A telón abierto

viernes, 21 de diciembre de 2018 00:00
viernes, 21 de diciembre de 2018 00:00

En un espacio en este mismo diario, decíamos días atrás, de manera simbólica, que había que sacar las butacas del Cine Teatro Catamarca, del Complejo Urbano Girardi y del Salón Calchaquí al interior de la provincia, como una manera de practicar, en este caso desde lo artístico-cultural, el tan pregonado federalismo que tanto le reclamamos a los gobiernos nacionales de turno cuando se empeñan en hacer crecer ese monstruo que pisa fuerte y al que llaman centralismo porteño. Por aquello de que la caridad bien entendida comienza por casa, nos parece prudente que primero miremos un poco hacia adentro de nuestra geografía provincial en un saludable intento de saldar la deuda interna para después entonces reclamar con énfasis que se nos tenga en cuenta cuando de hacer las cosas con claro sentido federal se trata, en un contexto nacional. Ejemplos sobran: hay espectáculos de alta jerarquía –sean nacionales o extranjeros- que se presentan en Buenos Aires, Córdoba, Rosario o Mendoza… y en Catamarca lo miramos por televisión o los leemos en los diarios, en una apretada síntesis. El último orejón del jarro, suelen decir en el barrio. Para colmo de males: se construyó el estadio Bicentenario (eso que pedíamos a gritos durante décadas y décadas y ahora nadie lo quiere) con capacidad para más de 20 mil personas, pero… ¡se está derrumbando sin que nadie frene su deterioro! “Catamarca tiene esas cosas que en otro lado no encuentro”, dirían en versos los hermanos Néstor y Carlos Cano. Entonces, un artista de la talla de Joan Manuel Serrat, por citar un caso, está condenado a no poder ofrecer su magnífico show entre nosotros.

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  Mientras tanto, en la Capital provinciana, esto es San Fernando del Valle, se presentan espectáculos de elevado nivel artístico en la mayoría de los casos, de matriz bien catamarqueña, que comienzan y terminan en la sala “Julio Sánchez Gardel”, el Girardi o Calchaquí. Muy corto recorrido para tan largas aspiraciones: que un producto trascienda los límites de su lugar de nacimiento y sea puesto a consideración de públicos masivos que puedan sostenerlo hasta alcanzar el éxito deseado. Es de suponer que un artista o una empresa artística pretenden que sus ofrecimientos sean conocidos y valorados en numerosos lugares, por lo que volvemos a insistir: ¿Es tan difícil que un espectáculo que debutó en el Girardi sea presentado después en distintos puntos del interior? “No hay plata”, es la respuesta que se escucha desde los organismos culturales y los municipios, casi como una letanía de certificados de pobreza, cuando alguien tiene interés que su obra camine un poco más más allá del casco céntrico. “No nos alcanza el presupuesto, sale caro estar en Cosquín o Jesús María”, suele escucharse desde el área de Cultura para justificar la ausencia de Catamarca en vidrieras importantes. Más certificados de pobreza. ¡Maldita pobreza! Mientras tanto, otras provincias, tan pobres como la nuestra, están presentes en esos encuentros nacionales. ¿Cómo hacen para estar? ¿Acaso se convencen de que “si hay pobreza, que no se note” y van pidiendo ayuda extra? ¿O aprietan a fondo el acelerador de eso que llaman “capacidad de gestión” y le sacan agua a las piedras para poder estar donde todos están? En otras palabras: si no hay recursos propios en los organismos del Estado, hay que buscar auxilio en el sector privado, que no siempre pueden estar mirando para otro lado.

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    Apenas repasando la agenda artística-cultural de este año y del año pasado, nos encontramos que el músico y poeta Julio Herrera presentó su Cantata a Felipe Varela, que Belén Álvarez Parma construyó sólidas propuestas, que Kaly Barrionuevo se preocupó por montar un show digno de apreciar, por poner algunos ejemplos. Que también hubo otros espectáculos de real valía en teatro, presentaciones de discos y/o libros, encuentros extraordinarios de danzas folclóricas y de otros géneros musicales, propuestos por la propia secretaría de Cultura. Todo para quienes ocuparon las sillas del Cine Catamarca o el Girardi, o los espacios públicos de la Capital. ¿Y el interior? ¿O es un mero slogan publicitario aquello de que el interior también existe? No dudamos que con un trabajo mancomunado con los distintos municipios de la provincia, más el aporte indispensable del sector privado, es posible que hagamos federalismo en nuestra propia casa y los protagonistas de cada una de las obras y creaciones van a sentir que vale la pena construir un ofrecimiento artístico-cultural en Catamarca. Que no va a quedar encerrado entre cuatro paredes. Seguramente un artista se sentirá feliz al saber que su nuevo disco puede ser presentado en la Capital, Recreo, Ancasti, Antofagasta de la Sierra, Belén y Santa María. Que caminó un trecho más largo del que se viene haciendo. Hay deudas internas que se pueden pagar. Y no hace falta mucha plata. Una manifiesta capacidad de gestión entre sectores referentes del quehacer catamarqueño, vale más que un millón de pesos. El federalismo, agradecido. Hasta el viernes.
 

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