La hija de Lula en Argentina

sábado, 07 de septiembre de 2019 00:08
sábado, 07 de septiembre de 2019 00:08

A pesar de las tragedias familiares que la rodean, impone su sonrisa. Sonríe luminosa la periodista y activista política Lurian Cordeiro da Silva cuando recuerda a su padre, el ex presidente de Brasil  Luiz Inacio Lula da Silva. De visita en Buenos Aires para participar en el Encuentro Americano por la Libertad de los Presos Políticos, habló, sobre todo,  del costo humano que ella y su familia pagaron por la injusta e ilegal persecución a su padre.

De entrada,  afirma que Lula es, sin dudas, víctima de una persecución feroz por parte de la justicia brasileña. Recuerda las últimas filtraciones reveladas por el portal The Intercept, a partir de las cuales se pudieron conocer los mensajes intercambiados a través de la aplicación Telegram entre el ex juez Sergio Moro y miembros de la fuerza de tarea del caso Lava Jato, coordinada por el procurador Deltan Dallagnol. En esos intercambios, se burlaban del dolor de la familia ante las distintas muertes que se fueron sucediendo. “Nada de lo que se está divulgando me sorprende, en el sentido de las mentiras y la crueldad con la que se vienen manejando desde el principio. La gente no concibe que seres humanos se burlen de la muerte de un niño, de su ex mujer por su ACV, de su hermano con cáncer… Yo no haría eso jamás, los debates se deben dar desde adentro la política”, afirma.

El 6 de marzo de 2016 fue el inicio de la persecución hacia el ex presidente de Brasil, cuando un operativo de la Fuerza de Operación Lava Jato irrumpió en las primeras horas de la mañana en su departamento, en São Bernardo do Campo, San Pablo. Lurian Da Silva recuerda ese momento con detalle: “Cuando se produjo esa acción coercitiva, invadieron la casa de mis hermanos. En la casa de los padres de Arthur, la policía entró tirando abajo la puerta. Arthur tenía en ese entonces 4 años. Pedía a los policías que le devuelvan su tablet, y ellos le respondían con burla: `comprate otra´”. Da Silva cree que ése es el límite: “Una cosa es querer investigar, con todos los vicios que puedan existir, pero los niños no tienen nada que ver con eso”.

El recuerdo de Arthur se vuelve permanente en la conversación. “Estaba todos los días en la casa de mi padre. Sufrió bullying en la escuela. Muchos amigos se apartaron de él. Todos sus derechos fueron violados. Nadie se merece pasar por todo lo que le pasó”, recuerda. 
“Sobrevivió a la prisión, sobrevivió al cáncer, y sobrevivió a las pérdidas”. Lurian da Silva se refiere así al estado de su padre. Dice que lo encuentra lúcido y bien preservado.

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