HUMANOS

Dylan Thomas

Dylan Marlais Thomas, nació en Swansea, Gales, el 27 de octubre de 1914, fue un poeta, escritor de cuentos y dramaturgo.
martes, 26 de octubre de 2010 · 00:00

Si hay que hablar de figuras poéticas que reverdecieron la literatura inglesa de la primera mitad del siglo XX, hay que remitirse obligadamente a la figura de Dylan Thomas (1914-1953). Famoso por ser un bohemio y un borracho redomado, famoso también por su vozarrón cautivante, que atraía, cual cantante juvenil, a cientos de personas a sus recitales poéticos, o a pegarse al receptor cuando hablaba en la BBC. Fue conocido como "el maudit", "el gran maldito" o "el último maldito" (lugar común o apodo que reciben automáticamente todos los poetas borrachos, noctámbulos, disipados o indiscutidamente geniales). Poeta precoz y repentinamente fallecido, el caos y el exceso fueron su camino a la genialidad.

ylan Marlais Thomas nació en Swansea, Gales, en 1914. Su precocidad se nota ya desde su infancia, a los 4 años es capaz de recitar de memoria Ricardo II de Shakespeare, preconfigurando no solamente su singularidad, sino también sus dotes histriónicas. Su padre, D. J. Thomas, un escritor frustrado, profesor de una escuela elemental (la Swansea Grammar School, donde estudió Dylan) vio en su hijo el enorme talento que estaba germinando, de hecho soñaba con darle la mejor educación posible, mandándolo a Oxford, lo que no sería posible. Tras terminar su educación secundaria, Thomas emigró a Londres con el deseo ferviente de publicar sus poemas.
Ya antes había dejado la escuela para convertirse, a instancias de su padre, en periodista del South Wales Evening Post. Es en esta publicación donde ya se desatan las dotes de escritor de Thomas. Redacta obituarios poéticamente, y críticas de cine y teatro donde no dejó títere con cabeza, despedazando a lo más granado de las tablas galesas de por aquel entonces (ya muestra su propensión al escándalo). Después de una ardua jornada de trabajo solía apagar su sed insaciable en el bar The Anthelope, donde escuchaba las historias de los marineros ingleses, mientras se embriagaba hasta la médula. Pero el camino no estaba en el periodismo. Tras un año y medio de labor de prensa, la poesía —su “oficio u hosco arte”— lo arrastraría definitivamente hacia sus dominios.

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