Cara a cara

LA HISTORIA DE LA DESAPARICION DE LOS HERMANOS VILLEGAS

domingo, 24 de marzo de 2019 06:00
domingo, 24 de marzo de 2019 06:00

HOY: CLAUDIA VILLEGAS

Nos habló sin poder ocultar el dolor que lleva en el alma. Nos habló con el corazón. Con sus ojos claros y brillosos, con un nudo en la garganta a punto de estallar en llanto. Recordó con amor a sus dos hermanos desaparecidos durante la última dictadura militar: Aída y Jorge, que aparecen en la nómina de secuestrados por el terrorismo de Estado en las páginas 486 y 489 del libro “El caso Bussi”. Justamente hoy se recuerda el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y Justicia y ella, 43 años después, mantiene intacta la memoria del horror vivido, una herida que según sus propias palabras “no va a cicatrizar jamás”. Nos muestra las fotos de sus hermanos y no disimula el dolor que todavía siente al hablar de ellos. Dolor y amor. Hija de Aída Inés Herrera Babot (docente) y del ingeniero Jorge Villegas, nieta de Amelia Babot de Herrera (docente) y Washington Herrera (llegó a ser secretario de la corte de Justicia de Catamarca), miembros de tradicionales y reconocidas familias del medio. Es la mamá de Clarisa (psicóloga) y la orgullosa abuela de Ramiro, Manuel y Juanita. El Cara a cara de este domingo tiene la palabra de una familiar de víctimas del golpe de Estado de 1976: Claudia Inés Villegas. En su nombre, recordamos a los más de 20 desaparecidos que tuvo Catamarca a manos de la intolerancia y el abuso de poder.


  -¿Cómo y cuándo comienza la historia del drama familiar por la desaparición de dos hermanos?
  -La historia de la ausencia de mis hermanos comienza cuando yo tenía 15 años, en el ´76. Pero en realidad la historia viene de antes, porque el compromiso de mis hermanos, la solidaridad que en mi casa se nos inculcó viene de toda la vida. Si hoy quiero encontrar un motivo por la desaparición de ellos, es por haber sido solidarios, por haber querido un mundo más igualitario, por haber tenido la mano extendida para quien la necesitaba.


  -¿Cómo se componía la familia por aquél entonces?
  -Yo era la menor de los tres hermanos. Vivíamos en Ayacucho 769 de esta Capital, donde nací yo. La historia es que mi mamá y mi papá se casaron y se fueron a vivir a Córdoba, donde nacen Aída y Jorge. Luego se vienen a Catamarca, siendo Aída y Jorgito muy pequeños.


  -Primero se llevan a Aída. ¿Recuerdas cómo fue?
  -Sí. Vivíamos en Tucumán. Aida fue la primera que se fue porque era la mayor y estudiante de Psicología. Primero vivió en una pensión y luego en un departamento con compañeras catamarqueñas. Después se fue mi hermano Jorge, también alquilando. Ahí es cuando mi abuela Amelia –nosotros vivíamos con ella porque mi madre había muerto cuando nosotros éramos niños- decide comprar una casa en Tucumán para que estemos todos juntos. La casa estaba ubicada en Catamarca y San Juan, una zona céntrica. Recuerdo que habíamos terminado de almorzar y Aída se acostó a descansar un rato. Jorge, que estudiaba Arquitectura, tenía que ir a la facultad. Yo tenía turno en el psicólogo y eran alrededor de las 14 cuando me fui. Regresé alrededor de las 16 y encontré la casa dada vueltas y mi abuela  llorando desesperada, junto a un tío que vivía muy cerca de nuestro domicilio. En la pieza donde estaba mi hermana había sangre por todos lados.


  -¿Fueron policías o militares los autores del hecho?
  -Eran efectivos del ejército. Sin ninguna consideración actuaron encapuchados o con medias en la cabeza. Era el 2 de noviembre de 1976 y gobernaba (Antonio Domingo) Bussi en Tucumán. Previamente, la policía ya la había buscado aquí en Catamarca en enero del ´76, unos meses antes del golpe del 24 de marzo. Evidentemente mi hermana venía siendo vigilada, seguida. Aída era una excelente estudiante. Bueno, cuando entré a la pieza era un desorden total y, lógicamente, nos saquearon, nos robaron todo, hasta la ropa. Un detalle: la lámpara de luz estaba enchufada y los cables cortados. La habían torturado con electricidad. Había mucha sangre en la cama, lo mismo que en la almohada. (Con mucho brillo en los ojos) Encima, cuando se fueron, le dijeron a mi abuela: “venga a ver que no nos llevamos nada”. ¡Se llevaban a mi hermana! Dos tipos la alzaron prácticamente colgando y me hermano, haciendo un esfuerzo, se dio vuelta y le estiró los brazos a mi abuela. (Conteniendo el llanto, sin poder frenar el brillo de sus ojos) Pobrecita…mi hermana iba muy ensangrentada. Tenía 22 o 23 años y era flamante psicóloga. Era una excelente hermana, excelente alumna, excelente hija, excelente amiga, excelente nieta. Ha dejado un gran recuerdo en la gente que la conoció. Tenía unas manos hermosas. Eran unas manos que acariciaban. Eran unas manos para dar. Ella tenía una seguridad y una paz increíbles. Le gustaba bordar mucho y a veces pienso que lo hacía para descansar. Con tanta ilusión, con tanto amor.


  -¿Qué respuestas recibían de las consultas que hacían?
    -En la comisaría nos decían que la busquemos en la cárcel y así…nos tenían como estúpidos y eso que mi abuela se les planta con firmeza. Recuerdo cuando fuimos a un destacamento militar y uno de los que hacía guardia le dijo: “Yo a Usted la conozco”. Mi abuela le respondió: “Ah, debe ser uno de los se robó a mi nieta”. Después era yo la que se encargaba de hacer las diligencias y comencé a viajar, sobre todo a Buenos Aires. Fue terrible, porque en los primeros años fue mucha la soledad. Porque si bien no sufrimos cárceles, pero el exilio del alma es algo muy duro. Yo fui una desaparecida en la escuela, en la familia; tuve una cárcel del alma porque había cosas de las cuales no se podía hablar. Fuimos la voz de los que en esos momentos no tenían voz y había que estar en esa época, un tiempo donde había mucho miedo. Por ahí veo cierta mezquindad, porque debe ser terrible estar privado de la libertad, pero también es horrible que te despojen como nos despojaron a nosotros. Aquí sufrimos todos porque esto nos atravesó a todos.


  -¿Cuál es el final que ustedes imaginan?
  -¡Los mataron en los campos de concentración, seguro! Mi hermano fue un botín de guerra y Pio Laghi estuvo al lado de mi hermana. O sea: la Iglesia es cómplice.
  -Después viene lo de su hermano Jorge.
  -Estaba todo planeado. Lo llevaron a Jefatura de Policía, que estaba a unas siete cuadras de casa en Tucumán y era el primer lugar de “chupadero”. Allí los interrogan, pero no está comprobado que allí haya habido enterramientos clandestinos. A Jorgito lo llevaron el 8 de junio de 1977, en un operativo casi similar al de Aída, aunque menos violento. En un principio pensamos que Jorge iba a aparecer. Integraba el Coro de Cámara de Tucumán y porque estaba prevista una visita de Videla a la provincia, “chuparon” a mucha gente, entre ellos al director del coro y a mi hermano. Nosotros pensamos que se trataba solamente de un operativo de seguridad, porque después aparecieron algunos de los capturados. Y entre los que no aparecieron más estaba mi hermano. Jorge estaba comprometido con sus ideales, pero no era el nivel de compromiso que tenía Aída. Con el tiempo y porque tal vez lo conversé con algún sobreviviente, quedó claro que a Jorge lo secuestran para presionarla a Aída, porque mi hermana estaba con vida hasta ese momento y querían sacarle más datos.


  -43 años después, ¿podemos hablar de una herida que ya cicatrizó?
  -No. Jamás.
  -¿Ustedes creen que, con todo lo que pasó después con los militares, se hizo algo de justicia?
  -Para la sociedad puede ser, pero no para los familiares de la víctima. En mi caso, aun si recuperara los huesitos de mis hermanos…no, no podría hablar de justicia. Fue importante lo que pasó para que la sociedad se saque la venda de los ojos, porque fue horroroso lo que cometieron, esa es la verdad. Uno puede tener ideas con las cuales otros no compartan, pero eso no da el derecho a matar. Hay que ser respetuoso de la vida y aquí se atentó contra la condición humana. Eso es lo terrible.
  -Con el paso de los años, ¿cree que tomamos plena conciencia de esas dos palabras Nunca Más?
  -Creo que no. Creo que nos queda mucho por hacer y aprender, de otra manera no se entiende cómo podemos estar gobernados por la gente que nos gobierna. Esto es algo que me lo pregunto con mucha seriedad y por momentos me causa mucha tristeza. Hay que trabajar mucho porque hay algo que no se está entendiendo.


  -¿Tuvieron alguna referencia sobre quiénes ejecutaron los secuestros de sus hermanos?
  -Sí, alguna referencia tenemos. He trabajo mucho y tratado de reconstruir las historias de vida. Porque ellos tenían una vida. Mi hermano Jorge tenía 19 años cuando se lo llevaron. Aída, un poco más grandecita.


-¿Fue la última vez que la vieron?
  -Nunca más la vimos. Se la traga la tierra. Y recién con el informe de Juan Martín, allá por el ´82 o el ´83, tenemos datos ciertos de que mis hermanos habían sido vistos en campos de concentración. A través del testimonio de Juan Martín conocemos el martirio que pasaron…


  -Perdón… ¿quién es Juan Martín?
  -Juan Martín incluso estuvo en mi casa, porque teóricamente era un militante. Alguien a quien la desaparecieron un hermano. Tengo mis reservas sobre el tema y no quiero entrar en detalles porque en estos momentos no es el objeto de esta conversación. Después lo sacaron del país, pero quedó como que Juan Martín había “marcado” a mucha gente en la búsqueda de su hermano, que hasta el día de hoy tampoco apareció.


  -¿Fueron en busca de alguna autoridad militar o policial para pedir datos sobre el paradero de Aída y Jorge?
  -Todas las posibles; militares, policiales, eclesiásticas. En algunas oportunidades fuimos muy maltratados. 

Un tipo llamado monseñor Tortolo

Después de expresar que a sus hermanos los mataron en los campos de concentración y de aludir a Pio Laghi, Claudia dijo: “Yo tengo la fe ofendida. Por cierto hay una parte de la Iglesia en la que me cobijo, que es la Iglesia de (monseñor Enrique) Angelelli, que es otra Iglesia. Pero está la Iglesia cómplice. Trato de ser lo más respetuosa posible, pero la Iglesia sabe y mucho de lo que pasó en la dictadura”. Por mi parte, debo decir que sostuve mi fe en el tiempo. He leído el libro “El caso Bussi”, escrito por Jorge Pedro Busti, Juan Carlos Vega, Jonathan Mathias Miller, Juan e. Méndez y Gastón Chillier. En la página 284, dice textualmente: “En agosto de 1975, monseñor (Adolfo Servando) Tortolo, presidente de la Conferencia Episcopal Argentina –vicario castrense entre 1976-1978- dijo en un documento pastoral sobre desapariciones, torturas y muertes en la provincia de Tucumán que ´el Ejército en el Operativo Independencia –anuncio cruento de la represión posterior- había sido limpio y eficaz´. Posteriormente, el 29 de diciembre de ese mismo año, adelantó que se avecina ´un proceso de purificación´”. Tortolo es el mismo que, a pedido de Jorge Rafael Videla le exigió la renuncia a Isabel Martínez de Perón. Es el mismo tipo –me cuesta mucho llamarle monseñor a esta altura de mi vida- que tuvo una estrecha relación con Videla, hasta convertirse en su confesor, su confidente y su consejero. El 11 de febrero de 1960 este sujeto fue nombrado obispo de Catamarca. A propósito: nací en 1952 y siendo niño, en la década del ´60,  mis padres me llevan junto a mis hermanos a participar de las festividades en honor de la milagrosa Virgencita del Valle, en especial el día de la solemne procesión. Recuerdo que mis padres solían repetir que había que prestarle mucha atención a lo que decía Tortolo en su mensaje. “Qué bien que habla”, decían mamá y papá. Es el mismo Tortolo que, ya en calidad de arzobispo de Paraná, al ser consultado sobre las violaciones de los derechos humanos por parte de los militares, respondió de manera categórica: “no me consta”. Algo horrible escondía en su ancha sotana y su siniestro aparente carisma.

Kelo Molas
 

“Hijos de puta, hijos de puta”

Durante la charla mantenida con Claudia Villegas, con muestras de mucho amor, tuvo conceptos elogiosos sobre la personalidad de Aída. De pronto, nos encontramos con la copia de una carta escrita por su hermana desaparecida a Chito, un compañero militante, cuya síntesis es la siguiente: “Chito: nos duele que no etés. Es un dolor muy profundo, pero al mismo tiempo nos da fuerzas, acumula el odio que sirve para construir el mundo que soñamos y que es el único espacio en el que el odio se permite nacer del amor. Compañero Chito: está de más decir qué es lo que significa tu muerte. El pueblo, la clase trabajadora sabe, porque sufre en carne propia cual es la realidad que vivimos, cual es la opción, cual el camino, cual es su vanguardia, y putea para adentro.

Estúpidos de ellos que no saben mientras pasan rebosantes de soberbia en sus carros, armados hasta los dientes, que miles de ojos los miran y murmuran en silencio: ´hijos de puta, hijos de puta, hijos de puta´. Hasta la victoria siempre. Aída, 1976.”

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Satisfacción
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1%
Incertidumbre
16%
Indiferencia

Comentarios

08/07/2019 | 17:48
#2
Epoca terrible.Y nunca dinero donde estan tantas personas desaparecidas.El lindo d hoy parece olvidarse d tnto sufrimnto.MILITARES ASESINOS!
24/03/2019 | 11:10
#1
Tristeza por el sentimiento de no poder cerrar una herida que es imposible hacerlo y merece todo el respeto posible y la solidaridad hacia su famili. También se debe distinguir claramente los dos grupos que llevaron a cabo el terrorismo de estado: uno el PERONISMO de la mano de Isabel de Peron y el otro las FUERZAS ARMADAS!! Es hora que cada uno acepte du responsabilidad. Los derechos humanos son de todas las personas!!
24/03/2019 | 10:09
#0
Todos los parientes de estos quedaron parados para toda la vida. Tremendos resarcimientos tuvieron. De ambos bandos hubo víctimas, lástima que la vara, sólo midió para un solo lado. Hoy las familiares de los militares masacrados, viven menos que al día. Argentina y todos los políticos sin una porquería. Sólo miran para donde calienta el sol

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