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Paul McCartney brilló en el Monumental

viernes, 12 de noviembre de 2010 00:00
viernes, 12 de noviembre de 2010 00:00

Cuando se apagaron las luces y la música, el estadio Monumental quedó en silencio... y la magia del inigualable Paul McCartney ya se extraña. El ex beatle brilló en su paso por la Argentina, ratificó que sigue en gran nivel y que los 17 años que habían pasado de su última visita no hicieron mella ni en su voz ni en su carisma. Las 20 canciones de los cuatro de Liverpool que McCartney ofrendó a los casi 90 mil asistentes a sus recitales marcaron el punto más alto del show. El salpicado recorrido por su obra musical comenzó con “All My Loving” que el músico entregó después de la apertura del show que a las 21 comenzó con la enganchada trilogía "Magical Mystery Tour", "Rock show" y "Jet”. Hasta las 23:20 en que finalizó el segmento formal del recital, hubo certeras dosis beatles con “The Long and Winding Road”, “I`ve Just Seen a Face”, “And I Love Her”, “Blackbird” (que ejecutó él solo) y “Eleanor Rigby”. Una arenga popular acompañó “Ob-La-Di, Ob-La-Da” y se extendió luego a “Back in the U.S.S.R”, “I`ve Got a Feeling”, “Paperback Writer” (que, avisó en inglés, “la toco con la guitarra con la que le grabé originalmente”), “A Day in the Life”, “Let It Be” y “Hey Jude” para el que se acompañó de un pequeño piano de pie pintado con motivos psicodélicos. A la hora de los bises que inauguró haciendo flamear desde el mástil una enorme bandera argentina, sólo hubo lugar para más Beatle con una primera seguidilla integrada por “Day Tripper”, “Lady Madonna” y “Get Back”. El segundo agregado de canciones se inició con una antológica versión de “Yesterday” que entregó solo y haciendo sonar una guitarra acústica, para enseguida estallar de la mano de “Helter Skelter” y “Sgt. Pepper`s Lonely Hearts Club Band”. El cierre definitivo llegó con “The End” que incluyó una linda zapada a tres guitarras, una lluvia de papelitos de colores y la sugerente imagen de un atardecer en el fondo del escenario y en las dos pantallas laterales. Todo lo bueno, se sabe, tiene que terminar. Finalmente se apagaron las luces y el silencio volvió a River. Paul McCartney había pasado.

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