Aníbal Ismael “Colo” Moreno

Un chico de barrio que soñó grande

domingo, 17 de febrero de 2019 00:00
domingo, 17 de febrero de 2019 00:00

La lluvia baña el Valle catamarqueño aliviando el caluroso verano. Claudia Beatriz Moreno se dispone a iniciar la charla, sentada en el comedor de su casa del barrio Nueva Catamarca, en el sur capitalino. Ella es mamá de seis hijos: Eduardo David, Fernanda Estefanía, Pablo Sebastián, Claudia Elizabeth (Camila), Aníbal Ismael y Brisa Aylén. Todos ellos  comparten el momento especial que vive el tercero de los varones, a quien sus amigos apodaron el “Colo”, figura del Seleccionado Sub 20 y del club Newell’s Old Boys de Rosario, provincia de Santa Fe. 


“Estamos muy contentos y orgullosos de Aníbal, sabíamos que algún día iba a cumplir su sueño, porque desde chiquito quiso jugar a la pelota. Es un chico muy sencillo, sincero, estudioso y voluntarioso”, destaca. 
Dice que el once del Seleccionado Juvenil “siempre tuvo la idea clara de ser futbolista, tal es así que cuando no lo podíamos llevar a jugar a la pelota, lloraba. En la panza ya me pateaba; a los seis meses ya se desplazaba con su andador y le llamaba la atención todo lo que rodaba, la pelota”. 


“A medida que fue creciendo intentamos comprarle un autito, pero no le daba importancia, siempre fue un apasionado de la pelota, todo lo relacionado con el fútbol, él veía los partidos por la televisión y en la play elegía el fútbol, no había otro atractivo para él. Era admirador de los grandes jugadores, su ídolo es Carlitos Tevez y el otro, Diego Mateo (Newell’s)”. 


Cuenta que “su niñez fue muy linda porque tenía los hermanos más grandes que lo llevaban a la canchita. Ellos armaban canchitas en el barrio, cuando vino de Rosario a los 13 años, más o menos, se puso contento porque le habían puesto césped sintético”.


“Era chiquito, pero quería jugar con los más grandes. Era muy particular. Disfrutaba jugar con su amigo Alejandro Rodríguez, quien falleció por una enfermedad terminal, y los chicos Silva, Arce, Vargas”, recuerda.


 “Aníbal nació el 13 de mayo de 1999, ahora cumplirá sus 20 años; no podemos creer cómo pasó el tiempo. Se fue de Catamarca a los 11 años”, precisa, recordando aquel día entre lágrimas: “El día anterior al que viajó vino don Jorge Bianco. Me dijo: ‘Mamá, yo me voy’. Le pregunté si realmente se animaba a irse, y me respondió que sí. Ese día fue tremendo, porque debíamos tomar una decisión, era su futuro. Me escondía a llorar, para que mis otros hijos no me vieran, lo extrañaba, pero como madre tenía que ser fuerte porque era lo que él quería hacer”.


“En ese entonces lloraba porque él se iba, era chiquito; pero pasó rápido el tiempo, tan rápido como una tormenta. Ahora lo veo grande y lo sigo en la televisión. Está cumpliendo su sueño y haciendo feliz a la familia. Son lágrimas de alegría, mientras él esté bien, todos estamos bien. Lo acompañamos, lo apoyamos. Es un gran chico, él y sus hermanos son lo más preciado que tengo en la vida, no hay lugar para nada más”, enfatiza.


Respecto de sus años de estudio en Catamarca se acuerda que “en el jardín de infantes lloraba todos los días, no se quería quedar, no se despegaba de mí y de los hermanos, teníamos que sentarnos en la puerta de la escuela a esperarlo. La primaria la hizo en la escuela Belgrano-Rivadavia hasta los 10 años, de ahí fue un año al colegio Enrique Hood, porque él quería ir ahí. Luego se fue a Villa Constitución, un pueblito del interior de Santa Fe donde terminó la primaria; ahí hizo una parte de la secundaria y otra en la escuela que tiene Newel’s. Le habíamos dejado en claro que la condición era estudiar, si no, se volvía. Y estudió, sólo le falta terminar la secundaria; con lo que le está pasando desde mayo del año pasado en la Selección, no ha tenido tiempo”. 


Mientras el diálogo fluye, nuestra entrevistada considera que “el regalo de los 18 años fue la convocatoria a la Selección Sub 20. Otras mamás piensan en hacerle la fiesta, él tuvo eso, que para mí y para él fue el mejor regalo que tuvo. Y el año pasado ya estuvo en Rusia, todas son cosas lindas”.


En la familia lo extrañan y esperan ansiosos el día que vendrá, pero todos son conscientes de que “es su carrera, su trabajo, su responsabilidad, entonces estamos apoyándolo. Mi hija más grande viajó a Chile para acompañarlo junto con mi sobrino Federico; yo no pude ir. Ahora se va a Polonia, es lo que a él le gusta y compartimos su felicidad”.


La tecnología les permite estar comunicados mediante mensajes o un llamado telefónico, aunque para Claudia Beatriz es muy fuerte la emoción “cuando quiero oír su voz”, entonces “prefiero mandarle un mensaje, que él me cuente cómo está”, confiesa.


Quien tiene una comunicación permanente con él es su hermana Fernanda, quien es como su segunda mamá, ya que “tuvo que dedicarse a sus hermanos, porque yo tenía que trabajar, con la ayuda de mis hermanas, quienes estuvieron a mi lado, al igual que mi madre, mis hermanos, siempre dispuestos a ayudar”. 


Cada encuentro que disputa el “Colo” es motivo para que toda la familia se reúna. “Nos juntamos todos, es lindo, vivimos sensaciones nuevas para la familia. Estamos muy orgullosos de él, nos parece increíble verlo en la televisión, cuando antes estaba acá, jugando en la calle. Dios quiera que siga progresando, por él, por los hermanos, por los sobrinos y tíos, lástima que no están mis padres vivos para que lo disfruten”. 


La vida lejos del hogar seguramente fue difícil para Aníbal, sin embargo, su madre afirma que “nunca nos hacía partícipes, tal vez para no preocuparnos. Muchas veces hizo frases del famoso niño criado en una pensión: ‘A vos te despertaba tu mamá y a mí, mis amigos me ponían el celular en la oreja para despertarme’, cosas así”. 
Como mamá está muy agradecida de la educación que le brindaron en la Academia Integral de Fútbol Ernesto Duchini, en Villa Constitución, Santa Fe, porque “ellos hicieron de él un gran hombre, muy respetuoso, tiene una conducta extraordinaria, le brindaron una educación única”.


De tantas anécdotas que jalonaron su vida, la mujer que lo dio a luz trae a su memoria “aquella vez que salió con el andador a la calle. Teníamos una mesita de plástico blanca y un ventanal, mi hija salió a la calle, dejó la puerta abierta, y cuando él alcanzó a ver que los muchachos estaban jugando a la pelota afuera, se mandó desde la casa. Tenía siete meses de vida. Mi hija y yo nos tomamos la cabeza pensando que se había golpeado, pero estaba paradito en el andador jugando con los muchachos”.


“Caminó a los nueve meses, recuerdo que sabía poner una pelota chiquita de plástico en medio del andador, desde bebé ya pateaba todo lo que veía, y mucho antes en la panza, siempre fue muy pateador, muy inquieto”, agrega.


De la última vez que estuvo en Catamarca manifiesta que “pasamos Navidad acá y el 26 tuvo que viajar porque lo habían convocado de nuevo. Cuando viene toda la familia trata de juntarse con él, a veces se cuela alguna de mis compañeras del hospital, que son sus fans”.


Rescata que su hijo no se olvida de sus orígenes, “cuando viene va a la casa de don Raúl Herrera, en cuya escuelita dio sus primeros pasos, y pasa a ver cómo están los amigos. Es muy agradecido, tiene un corazón muy grande, se caracteriza por ser muy humilde”.

¿Qué sintió cuando metió ese golazo ante Uruguay?
- Cuando hizo ese gol nos arrancó las lágrimas más profundas. Una felicidad enorme, no parábamos de llorar. Fue algo muy fuerte. Se le abrió el arco y demostró lo que tenía escondido. Fue justo el día del cumpleaños de mi nieto Mateo y se lo dedicó a él. 


“Agradezco a todos por haber hablado tan bien de él, a la prensa, a los vecinos, a los amigos que siempre lo han apoyado, a mis compañeros del hospital que me viven felicitando, y a toda la gente. Es muy lindo lo que estamos viviendo. Parece un sueño, del cual no quisiera despertar, quiero seguir soñando”.

“Es una emoción muy grande”

Eduardo David es el hermano mayor de Aníbal Ismael, quien lo llevaba a la cancha cuando era pequeño y hoy vive emocionado este momento futbolístico del “Colo”. 


“Estoy muy contento por los logros de mi hermano. Siempre supe que iba a cumplir su sueño”, manifiesta, apuntando que “lo llevaba a jugar a la escuelita de Villa Dolores,  se portaba bien, siempre le gustó mucho el fútbol, jugaba  en categorías más grandes. Mis amigos eran sus amigos”.


De aquellos días que le tocaba acercarlo a los entrenamientos o a disputar algún torneo, recuerda que era muy ansioso para llegar y jugar. “No le podías decir que no. A veces yo llegaba cansado de bailar y me levantaba para que lo lleve. Era lo máximo para él, sí o sí tenía que jugar al fútbol. Se levantaba solo, se preparaba, una hora antes estaba listo, era muy puntual para la cancha”.


De haberlo llevado a la canchita y ahora verlo en la televisión jugando en la Selección,  “es una emoción muy grande”, expresa Eduardo.

“Estamos orgullosos de él”

Brisa Aylén es la hermana menor y expresa sus sentimientos. “Estoy feliz por él, porque está triunfando en algo que le gusta”, dice, a la vez que lo describe como “una persona buena, humilde, como nos hizo mi mamá a todos”.


“Siempre estuve convencida de que iba a llegar lejos, porque se esmeró mucho. De chiquito ponía la alarma y se levantaba solo para ir a jugar con mis hermanos que lo llevaban”, señala y confía que “lo extraño mucho, aunque evito decírselo porque a él también le afecta extrañar. Le deseo lo mejor. Todos estamos súper orgullosos de él”.
La jovencita resalta que “siempre fue generoso. Antes, cuando él estaba acá, sus amigos venían a merendar, a comer, él los invitaba, vivían unidos por el fútbol, su pasión”.

“Lleva en la sangre su amor por el fútbol”
 

Raúl Herrera es director técnico nacional y tiene una escuelita de fútbol, que actualmente funciona en el predio de la universidad. Es el maestro que tuvo el privilegio de guiar los primeros pasos de Aníbal “Colo” Moreno por el camino de esa pasión que lleva en lo profundo de su ser. 


Está orgulloso y feliz por el presente del joven que dirigió en las inferiores. Con emoción recuerda que “llegó a mi escuelita cuando tenía 7, 8 años, después lo fiché en Villa Dolores, porque yo estaba en las inferiores de la Liga Chacarera. Jugó ahí hasta que lo llevaron a la Academia Duchini, donde estuvo un año, luego pasó a Newell’s, y a los 14 años llegó a la novena de la AFA”.   


“Desde chiquito se destacaba en el grupo por el temperamento que tiene para jugar, por ahí perdíamos algún partido y se enojaba un rato hasta que lo calmábamos. Es muy buen chico, humilde, cero problema, lleva en la sangre su amor por el fútbol. Realmente ama el fútbol”, enfatiza Herrera.


“Jugó varios torneos nacionales con los infantiles cuando estaba en la escuelita, íbamos a jugar donde nos invitaban, como lo hacemos hasta el día de hoy”, manifiesta, agregando que “no faltaba nunca a los entrenamientos, ni a los partidos que teníamos, siempre estaba listo para ir a jugar. Cuando la mamá o el hermano no lo podían llevar, lo buscábamos en la casa. Eran las 7.00, 7.30 y él nos estaba esperando sentado en la vereda”.


“Se fue chico de acá y supo aguantar. Lo atendieron muy bien en la Duchini y después en Newell’s, el señor Jorge Bianco siempre lo cuidó, ahí lo aconsejaron y gracias a Dios pudo llegar”, asevera.


Su entrenador de los primeros tiempos destaca la calidad humana del joven crack. “Siempre que viene me visita en casa o va a las prácticas de la escuelita a ver a los chicos. Es muy bueno, humilde y agradecido de todo, porque se crió prácticamente jugando con nosotros. Cuando vino para Navidad me regaló la camiseta con la que debutó en la Selección, fue el torneo que jugaron en España y salieron campeones”.


“Siento una alegría inmensa por todo lo que él ama el fútbol, y ya tiene sus frutos; además, no pierde la humildad, es amigo de todos, siempre se acuerda de la escuelita, de las inferiores de Villa Dolores, no olvida sus comienzos. Era un chico muy querido por los compañeros y los padres lo apreciaban un montón. Los chicos y ex compañeros están contentísimos con sus logros”, expresa con emoción su entrenador de aquellos tiempos.

 

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1%
Incertidumbre
4%
Indiferencia

Comentarios

17/02/2019 | 16:04
#1
Felicito al Diario por la nota, porque en Moreno está el ejemplo de que nada se consigue sin esfuerzo, humildad,dedicación y responsabilidad. ¡Orgullo catamarqueño!

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