente reunida en la puerta, buscando solucionar algún problema, buscando a mi viejo o a mi mamá para alguna gestión.
- ¿Quién era su padre?
- Néstor López Rodríguez. Fue docente, director de la Escuela 230 de Banda de Varela, supervisor de Escuelas Lainez y militante de la primera camada peronista de la provincia. Recorrió mucho el interior, trabajaba con Vicente Saadi, Sebastián Corpacci y todos los compañeros de su época. Siempre dentro del PJ, con el retorno de la democracia fue electo diputado provincial.
- ¿Qué recuerdos le quedan de esa época?
- En realidad yo era chico, no seguía los acontecimientos ni los analizaba como puedo hacerlo ahora. Pero sé que fue difícil para él y pasó momentos delicados. Afortunadamente hoy vivimos una realidad diferente.
- ¿Por qué fue difícil su experiencia como legislador?
- Venían del proceso militar, y no era fácil manifestarse contra la dictadura, ni siquiera en un espacio institucional como la Legislatura.
- ¿Su familia sufrió la época de la dictadura?
- La sufrió como muchos otros compañeros, en especial mi padre. En 1977 desapareció su único hermano,  Duilio, que era mayor que él. Fue el 2 de septiembre y hasta el día de hoy las circunstancias no se aclararon, pero todo indica que hubo un abuso de autoridad de parte de quien era el jefe de Policía de la época, Juan Daniel Rauzzino. Mi padre vivió desde entonces con ese dolor, y no hablaba mucho de esa experiencia, pero sí tengo de esa etapa la imagen lejana de verlo serio, pensativo, preguntándose por el destino de su hermano.
- Durante mucho tiempo se instaló la idea de que Catamarca había sido una suerte de isla durante el Proceso, que aquí no había pasado nada serio...
- No fue así. Muchas personas sufieron persecución, sufrieron la cárcel injustamente, y atropellos más graves como crímenes también. Recuerdo claramente a mi padre yendo a visitar a compañeros que habían sido encarcelados sólo por hacer política. El no estuvo preso porque el listado de detenciones que se había armado llegó a manos de un familiar que era militar y lo sacó de la lista, sólo por eso se salvó. Pero fue parte de una generación con mucha fuerza, con muchas convicciones. Jamás le escuché una palabra de odio o de búsqueda de revancha. Querían una provincia mejor y lucharon para eso.
- Y volvió la democracia.
- Sí, pero el cambio no fue instantáneo. El sector que había manejado el país de facto seguía teniendo poder. Como legislador, él fue quien propuso y gestionó la creación de la Comisión de Derechos Humanos en Diputados. Su proyecto fue aprobado y en ese momento hizo la denuncia pública contra Rauzzino por la desaparición de mi tío. Ese mismo día, terminó la sesión y salió del recinto por donde ahora hay un hotel, lugar que en ese entonces era una arboleda. Ahí lo estaban esperando y sufrió un atentado de parte de personas desconocidas. Lo atacaron, lo dejaron inconsciente y terminó internado. Le pegaron con una cachiporra de policía... siendo legislador.
- Pero nunca se alejó de la política.
- Nunca, tenía un compromiso fuerte. La participación era natural. Mi mamá, Antonia Bulacio, también era docente y militante. Eramos siete hermanos, y en mi casa siempre había una docena de personas en la mesa, porque llegaban vecinos, gente de la política, invitados. En mi casa se hacían reuniones políticas...
- ¿Eso le gustaba, le molestaba...?
- No lo cuestionaba, para mí era lo más natural, recuerdo tener once años y volver en familia de actos políticos. Pero ahora que lo pienso casi todos mis hermanos le tomaron cierto rechazo a la política, y el único que se dedicó desde muy joven fui yo.
- ¿Y cómo pasó de la militancia familiar a la acción política directa?
- Yo militaba desde la adolescencia, toda mi vida me vinculé con dirigentes del peronismo, los conocí desde chico. Después la situación cambió. Mi padre tenía problemas de salud, pasó sus últimos años en sillas de ruedas porque sufrió varios ACV, hasta que murió en 2001. También ocurrieron cosas en la provincia, y a muchos jóvenes de mi época nos tocó padecer una etapa en la que a todos los peronistas nos tildaron de delincuentes, de violadores, de drogadictos... fue una etapa fea, pero siempre fuimos militantes. De alguna manera nos fortalecimos.
- Fue una época de gran división social.
- Había cierto sector de la sociedad se ponía en juez y te condenaba por ser peronista. Pero era algo genérico, en el trato personal la relación era buena, las amistades se mantuvieron, se conservaron y quienes crecimos en esa etapa quedamos unidos para siempre. Después pasaron los años, me casé, formé mi familia, trabajé siempre en distintos rubros... Militábamos siempre pero con pocas posibilidades de acceder a un espacio de representación, una oportunidad que recién llegó después del 2000.
- ¿Qué pasó en esos años?
- El trabajo político se hizo más fuerte. Alrededor de 2004 nos convocó a varios jóvenes peronistas Armando Mercado y nos integramos dentro del mismo peronismo al Frente Para la Victoria. Arrancamos en ese espacio junto con Lucía, empezamos a caminar la provincia... y ya no paramos más.
- ¿Qué recuerda de esa primera etapa con la actual gobernadora?
- Eramos muy poquitos y los espacios eran muy pocos también. Yo sentía como un privilegio poder trabajar con ellos. Aprendimos a estar juntos, a escuchar a la gente, aprendimos a cultivar lo que traíamos de la cuna, que era la lealtad y las convicciones firmes; nunca titubeamos sobre el camino a seguir: apostamos a lo que estábamos convencidos. Trabajábamos permanentemente. Fuimos a una primera elección y entraron dos diputadas nuestras: Egle Altamirano y Verónica Mercado, y me llevaron a trabajar con ellas a la Legislatura. A los seis meses ya era secretario de Bloque. Después el FPV creció en todo el país, se hizo un acuerdo transversal, y cuando llega Lucía como Presidenta del Senado pasé a la Vicegobernación como su secretario privado .
- Fue una época extraña esa.
- Fue complejo desde el primer día, no fue cómodo ni fácil para el peronismo. Hubo momentos difíciles, duros en el Senado, porque ella ejercía la Vicegobernación pero en los hechos estábamos totalmente fuera del gobierno. Ni a los actos invitaban a Lucía, y la atacaban permanentemente, hasta con animosidad. Pero también sirvió como aprendizaje, porque para trabajar con legisladores del Frente Cívico recurrimos siempre al diálogo y a la búsqueda de consensos, a respetar otras posiciones. Hay que tener en cuenta que tampoco teníamos respaldo de otros sectores del peronismo.
- ¿Cómo vivó ella esa situación?
- Nunca respondió a una agresión. Trabajaba todo el día, y creo que fue en esa etapa cuando mostró por primera vez su gran capacidad de trabajo. Como nunca antes, la Vicegobernación generó acciones directas para la sociedad. Creó áreas nuevas, organizó estructuras con todo lo que tenía a su alcance, recorrió toda la provincia, marcó pautas con una forma de hacer política distinta a la que conocíamos. Precisamente creo que fue atacada porque con su llegada rompió los esquemas de tranquilidad de la clase política del momento, que vivía la comodidad de una hegemonía y se encontró con algo inesperado. La fuerza predominante en la provincia contaba con los medios de comunicación de su lado, pero mientras tanto ella hizo lo que se había dejado de hacer: se acercó a la gente. Fue a cada barrio, a cada pueblo. Escuchaba, gestionaba, llevaba soluciones, y desde esa labor la propia comunidad comenzó a impulsarla hacia la Gobernación. Había un lazo con el pueblo que ya nadie podía romper: viajábamos a todos los departamentos, conocía la realidad de toda la provincia y las necesidades reales de cada lugar. Y transmitió esa forma de trabajar, sin discursos ni propagandas: no pregonaba la justicia social, la ponía en práctica.
- ¿Al ver ese trabajo sentían que iba a llegar a ser gobernadora?
- Lo sabíamos, lo merecía por la manera en que le importa la gente.... Hay una anécdota que la describe muy bien. Antes de que fuera gobernadora, cuando ya pensábamos en una campaña, muchos dirigentes y militantes queríamos darle una sorpresa y empezamos a juntar fondos para apoyarla. Cuando reunimos una cantidad de dinero más o menos importante fuimos contentos a decirle que ya teníamos para afiches y carteles. Eran días fríos. Le contamos nuestra idea, lo que habíamos hecho. Nos escuchó y nos dijo: “Con esa plata que tienen vayan a comprar colchones y frazadas y llévenlas a este, este y este barrio”. Nada de afiches: nos mandó a comprar y entregar cosas para vecinos de todo lo que era el Gran Chaparral y Montecristo, la gente que peor la pasaba. Esa es Lucía. Ya como gobernadora cambió toda la ribera del Valle: mejoró la vida de todas esas familias. Que llegara a Gobernadora era cuestión de tiempo, la gente la quería. Fue al Congreso dos años, volvió y ganó la gobernación.
- Y en ese 2011 usted compitió por un circuito que nunca había ganado el peronismo.
- Antes era el Cuartel 4, que al ampliarse y modificarse la zonificación pasó a ser el Circuito 7, donde el peronismo nunca ganó. Cuando me designaron para concejal en ese circuito, recuerdo que salí de firmar la aceptación de candidatura en el partido y los compañeros me decían: “Uh, te mandaron a morir, ¿no eras amigo de Lucía? ¡Ahí vas a perder, cómo no te pusieron en otro lado o te dieron un cargo!”. Pero yo estaba convencido de que tenía que ganar y ganamos. La clave fue lo que nos enseñó ella, estar al lado de la gente, escuchar a la gente. Y lo hicimos… para mí no es difícil ni complicado. Me gusta hablar con los vecinos. Estoy acostumbrado y cuando me llaman de algún lado sé que es para hacer algún pedido. En mi oficina abren la puerta y nadie llega para felicitarme, van para pedir alguna solución, van porque necesitan algo, es natural, de todos los días. Los años de concejal me sirvieron mucho como experiencia y me permitieron profundizar el conocimiento de todas las problemáticas de la ciudad. Trabajamos en el plan de pavimentación, en el riego por goteo para forestación, cambiamos todo el sistema de recolección de residuos, avanzamos en urbanización, veredas, alumbrado; se reubicaron los boliches. Se hicieron proyectos importantes para el Parque Adán Quiroga, la Avenida Virgen del Valle, participamos en la remodelación de plazas... fue muy positivo. Siempre escuchando a los vecinos y a la oposición. Creo que sólo se puede construir desde el diálogo con todos los sectores.
- Cuatro años después llegó la diputación.
- Sí... yo tenía el sueño de ser diputado porque fue el lugar que tuvo mi padre. Él me hablaba mucho de eso, y me decía que lo vivía como un gran honor, un doble honor por representar al pueblo de Catamarca y por el partido. Y yo siento lo mismo... Pero hay diferencias, él se lamentaba de que le tocó esa función ya de muy mayor y estando enfermo. Además eran tiempos más difíciles, hoy la democracia está firme y maduramos mucho. Podemos discutir con los colegas de otros sectores, podemos enojarnos a veces, porque cada uno es apasionado con sus ideas, pero hay respeto y nadie se agrede. Ocupar una banca es una oportunidad importante, es mucha responsabilidad y uno siempre trata de buscar soluciones y no quedarse en discusiones estériles.
- ¿Nunca se arrepintió de dedicarse a la política?
- Nunca. Uno encuentra satisfacciones y sinsabores, pero es mi vida… sí puedo confesar que por ahí se me cruzan otras sensaciones. Por ejemplo, en estos días me tocó despedir a mi hijo mayor que se fue a estudiar a Córdoba, y me dí cuenta de que estuve ausente muchas veces en su crecimiento. Pero creo que a otros padres también les pasa, al policía o al médico que hacen guardias, al que tiene que viajar. Yo mismo muchas veces almorzaba sin mis viejos, o me acostaba antes de que volvieran... seguramente mis hijos muchas veces habrán sufrido lo mismo que yo en aquella etapa. Es una tarea que demanda a veces postergar cosas que uno ama, pero no me arrepiento.
- ¿Qué es lo que justifica esos sacrificios?
- La política es maravillosa. Si uno realmente hace política como herramienta de transformación, se pueden lograr grandes cosas. Conocer gente que encuentra la forma de mejorar su calidad de vida, encontrar personas que necesitaban una oportunidad y poder ofrecerle eso; es hermoso verlos crecer con sus familias, sus emprendimientos, terminar estudios. Bien utilizada la política siempre permite llevar a la gente a un lugar mejor. 
- ¿Y cómo se enfrenta la idea de que sólo buscan beneficio personal?
-La exposición pública es permanente, estamos expuestos a esos comentarios, pero las personas que lucran con la política no perduran, su vida política termina ahí. Los encumbrados que estafan a la gente para sacar ventajas duran poco, fracasan: ocupar un cargo público no es hacer política.
- ¿Qué vislumbra para este año electoral?
- Veo que la sociedad encontró el rumbo de la Catamarca que quiere, con la minería, la producción y el turismo como pilares de desarrollo; con un fuerte impulso social, con inclusión plena a través de la salud, la educación, la vivienda. Se trabaja para mejorar la calidad de vida. Esta gestión fue ampliamente convalidada y hay que seguir adelante y no volver al pasado. Si Lucía se presenta o no para un tercer mandato es una decisión personal, pero hay que darle continuidad a este camino y defender un proyecto de Provincia está por encima de los proyectos personales.
- ¿Y a nivel personal?
- Uno va madurando y creciendo, y me siento con posibilidades de afrontar desafíos nuevos. Soy parte de este proyecto y voy a seguir trabajando desde el lugar que me toque. Estoy preparado para asumir una tarea ejecutiva si los catamarqueños así lo deciden.

Los apuntes del Director

Néstor López Rodríguez, padre de Armando, tuvo una extensa labor docente, y su tarea más destacada la desarrolló como director de la Escuela 230 de Banda de Varela. Mientras se mantuvo al frente del establecimiento, López Rodríguez llevó adelante un singular trabajo, de manera silenciosa y sin que nadie se lo encomendara.
Con metódica paciencia, fue elaborando un archivo en el que registraba cada acontecimiento, no sólo de la escuela, sino de la barriada, que siempre tuvo una identidad propia.
Desde pequeños arreglos hasta cambios de personal, desde fiestas populares hasta menciones en la prensa de la época, todo era documentado por el director de la escuela. Sin saberlo, fue construyendo un auténtico tesoro, con imágenes, testimonios y documentos de toda una época  en Banda de Varela.
Muchos años después, cuando él ya había fallecido, encontraron los cuadernos y en cada página aparecían maravillosas señales de un tiempo que se había ido. Anhelos, proyectos, conflictos: todo estaba allí.
Hace poco más de diez años, Armando López Rodríguez reunió ese baúl de recuerdos con forma de fotocopias y manuscritos, y se ocupó de reunirlos en un libro, que llevaba por título “Los apuntes del Director”.
Lo ideó como homenaje a su padre y como testimonio histórico de valor para todo ese pueblo. Por las vueltas de la vida, el proyecto se quedó sin su último paso, y el libro terminado nunca llegó a una imprenta.

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0%
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Indiferencia

Comentarios

14/01/2019 | 10:41
#1
¿Saben lo que militó Doña Antonia Bulacios de López Rodríguez? Yo mismo la acompañaba para ir conociendo a la gente de banda de Varela y gracias a eso y a dos conocidos médicos de la Posta de la zona, se logró doblegar al radicalismo -que doblaba en votos al peronismo- en las elecciones de 1987. Doña Antonia, fue MUY IMPORTANTE PARA EL PERONISMO y quiero destacarlo. Los chicos tal vez no lo vivieron, por eso LA RECUERDO CON PROFUNDO AFECTO Y RESPETO POR SU MILITANCIA a pie por todas esas calles del Circuito.

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