HOY: LAILA JUDITH CÓRDOBA -

Cara a Cara: “TENEMOS QUE TENER UNA JUSTICIA MÁS CERCA DE LA GENTE”

domingo, 14 de marzo de 2021 01:18
domingo, 14 de marzo de 2021 01:18

Alcanzó logros desde su profesión de abogada en un terreno nada fácil, donde el prestigio y la sabiduría van de la mano, como es la provincia de Córdoba, que hace sentir su orgullo de ser llamada “la docta”. El principal diario cordobés, La Voz del Interior, destacó su trabajo cuando informó: “Debuta en Córdoba la tobillera electrónica para proteger a una víctima de la violencia de género”, fallo de la jueza catamarqueña de niñez, adolescencia, violencia familiar y de género de 3ra. Nominación de la Ciudad de Córdoba. En su niñez y juventud se destacó como bailarina clásica, pero un día decidió que sus pasos se alejaran del escenario para abrirse camino en nombre de la Justicia. Hoy es una distinguida comprovinciana del Derecho, que tiene a Judith y “Pancho”, sus padres, como los héroes de su vida. Resulta una enorme satisfacción compartir el pensamiento de la protagonista del Cara a cara de este domingo: Laila Judit Córdoba.

- ¿Qué recuerda de su niñez?
- Esencialmente los traslados que teníamos como familia por el trabajo de papá (fue gerente del Banco Hipotecario Nacional, además de Catamarca, en Mendoza, Jujuy, Neuquén, Corrientes, La Rioja). Íbamos de una provincia a otra. Muy lindos recuerdos, en definitiva, porque lo vivíamos de modo natural: entendíamos que era el trabajo de nuestro padre y la importancia que significa que la familia esté unida en todo momento. Unión familiar, una esencia fundamental.

- ¿En el marco de esa niñez nace la pasión por la danza clásica?
- Sí. Mi abuela (Laila Teme de Jalile), la madre de mamá, cuando vivíamos en Mendoza, me llevó a ver a una gran bailarina de relevancia internacional, Liliana Belfiore. Quedé fascinada por los saltos altos de la artista y le dije a mi mamá que quería ser bailarina clásica.

- ¿Cuántos años tenía en ese entonces?
- Seis años. Ahí empezó ese amor por el arte. Y duró muchos años. En todas las provincias que nombré hice ballet clásico. Recuerdo que en el 90, cuando estábamos en Catamarca, tuve como profesora a Silvia Chalup Raiden, en un muy buen nivel de enseñanza. Después, ingresé al Seminario de Danzas Clásicas del Teatro San Martín, aquí en Córdoba; era un examen bastante exigente y logré pasarlo.

- Cuentan que fue una destacada bailarina.
- (Sonríe abiertamente) ¡Eso dicen mis padres! Considero que fui una gran luchadora. Luego vino una lesión importante en el tobillo cuando tenía 23 años. Me tuvieron que operar, y pese al dolor que me ocasionaba al bailar, logré terminar el seminario de ballet y en el año que egresé como bailarina profesional, en el 2002, bailé como refuerzo en la obra “Giselle” con Iñaki Urlezaga. Para mí, fue algo así como tocar el cielo con las manos.

- ¿Estuvo a poco de bailar en el show de Marcelo Tinelli?
- Estaba en Catamarca visitando a mi familia cuando me entero que había un casting para el programa de Tinelli. Mi tía Alba, que en paz descanse, me convenció de que participara de la selección. Recuerdo que nos marcaron la coreografía y luego me sorprendió haber sido la única elegida. Quedé preseleccionada y faltaba el paso de la elección final que lo hacían en Buenos Aires. Claramente no era el perfil que buscaban. Capaz que querían un perfil menos serio, quizá… (vuelve a sonreír). Porque me preguntaron la profesión y les dije que era abogada.

- Y llega el momento de tomar la gran decisión: ¿cuál carrera seguir?
- En honor a la verdad, la vocación de ser abogada no la tenía registrada en mi interior. Pero era observada por mi familia, mis compañeras de danza, que me decían siempre: “pareces abogada, siempre estás viendo la manera de defender a alguien o te quejas de lo que parece que es injusto.” Cuando decidí estudiar abogacía e irme a Córdoba, le pregunté a mis padres sobre la elección, a lo que me respondieron: “Y, nosotros te vimos abogada siempre”.

- Ya con el título de abogada, ¿qué pasó?
- Ya tenía dos títulos: el de abogada y de bailarina clásica. Surgen entonces un concurso para entrar al ballet oficial de Córdoba y otro para entrar al Poder Judicial cordobés. Rendí los dos concursos y en el de ballet no quedé. Pero vaya sorpresa: en el examen para entrar a los tribunales del Poder Judicial de Córdoba me saqué el máximo puntaje: treinta. Algo así como si me hubiera sacado un diez. Pensé: esta es la mano del destino.

- ¿Hay otro título alcanzado y no lo dijo?
- También soy profesora de piano. Estudié en el Conservatorio Fraccassi y en el “Mario Zambonini”.

- Volvamos a Córdoba, habiendo obtenido el título de abogada.
- Ingresé al Poder Judicial de Cosquín, más precisamente a una Fiscalía de Instrucción. Estuve allí un par de años; después me tocó trabajar en Carlos Paz. Estando en Carlos Paz rendí seis concursos para prosecretaria letrada en el fuero penal en distintos estamentos: fiscalías, cámaras, entre otros. Y se presentó la oportunidad de ocupar un cargo en Dean Funes, lo cual acepté: prosecretaria del fuero penal juvenil, niñez, adolescencia, narcotráfico. Era un multifuero. Córdoba es muy particular: en Córdoba capital hay juzgados y fiscalías especializadas, a diferencia del interior, donde están todos los fueros juntos. Esto me dejó una buena experiencia y al observar la situación de vulnerabilidad de muchas familias en Dean Funes, me sentí muy atraída por la temática de la niñez, de la adolescencia vulnerable y la violencia familiar. Estas cuestiones me atraparon. Hasta que un buen día salió un concurso para juez de niñez, adolescencia, violencia familiar y de género en Córdoba capital. Pensé: “yo quiero esto para mi vida”. Algunos me desanimaron diciéndome que la gente que trabaja en ese fuero termina con carpeta psiquiátrica, pero ya estaba convencida: “yo quiero esto”. Rendí el concurso y quedé tercera en el orden de méritos, hasta que me llamaron a cubrir el cargo de una jueza que se había jubilado.

- ¿Cuándo ocurrió eso?
- El 1º de junio de 2015.

- Desde entonces es jueza de Niñez, Adolescencia, Violencia Familiar y de Género de 3ra. Nominación de la Ciudad de Córdoba.
- Exactamente.


 - Cuando pensó “yo quiero esto para mi vida”, ¿fue asumir una actitud de compromiso?

- Es un compromiso de vida con la tarea judicial en temas tan sensibles. Así lo siento en el fondo de mi corazón.

- Son tiempos difíciles y complejos para el tratamiento de temas tan puntuales en medio de tanta violencia.
- Muy difíciles. Ahora toda la temática se ha visibilizado mucho más. Yo tengo un compromiso y un gran desafío: me he perfeccionado mucho con el tiempo. La casuística que tenemos en esto es como un hospital de urgencia de Córdoba capital: tenemos muy muchos casos. En un turno nos entran 260 denuncias por día, para lo cual contamos con un gran equipo de trabajo. Es un plantel que saca resoluciones en el marco de la urgencia y tenemos que actuar de oficio. Todo esto ha requerido años de trabajo, porque todo no lo puede realizar el Poder Judicial solo; aquí se necesita una articulación con el Poder Ejecutivo. Dictamos medidas cautelares en urgencia: de restricción, de exclusión, otorgamos botón antipático, dispositivo dual (que es la tobillera); también tenemos competencia en las violencias familiares en relación a niños, a personas mayores. Además, hombres violentados, porque en la violencia familiar la víctima puede ser tanto la mujer como el hombre, el niño, personas con discapacidad, ancianos. Insisto: es un trabajo de muchos años. Primero, aquí teníamos el Polo de la Mujer, donde a la mujer se le hacía la contención psicológica, con programas del Poder Ejecutivo para becas para alquiler, alimentos. Pero vimos que no era suficiente. En algunos casos de femicidios que tuvimos no fueron porque no les dimos medidas de protección, como se escucha por ahí: “la Justicia no hizo nada”. No, no es así. La Justicia sí hizo. Pasan algunas cosas. Por ejemplo, en uno de los femicidios que tuvimos hace poco, la mujer incumplió la restricción y volvió con el hombre. Y no se trata de culpar a la mujer, en absoluto. Es un tema muy serio, que requiere tratamiento…y no cualquier tratamiento. La tarea del Estado es importante porque el tratamiento es con una intervención psico-socio educativa, y ahí vino la creación del Centro Integral para Varones, a quienes se les enseña a manejar el enojo, a controlar los impulsos. Acá, los operadores en la terapia fueron capacitados por Roberto Garda Salas, que es un magister mexicano que escribió bastante sobre el tratamiento de los varones y los grupos de reflexión. También hay grupos de terapias integrales, donde se tratan las adicciones junto con la violencia. Lo que no se puede tratar y no se puede reflexionar es un varón con problemas psicopáticos, porque no tiene empatía y pueden aprender las técnicas para seguir ejerciendo manipulación. Para esto hay psiquiatras especializados que detectan estos patrones en las entrevistas. Queda claro entonces que tiene que haber políticas públicas en la solución del problema.

- Todo ese contexto nos mueve a preguntar qué nos está pasando. ¿Vivimos en una sociedad violenta?
- Sí, sí. Vivimos en una sociedad violenta, claramente. Está bueno el tema este de ir desaprendiendo. Desaprendiendo roles estereotipados desde la primera infancia. Es fundamental hablar de estos temas en la familia, en la escuela. Aquí se hizo una experiencia muy positiva: los jueces en la escuela. Hablarles de violencia a los chicos, de cómo detectar si están en una relación adolescente violenta. Hay que hablar, no tiene que ser algo tabú. Hay mucha violencia en los noviazgos. Cuando a más temprana edad se trabaja en esto, crece la esperanza de tener una sociedad mejor.

- Sectores políticos enfrentados han puesto a la Justicia en el banquillo de los acusados. Cada uno esgrime sus argumentos y exponen a la Justicia ante la opinión pública. ¿Cuál es su reflexión?
- Considero que siempre estamos esperando la solución solo desde la Justicia o solo desde el Gobierno, y no vemos que todos somos parte de una sociedad y que también tenemos que poner nuestro granito de arena. Muchas veces las personas tienen que indagarse en esa cultura del “no me meto, no vi nada, porque no quiero complicarme, no quiero que me citen y me pregunten cosas”. Son conductas del fuero interno que se tienen que analizar. Cada uno tiene que hacer su aporte desde el lugar que le toca.

- La ciudadanía necesita creer en el valor Justicia.
- Totalmente. Y la Justicia también tiene que esforzarse para que la gente confíe en la Justicia. Tenemos que buscar una Justicia más cerca de la gente. Buscar la fórmula para que haya asesorías móviles que puedan trasladarse al lugar donde están las personas. Porque hay mucha gente que no tiene ni siquiera para tomarse un colectivo y trasladarse. Hay un Registro Civil móvil. Que también la Justicia envíe las asesorías móviles a distintos parajes. En definitiva, para permitir el acceso a la Justicia a los sectores más vulnerables. Esto, responde a mandas normativas internacionales.

- Se habla de Justicia permisiva, blanda o dura. ¿Cómo tiene que ser?
- Como la palabra lo dice: justa. Dar a cada uno lo suyo.

- Se ha ganado un lugar importante en la Justicia de Córdoba, un terreno difícil como es la llamada “docta”. ¿Qué le representa este logro?
- Mucho compromiso y mucha responsabilidad de estar a la altura de las circunstancias. Gané un concurso cuando muchos me decían que era difícil porque venía de otra provincia. Además de la felicidad, el hecho reforzó en mí la creencia de cómo se están manejando las cosas, al menos en Córdoba, con los concursos.

- Ha sido noticia destacada en numerosos medios por dos casos: resolvió sobre una adopción plena de una niña por parte de su madre y sus dos padres, y dispuso el primer dispositivo dual (tobillera) en Córdoba por violencia de género.
- En un caso, fue la primera tobillera que se colocó a un hombre en Córdoba, en el año 2017. En el otro, se admitió una demanda de adopción plena pluriparental por parte de la madre y los dos padres. Fueron dos resoluciones en situaciones muy complejas.

- Detrás de sus logros personales y profesionales, ¿qué hay?
- Están mis padres. Desde chica, ellos me dieron mucha seguridad, constantemente me apoyaron en lo que hice. Siempre encontré en ellos esa paz que se necesita y esa confianza para seguir adelante. (Visiblemente emocionada) Todo eso se lo debo a mis padres.

Algo personal

- Nombres y apellido: Laila Judit Córdoba.
- Padres: Judith Isabel Jalile y Francisco del Carmen Córdoba.
- Casada: Con Edgardo Olmos Núñez.
- Hijos: Alba del Valle y Lucas Baram.
- Hermanos: Tres varones: Jorge Alejandro, Oscar Francisco y Raúl Enrique.
- Título de abogada: En la Universidad Blas Pascal.
- Un personaje: (Eligió dos) “Mis padres. Los admiro. Ellos son los héroes de mi vida. Juntos, salieron adelante y son mi guía”.
- Libro: Participó del libro “Los impactos del Covid-19 en los distintos fueros del Derecho en la Provincia de Córdoba” y también de otro libro: “Violencia Familiar en la Provincia de Córdoba”. En el primero, junto su colega Soledad Vieites, escribieron sobre “Protección de las personas más vulnerables en tiempos de pandemia”.
- Catamarca: “Amo Catamarca. Extraño sus montañas. Siempre tengo presente a la Virgen del Valle y el paisaje, que para mí es único. Siento que la Virgen del Valle representa mis raíces y creo que en todos los catamarqueños está la Virgen del Valle en algún de su casa. Yo la tengo en la entrada de mi domicilio”.
- Reconocimiento: “Hay un fallo que me pareció interesante de una colega catamarqueña, Olga Amigot Solohaga, que ordenó una reparación integral de una víctima de violencia de género, determinando además la colocación de las primeras pulseras duales a los agresores del caso. Esto demuestra que hay buenos profesionales del Derecho en todo el país”.
 

 

(Catamrqueña jueza de Niñez, Adolescencia, Violencia Familiar y de Género de la Ciudad Córdoba)

50%
Satisfacción
8%
Esperanza
16%
Bronca
0%
Tristeza
8%
Incertidumbre
16%
Indiferencia

Comentarios

14/3/2021 | 12:36
#0
Por favor, basta de promocionar amigos y gente que solo cuenta su vida como algo frívolo y sin utilidad para nadie. Entrevisten a personas que algo hicieron o aportaron para mejorar la sociedad.

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