Donald Trump participa en una masiva marcha contra el aborto

sábado, 25 de enero de 2020 16:07
sábado, 25 de enero de 2020 16:07

Donald Trump está acostumbrado a romper barreras y este viernes hizo algo que ningún antecesor había hecho jamás: fue el primer presidente en la historia de Estados Unidos en asistir personalmente a la marcha contra el aborto para dar un discurso y arengar a los manifestantes. La iniciativa, que provocó un caos en el centro de Washington, es una clara movida de campaña.

Trump habló ante una nutrida demostración cerca del Congreso de la capital estadounidense, en la llamada Marcha por la Vida, una manifestación anual que se hace en el aniversario en que la Corte Suprema emitió en 1973 el famoso fallo Roe v. Wade, que autoriza el aborto. Sus antecesores conservadores, Ronald Reagan y George Bush padre e hijo, que estaban en contra del aborto, nunca habían concurrido en persona a estas marchas.

Pero hay una explicación política detrás de esta movida de Trump, sobre todo para un hombre que años atrás había profesado su apoyo al derecho de decisión de la mujer: en campaña, Trump busca consolidar el voto religioso y conservador que fue clave para su triunfo electoral de 2016 y también lo será para su reelección en noviembre.

La participación de Trump hizo que las medidas de seguridad se redoblaran en Washington: hubo vallas, puestos de chequeo de bolsos y mochilas y detectores de metales por todos lados y el tránsito estuvo bloqueado por varias horas.

“Todos nosotros entendemos la verdad eterna: cada niño es un regalo precioso y sagrado de Dios”, dijo el presidente. “Juntos, debemos proteger y defender la dignidad y la santidad de cada vida humana”, agregó. Y citó varias de sus decisiones administrativas en contra del aborto, como el desfinanciamiento de las clínicas donde se practica.

Los cristianos evangélicos es el 26% del electorado estadounidense y solo basta observar unos números para ver el impacto de este sector en las elecciones pasadas. Si Hillary Clinton hubiera obtenido la misma cantidad de votos evangélicos que sacó Barack Obama en el estado de Michigan, por ejemplo, habría cosechado ciento veinticinco mil votos más y triunfado en ese estado en el que finalmente ganó Trump por leve margen. Lo mismo en Florida (habría sumado ciento cuarenta y un mil votos, y perdió por ciento doce mil). La historia podría haber sido otra.

Trump inesperadamente terminó captando a ese electorado a pesar de que él es un hombre que en el pasado se había manifestado a favor del aborto, se divorció dos veces, tuvo denuncias de abuso sexual y dijo que le gustaba “agarrar a las mujeres de la vagina”.

Si bien los sectores religiosos vieron con gran felicidad que el presidente nombrara dos jueces conservadores en la Corte Suprema, en diciembre comenzaron algunas señales de alerta para Trump. La revista evangélica “Christianity Today” publicó un editorial apoyando al impeachment de Trump por el Ucrania-gate.

Esto alarmó a la Casa Blanca y desde entonces el presidente ha participado de varios eventos con líderes religiosos y anunció también medidas en favor de los alumnos que quieren rezar en las escuelas públicas. Su discurso en la Marcha por la Vida busca amarrar a ese sector decisivo.

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