Cara a cara

A CASI TRES DÉCADAS DE UN CASO SIN RESOLVER

domingo, 14 de abril de 2019 · 00:00

HOY: LUIS RAÚL TULA

Luego de un largo tiempo sin declaraciones públicas, hace pocos días Luis Tula reapareció en el aire de Radio Valle Viejo respondiendo a preguntas durante un extenso reportaje. El hombre que cobró notoriedad a partir del caso más famoso de la historia policial de Catamarca, hizo un repaso de su vida, del tiempo que pasó en prisión por el asesinato de María Soledad Morales (fue condenado junto a Guillermo Luque), y habló de su presente como abogado del fuero local.


A casi 30 años de aquel crimen que conmocionó al país, Tula habló con el programa Vía Libre, de Radio Valle Viejo, señalando que hoy por hoy sus días pasan, a la mañana, trabajando de lunes a viernes en tribunales, a la tarde en su estudio, y por las noches en su casa, mientras que los sábados visita la casa de sus padres en la localidad de Santa Rosa, para cuidar las plantas que dejó su madre.


Recordó que vivió su infancia “en la ciudad, hasta los diez años, cuando mi madre rehace su vida, y nos vinimos a vivir a Santa Rosa, hasta entrar a la adultez, hasta que sucede este siniestro en donde de forma violenta y clandestina pasé a ser un hombre público, con una estigmatización que voy a llevar el resto de mi vida”. Tula mencionó que quedó huérfano de padre a los 7 años, y que a los tres o cuatro años su madre se puso en pareja con otro hombre, de quien dijo “soy un agradecido de mi padrastro porque me enseñó los quehaceres de la casa, manejar un hacha, un machete, injertar plantas, regar la finca. Mi madre hace 32 años que no está presente, y a diario la sigo recordando”.


Vía Libre: ¿Y tu padrastro vive?
Luis Tula: No, él falleció y sufrió mucho antes por mi situación. Le dio un ACV a causa del terremoto del 7 de septiembre. En realidad fue un nexo causal. Venía decaído por lo mío, más allá de que yo ya estaba en libertad. Me veía direccionado a obtener un título, a ser un profesional, pero lo mismo sufrió mucho la injusticia.
VL: ¿Cómo se llamaba?
LT: José Graciano Ramírez.
VL: ¿Tenés hermanos?
LT: Tengo diez hermanos, dos fallecidos, y yo soy el menor de los varones, y dos mujeres. Mi hermana sigue viviendo en Santa Rosa.
VL: ¿Hijos?
LT: Tengo dos, menores de edad, uno se llama Santiago, y Micaela, de 8 y 4 años.
VL: ¿Te casaste?
LT: No, vivo en pareja con una chica de Mendoza, y formamos una linda familia.

La entrevista fue transcurriendo luego hacia los años en que era tapa de los diarios y revistas del país, y uno de los personajes más buscados por las radios y la televisión.

LT: En ningún medio, en todo el proceso, ni en los años que siguieron, salió una foto de mi casa, que en aquel tiempo tenía techo de caña. Hoy en día sigue en pie esa casa, con paredes de 1,20 mts de adobe… Es lógico, uno ahora entiende que si llegaban a poner una publicación de mi casa, no coincidía literalmente con ser parte yo de un grupo del poder.
VL: ¿Y sabés por qué?
LT: Sé… sin tener pruebas en la mano por qué fue. Son cosas que por ahí públicamente no se las puede decir. Sería bueno que alguien, algún legislador, se preocupe y desclasifiquen los archivos de la exSIDE, para saber absolutamente la verdad, para saber qué es lo que pasó acá…
VL: ¿Cuándo lo conociste a Luque?
LT: En realidad, a Luque lo conozco a partir de este hecho, y mirá lo que son las ironías de la vida: Si yo hubiera conocido a Guillermo antes del caso, te puedo asegurar que hubiera tenido una jefatura mínima, o hubiera pertenecido a la JP, de Ramón Saadi, que existía como hasta hace poco era (salvando la distancia) La Cámpora en la época de Cristina. Ellos eran los que manejaban todo el tema pegatinas, y les dieron secretarías, jefaturas, a todos esos muchachos que hoy en día son gente que ya peina canas y que todavía siguen en el gobierno ahora con Lucía, porque hicieron una trayectoria política. Pero yo nada que ver. Yo tenía categoría de peón en Obras Sanitarias, más allá de que tenía mis conocimientos y por eso mi jefe, el ingeniero Urioste, más de una vez elevó notas al Administrador pidiendo mi mayor categorización, jamás le respondieron nada. A Guillermo lo conozco y empiezo a charlar el día de mi condena. Me acuerdo que nos recibió un oficial Gutiérrez, que le decían el Suri, y él (Luque) me habla a mí y me dijo “bueno, ya está”. Porque, en realidad, nosotros nos peleábamos. O sea, en el buen sentido, porque él gritaba su inocencia y yo por otro lado la mía. Muchas veces él me imputó algún tipo de delito y yo a él. Pero juro con total honestidad, que en el juicio quedó demostrado, que no tiene nada que ver.
VL: ¿Luque no tiene nada que ver?
LT: Nada que ver. A partir de los ADN que le hicieron. Y a él lo condenan como co-autor, a mí como un entregador. ¿Sabés por qué pasa eso? Porque los ADN que nos hicieron no coincidían con los líquidos corporales que tenían de la víctima. No hay autores.
VL: ¿Cuántos años de calvario tuviste, encerrado?
LT: Encerrado, literalmente, un año y dos o tres meses, y luego salí con la famosa salida transitoria, que vulgarmente se la conoce como salida laboral, a trabajar en el lubricentro de un amigo, y el doctor Guillamondegui, juez de Ejecución, me daba autorización para concurrir a la facultad de Derecho. Durante tres años estuve así, y luego pedí la libertad condicional.
VL: ¿Se puede perdonar?
LT: En realidad, no tengo odio. En su momento, sí, viví con odio, y tenía un sacerdote muy allegado a mí porque yo pertenecía al grupo Palestra, de San Isidro, sé que no se va a molestar y los nombro, estaban Rubén Lobo, Piquín Vázquez, y teníamos un sacerdote que nos guiaba, y hoy es un miembro de la Iglesia Católica encumbrado, si se quiere, que está fuera de la provincia. Y esa fue la persona que me arrancó el odio, a través de distintas visitas, entrevistas, haciéndome ver que no se puede y no se debe vivir con odio, porque no vivís vos ni todos tus seres queridos.
VL: Pero tenías odio…
LT: Por supuesto que sí…
VL: ¿Hacia quiénes?
LT: Sobre todo, al sector político, los líderes de aquel tiempo. Y te digo más: El día de la condena, me acordé de muy mala manera contra el obispo Miani. Y en alguna oportunidad monseñor Miani fue a verme en la cárcel, y yo me senté al frente y le dije “mire monseñor, quiero pedirle perdón porque yo hice tal y tal cosa contra su persona, grité a los cuatro vientos tal cosa”, y me dijo, mirándome a los ojos: “No te hagás problema, yo no me enteré de nada”, y esbozó una sonrisa y terminó todo ahí.
VL: ¿Por qué contra él?
LT: Porque creo que las instituciones intermedias también tienen la obligación de intervenir ante una injusticia ostensible y visible. Tienen en su carga “el debe”.
VL: ¿Conociste la tortura?
LT: Sí. A mí me torturaron tres días. Me secuestran los días 3, 4 y 5 de noviembre del año 1990, y me ofertaron algún dinero para que me haga cargo. Hoy con los conocimientos que tengo, podría realizar la denuncia por el Tratado de Roma, por secuestro, y hacerlos meter presos a todos los que estuvieron ahí. Del jefe de Policía para abajo. Todos. Pero te reitero que el odio no lleva a ningún lado.
VL: ¿Alguna vez pensaste en matarte?
LT: Creo que todos los que pasan por la cárcel, y te dicen que no lo pensaron, te están mintiendo. Todos piensan lo mismo. Pero creo que es un acto de cobardía, porque uno no tiene derecho a llevarle el sufrimiento y la angustia a la gente que realmente te quiere de verdad. Sobre todo la familia, los amigos.
VL: ¿Hay muchos inocentes en prisión?
LT: Sí, por supuesto, y es lógico, si el que baja el martillo es un ser humano que se puede equivocar. Pero también te aclaro que es mínimo.
VL: ¿Creés que hay un Dios?
LT: Yo creo en Dios, y mucho.
VL: ¿Y cómo lo imaginás?
LT: Creo que nos observa a diario y en cada momento. Alguna vez estuve con Eduardo Feimann, en una radio en Buenos Aires, y tenía el teléfono abierto, y una anciana de La Boca me dijo: “Mire, Luis, Dios lo va a llevar a las profundidades, pero no lo va a ahogar”. Y acá estoy. Acá estoy…
VL: Sentís que estuviste en las profundidades.
LT: Por supuesto… Como dice Nietzsche, “me di una vuelta por el infierno”. Fijate vos que Borges, en sus escritos, a sus enemigos les deseaba la muerte, no así la cárcel.

¿Quién trajo al Grupo Clarín?

VL: Con o sin pruebas, ¿te parece que a María Soledad la mataron para voltear al Gobierno de Ramón Saadi?
LT: Absolutamente. Cuando alguien me explique quién trajo al Grupo Clarín, por qué vino… Cuando alguien me explique quién financió la famosa película de María Soledad… Y cuando alguien me explique quién puso el dinero para la famosa película “La Águilas Doradas” o algo así el título, donde el argumento era que unos helicópteros Apache venían a invadir un pueblo de Catamarca que estaba rodeado por la droga… que me acuerdo eran 20 millones de dólares con actores de Hollywood… Ahí podemos empezar a hablar. Dejemos de hablar de fuegos artificiales, vamos al fondo de la cuestión. Y de ahí, como un elemento fáctico, empecemos a construir la pirámide del revés.

La cárcel...

VL: ¿La cárcel sirve para algo?
LT: Para nada. La cárcel es un corral de pobres, donde ves lo peor del ser humano. Pero hablo de la institución, y quiero separar acá el grupo humano. Yo soy abogado, y siempre les digo a los muchachos que hoy encuentro en la calle y que ya están retirados, que un pedazo de mi título les pertenece a ellos, y que ellos se sientan orgullosos y les cuenten a sus hijos que por lo menos a uno salvaron, ese uno soy yo. También soy abogado gracias a ellos. Te cuento una pequeña anécdota, y seguramente va a ser embargado por el pudor porque no le gusta que la cuente: El oficial Carlos Roncoroni, que actualmente es vicedirector de la cárcel, alguna vez me traslada a rendir sociología con el doctor que es dueño de El Liberal de Santiago del Estero, que enseñaba esa materia. Yo rendía libre y me saco un 4 en el teórico, y me dio mucha vergüenza, y le dije a Roncoroni que volviéramos al Servicio Penitenciario. El oficial me respondió “no, vos tenés que rendir”. En realidad, él me veía estudiar. Insistí que “no”, que me había dado mucha vergüenza sacarme un 4, pero me advirtió que tenía que rendir en ese momento, o me metía en el calabozo. Y entré a rendir el oral, donde me saqué un 10, y no te puedo describir con palabras la alegría de ese oficial, que hoy en día es mi amigo. Y su hermano, Miguel Roncoroni, en 1992 cuando salió campeón Newell’s, le pedí permiso para ver el partido en la guardia junto a los oficiales, y me dejó. Mirá las vueltas de la vida, hoy somos compañeros de equipo de fútbol de abogados, en la Liga de Profesionales.
 

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Comentarios

14/04/2019 | 11:57
#2
Jamas creì en la culpabilidad de Tula y Luque.Es un mamotreto que armò Oscar Castillo para lograr el poder por todos conocido y negociar la mineria.Es el ùnico beneficiario de ese tremendo drama.Hoy vemos cosas increibles.Una diputada actual que fue pieza importante en ese entramado y vocifera por los derechos humanos luego de ayudar a gobernar a los continuadores de la dictadura.Claro,su marido la precedìo en la banca muy ligado a los procesistas Pobres inocentes elegedos de victimarios.ES UN CASO NO RESUELTO.
14/04/2019 | 10:09
#1
No se porque dicen caso sin resolver. La justicia dio su veredicto
14/04/2019 | 03:53
#0
NUNCA crei en la culpabilidad de Luis Tula.Es admirable QUE ha Ya pedido constrict una Vida sin odio y con estudios universitarios.QUE Dios lo guie siempre

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