Cara a cara

“LA POBREZA SIEMPRE GENERÓ VIOLENCIA”

domingo, 17 de marzo de 2019 06:00
domingo, 17 de marzo de 2019 06:00

HOY: LIC. MABEL LEIVA

Es una reconocida profesional de la Psicología. A ella recurrimos para que nos cuente su punto de vista sobre hechos que conmueven a la sociedad en su conjunto: pobreza, discriminación, violencia de género, adicciones (la frase “el alcohol hace estragos en los chicos” no puede pasar desapercibida) y otros problemas que surgen de la crisis que vivimos los argentinos. Está en Catamarca, junto a su familia, desde el año 1984 “y ya somos catamarqueños”, expresa sin dudar. También de “la caída de las certezas”. Para escucharla y reflexionar. Es la orgullosa madre de Mariano, Santiago y María Mercedes. El Cara a cara de este domingo propone compartir el agudo pensamiento de una mujer comprometida con el mundo que la rodea en nuestra provincia, desde la óptica de aquellos que tienen la virtud de analizar el comportamiento de los seres humanos, como son los psicólogos: Lic. Mabel María Leiva. Para mayores datos: es la esposa del prestigioso médico Rubén Manzi.


  -¿Qué busca, fundamentalmente, un paciente cuando recurre a un psicólogo?
  - Partimos de la base de que alguien que acude a una consulta es porque tiene un sufrimiento. Algo lo está aquejando y viene en busca de ayuda. Obviamente: no todas las consultas son iguales ni todas las personas van por el mismo motivo. Pero uno tiene siempre que pensar que detrás de un pedido de consulta es porque alguien no está bien. Lo que necesita fundamentalmente en esa primera entrevista es ser escuchado y, a su vez, uno poder descifrar qué es lo que está necesitando esa persona.


  -En épocas de crisis, algo que lamentablemente no nos falta a los argentinos, ¿el servicio tiene una mayor demanda, o no necesariamente?
  -Creo que sí, que hay una mayor demanda. En relación a la anterior respuesta: cuando hay crisis es lógico suponer que hay mayor sufrimiento. Porque se complica todo: la falta de trabajo, los problemas económicos, por ejemplo, traen serios desajustes en la familia, en las instituciones y en lo personal. La gente está más crispada. Se acentúan los conflictos personales e interpersonales. La gente está como más necesitada de ser escuchada y de ser contenida.


  -Una fuerte crisis como la que estamos viviendo desde lo económico y lo social, ¿genera más violencia en una sociedad considerada violenta?
  -Sí. Las crisis provocan situaciones que implican nuevas adaptaciones. Estamos en un momento social, económico y cultural de muchísimos cambios. Estamos asistiendo a la caída de fuertes paradigmas que tienen que ver con todo lo que nos rodea. Un autor hablaba de “la caída de las certezas”: todo aquello que en algún momento nosotros creíamos que eran de una determinada manera y  estábamos seguros de ello, hoy está todo como cuestionado. Algunas décadas atrás, uno sabía cómo tenía que ejercer determinados roles en la vida, que no eran cuestionados. Por ejemplo: no era cuestionado un rol de papá o de una mamá; no eran cuestionados los docentes; no era cuestionada una maestra. Era como un camino bastante claro por donde debíamos transitar. Bueno, eso hoy ya no es así. Hoy, han aparecido una serie de cambios a los cuales todos tenemos que adaptarnos. La sociedad en su conjunto tiene que ir adaptándose a todos estos nuevos desafíos que nos está presentando la realidad porque es como que nos faltan herramientas para poder paliar las crisis o dar solución a los problemas que se nos presentan.  Pareciera que las herramientas que tenemos, no alcanzan. No son suficientes. Cuando nos referimos a las situaciones de desvalimiento, que es la carencia de recursos y de ayuda, y que incluye a la niñez y a la adolescencia. Cuando nos situamos en los grupos más desvalidos, más vulnerables, estamos observando el incremento de las violencias en los niños, en los jóvenes, en las mujeres y todo parece indicar que no estamos llegando a tiempo con las soluciones. La Justicia no llega a tiempo en el caso de los femicidios, o  los casos de violencia y abusos de menores, de  consumos en los chicos y adolescentes. También los psicólogos a veces no llegamos a tiempo, o tampoco tenemos todas las herramientas para poder actuar. Entonces, digamos que estamos en un momento de mucha incertidumbre respecto de cómo pararnos y qué hacer frente a estas realidades. Son momentos en donde es muy necesario buscar consensos y armar equipos que puedan repensar todas estas problemáticas desde lugares diferentes, poniendo mucha creatividad, tratando de mirar la realidad desde otro lugar. Todo esto tiene que ver con la referencia a que hacíamos sobre la “caída de las certezas”. Hay que armar nuevas estrategias que puedan dar respuestas a todo lo planteado.
  -Su respuesta nos lleva a otro ámbito: ¿es posible que todo esto lo conozcan los niños, los adolescentes y los jóvenes en el ámbito de la educación?


  -Lo que uno ve en la educación, de parte de los niños y muy especialmente de los adolescentes, hacia todo el proceso educativo, es una apatía muy grande. A los chicos no les interesa la escuela porque es una escuela pensada hace más de un siglo, algo que se nota hasta en la estructura edilicia: ahí están los edificios escolares de hace 100 años, que se van arreglando o modificando con el tiempo. Es una escuela que no da respuestas a las necesidades, a las aspiraciones y a lo que los niños y adolescentes necesitan en estos momentos. A los chicos no les resulta atractiva la escuela, especialmente por lo que propone desde sus contenidos. En ese ámbito, de la escuela y la educación, se tienen que generar profundos debates acerca de qué y cómo vamos a hacer para evitar, por ejemplo, la deserción escolar. Tratar de revertir ese modelo de escuela pensado hace 100 años, donde las expectativas eran otras, y los niños y los maestros también eran otros. Hoy, los jóvenes tienen pocas expectativas de inserción laboral, no tienen grandes proyectos de futuro, se les hace difícil pensar el mañana y entonces viven mucho la inmediatez. Son todas situaciones que implican un profundo debate, un pensar de nuevo en cómo tienen que ser nuestras escuelas para que sean atractivas y los chicos tengan ganas de ir.


  -¿La pobreza genera violencia?
  -¡Claro que sí! La pobreza siempre generó violencia, porque implica grandes diferencias. Implica que hay quienes tienen mucho y tienen sus necesidades satisfechas y, por el otro lado, quienes no tienen. Esas diferencias generan violencia, sobre todo en situaciones de crisis, como la actual, donde es difícil vislumbrar cómo hacer para llegar a fin de mes, cómo hacer para darle de comer a los hijos o cómo hacer para insertarse laboralmente. Los jóvenes se preguntan cómo se insertan en el mundo productivo, cuáles son los proyectos, cuáles las expectativas. Evidentemente, todo eso genera violencia. Las desigualdades siempre generaron violencia.


  -Una reflexión a la madre, a la profesional y a la mujer sobre el problema de las drogas.
  -Como madre, tengo tres hijos que fueron adolescentes y ha sido una preocupación constante. Este es un flagelo que estuvo siempre, pero que ahora tuvo un tremendo incremento. Como profesional, recuerdo que fui jefa del servicio de Salud Mental del Hospital de Niños durante 10 años y a esta problemática la vimos crecer; nos tuvimos que hacer cargo y atender esta cuestión que nunca tuvo una buena cobertura en la provincia, y en la Nación pasa lo mismo. Siempre fue un tema muy difícil para los gobiernos y para los psicólogos el abordaje y la atención de los jóvenes con adicciones. Tenemos algunas instituciones que hacen lo que pueden con esta problemática.


  -Ese “hacen lo que pueden” es como que no alcanza.
  -No alcanza porque no hay políticas públicas que den las suficientes respuestas. El Estado tiene que llegar a poder hacerse cargo de todo este problema. De todos modos, es una cuestión muy difícil de atender. Me consultan en mi carácter de psicóloga qué hacer ante un caso de adicción, adónde pueden llevar al paciente para su contención. Y realmente uno no encuentra herramientas para orientar esa consulta. Porque no se trata solamente del tratamiento psicológico; se necesita un equipo interdisciplinario; una infraestructura para hacer un acompañamiento terapéutico que muchas veces implica una internación. Y nosotros no contamos con esas herramientas. Le digo más: en el país hay muy pocos lugares que brinden todas las respuestas a esta problemática. Estamos muy desvalidos respecto de esta temática.


  -¿Cómo se explica la fuerte irrupción pública de los colectivos femeninos y la continuidad sin solución de femicidios, violaciones y violencia de género?
  -La aparición de los colectivos obedecen justamente a que hubo un incremento exponencial de todo lo que tiene que ver con la violencia de género y gracias a Dios que en los últimos años se ha podido visualizar algo que antes no lo teníamos registrado. Ocurrían, pero no estaban visibilizados. Como le decía, asistimos a la caída de ciertas certezas o a la caída de ciertos paradigmas. Y también asistimos en estos momentos, en el marco de una cultura machista, a que el rol masculino también está muy cuestionado. Los conflictos intergéneros son y se resuelven de manera diferente a cómo era antes; la mujer ha podido avanzar en un montón de aspectos que tienen que ver con la inclusión en el mundo del trabajo, de la ciencia, de la cultura y esto hace que muchas veces se ponga en jaque al mundo masculino y esto no es aceptado. La puesta en jaque de ese poder provoca violencia. Estos colectivos femeninos se han armado para poder proteger a las mujeres que están en una situación de muchísima vulnerabilidad y desvalimiento. Y aquí también la Justicia llega tarde; llega tarde no solamente en las cuestiones de género, sino también cuando hablamos de niños golpeados, llega tarde en el consumo abusivo de los adolescentes; no está dando respuestas claras y precisas en el debido momento.


  -Lo comprobamos en distintos sectores de la periferia: chicos sin respuestas ni contención, con padres que han perdido el control del hogar y que no tienen trabajo.


  -Veamos: uno podría tener la tentación de culpabilizar a los padres por esta situación. Y en realidad uno tiene que entender que, si bien los padres son responsables y en algún punto tienen cierta obligación, también los padres vienen de una historia parecida que no han podido cambiar. Entonces, estamos en presencia de un modelo que se repite. Tal vez esos padres no puedan hacer otra cosa, y probablemente porque, en muchos de los casos, ellos también en su niñez ha vivido lo mismo: violencia y exclusión. Porque esto del trabajo infantil es una cosa vieja y antes costaba mucho visibilizar como se está haciendo actualmente. Ahora hay  una política y una toma de conciencia de prohibir el trabajo infantil. Hay que ser muy amplio para entender todo esto porque puede ocurrir que las soluciones que se buscan no terminan siendo soluciones. Entonces,  hay que contener a la familia, el contexto familiar es el que debe ser contenido y no únicamente una parte.


  -Ahora, si siempre estamos llegando tarde: ¿qué futuro les espera a esa gente en estado de vulnerabilidad?
  -Ahí está el gran problema: el futuro es que esos niños van a repetir y repetir la situación de exclusión que tuvieron sus padres. Situación de total vulnerabilidad. Me tocó ver de cerca esta problemática en el Hospital de Niños, cuando llegaban chicos con problemas de salud, de conducta, de exclusión, de situación de calle, de consumo de droga y alcohol. Porque de esto también tenemos que hablar: el alcohol hace estragos en los chicos. Todo esto tiene, lógicamente, sus efectos, sus secuelas. Produce conductas que tienen que ver con todo aquello que no queremos. Son cuestiones que dejan sus marcas y se manifiestan posteriormente en las conductas.
  -Estuvimos en el “Hogar de Cristo” del barrio Santa Marta. Y entre todos los problemas que tienen los chicos del sector, hay uno que resalta de inmediato: la falta de afecto. ¿Cómo es posible crecer sin ese sentimiento?
  -Esta problemática también pueden verse en las clases sociales más acomodadas o en las capas medias, tal vez por distintas razones, y es el abandono del hijo. Como que los chicos están muy solos, no tienen referentes que los guíen. En el caso particular del barrio Santa Marta, el Padre (Raúl Contreras) hacía un trabajo espiritual y social muy importante, con mucha contención. Estos son casos muy puntuales. En realidad, hay que pensar en políticas públicas mucho más abarcativas, porque muchas veces hay esfuerzos que se hacen de manera individual que no alcanzan. Una sociedad tiene que pensar en todos los que están en una situación de vulnerabilidad y exclusión. Atender la cuestión del poco tiempo que los padres están con sus hijos, por diferentes motivos. De ahí deviene que los chicos están cada vez más cerca de todo lo que son las redes sociales. Muy tempranamente se les da un celular y el chico se pasa horas con el aparato en la mano, y esto en muchos casos reemplaza la cuestión vincular con los padres; hay  poco diálogo y esto evidentemente trae sus secuelas.


  -¿Ha notado que ha crecido la demanda del servicio del psicólogo?
  -Puedo decirle que en los últimos años, uno va atendiendo consultas más tempranas. Los padres consultan muy tempranamente por cuestiones que antes no veíamos: los problemas del lenguaje, de cierta desconexión de los chicos y que inmediatamente el padre quiere saber. También estamos observando que los profesionales nos estamos equivocando mucho al diagnosticar tempranamente patologías que rotulan y encasillan, y que no dejan que un niño que se está armando, que se  está estructurando psíquicamente, que todavía no ha terminado su desarrollo, le estamos poniendo rótulos como que es autista, tiene dislexia o trastornos generalizados. Una serie de diagnósticos muy precoces que, lejos de ayudar a que el niño esté mejor, lo que hacen es rotular, estigmatizarlo y en cierta manera, segregarlo. Con esto hay que tener mucho cuidado. En mi caso particular, hace muchos años que pertenezco a una institución que se llama Fórum Infancias que lidera, entre otros, la licenciada Beatriz Janin, una de las psicoanalistas más importantes del país. Ella, junto a otros profesionales, entre ellos neurólogos y psiquiatras,  está muy preocupada desde hace mucho tiempo acerca de esta cuestión que denominó “la patologización temprana de la infancia”.
 

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