El Montañismo

Una pasión ancestral tan vieja como el hombre
martes, 23 de noviembre de 2010 00:00
martes, 23 de noviembre de 2010 00:00

La cordillera de Los Andes ha sido testigo de innumerables eventos a lo largo de su historia, sus montañas hablan con sus picos eternamente forrados de nieve, sus cañadones creados por glaciares hace millones de años y su fauna que trata de crecer en un ambiente inhóspito, con el viento blanco que domina las cumbres y las tormentas que son impredecibles, y un sol radiante que puede cambiar sin previo aviso en una gran nevada, cuando el azul profundo del cielo se mezcla con el blanco de las nieves propulsadas por el viento.
La montaña, es todo, como el hombre: lo sublime junto a lo más bajo; Jorge Luis Borges, dijo:” De allá viene todo, esas montañas son como los dientes de Shiva, el Budismo, el Hinduismo se generaron en las montañas, ¿Y Cristo?, Cristo solía subir y bajar montañas” Por eso hay que subir y bajar con Dios y La Virgen, allá arriba se alcanza un estado de gracia, de fusión con todo y se está cerca de los ángeles. La montaña da oportunidades, pero no hay que cometer dos veces el mismo error, son siniestras, emanan respeto y cierto miedo, provocan ideas y ocurrencias que uno jamás podrá llegar a pensar en otro lugar, en la montaña uno debe mantener la cabeza fría, una calentura puede acarrear el fracaso de la expedición o la muerte de compañeros en una avalancha, y estamos convencidos de la fragilidad humana en las alturas, donde sobrevivir es también parte de la escalada, donde es necesario controlar y dispersar mucha energía y además engendrar cada día la voluntad ante lo que un ser humano puede dar en la acción, la desmesura de exponerse a situaciones límites y superarlas a plena conciencia. Cuanto más caminamos en la montaña mas seguros nos sentimos, más cerca de ella, tenemos real sentido, de las distancias, de las horas que tardamos en llegar de un lugar a otro, ese conocimiento nos hace disfrutarla más, vivirla sin temores, pero a veces nos hace faltarle torpemente el respeto, no es muy difícil imaginar cuales pueden ser los riesgos de un ascenso o descenso de montaña, la caída fatal es el fantasma que vencen los que se animan a enfrentarlas. Las grandes montañas son el escenario apropiados para descubrir nuevas dimensiones de uno mismo y obtener revelaciones distintas, se intenta ir para saborear nuevas visiones y vivencias, enfrentar el desafío de esas montañas tan enormes como bellas, con un grupo de amigos para compartir ese mundo extraño y fascinante y te sentís mucho más cerca de lo que es la montaña en Si, y es una experiencia mas fuerte, también es emocionante estar en la escalada final, pero a veces es prudente no hacerlo, el riesgo grande que se corre es la falta de aclimatación, que produce el típico apunamiento. Escalar una alta montaña no es hundir grampones en la nieve, pasar mosquetones, o tensar una soga, a veces es solo caminar, con pasos cortos y prudentes y a ritmo sostenido, y lo más importante es saber establecer campamentos o estaciones que permitirán avanzar lenta e inexorablemente hasta la cumbre, también es recomendable para reponerse del esfuerzo, recuperar el apetito y respirar razonable oxígeno después de los suspiros y la adrenalina.
El montañismo es algo ancestral una pasión tan vieja como el hombre, pero además se sabe que pertenece a esa raza que conoce las leyes no escritas de la montañas, los códigos que se aprenden en compañía de la soledad, o en el silencio elocuente de una meseta nevada o de un filo rocoso, distintas son las edades, las actitudes y las experiencias, y una sola obsesión: Hacer cumbre en las montañas más elevadas del planeta, después de una larga travesía con el equipo a cuestas para agregar un escalón más en el ascenso a las cumbres. Y algo que también sabemos los andinistas: no siempre las cumbres se conquistan con fines deportivos, tenemos como antecedentes los testimonios legados por culturas que nos precedieron, como los incas que alcanzaron las altas cumbres de Los Andes para rendir homenaje a sus Dioses, y tenemos también el hecho de haber llegado a la cima como un tema deportivo, llegaste o no llegaste, eso nunca le va a quitar mérito al esfuerzo que se hizo para lograrlo o a las vivencias que podemos haber tenido nosotros, lo que pasa es que es algo difícil para alguien de afuera ver ese otro éxito que nosotros vivimos, es como esa eterna pregunta: ¿Para qué suben?, y eso es algo que puede preguntar alguien que nunca estuvo en la montaña. Tal vez todo esto sirva para demostrarle a la gente que ya no se trata de hobby de locos (o en todos casos, que cantidad de locos que andan por las montañas).
Si algo faltaba que completara la actividad montañera, era traer la montaña al pueblo en fotografías, aunque sea en dos dimensiones, abrirles los ojos a tantos miopes que andan por ahí, combatir la chatura y sembrara un poco de idealismo, pero no estamos acostumbrados a ver en estos tiempos de tecnificación y superación material, expediciones que no tengan otro contenido que alcanzar la preciada cumbre o la dificultad por alguna ruta.
“Una vez que has conocido la cumbre, caminarás por la tierra con la frente en alto, y en los ojos otros horizontes: porque has estado en la cima mas alta y la vida pertenece a los que logran sus sueños.
 

Sixto Oscar Vergara y Agrupación de Montaña Diaguita - Saujil - Publicado en La Opinión (publicación independiente regional de Saujil)

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