El Carnaval en Colpes

En las calles se oye el “tun tun” de las cajas, y un paisano llega con la noticia que expresa en versos de Chaya diciendo: “Junto al camino está caído machadito el carnaval”.
viernes, 05 de noviembre de 2010 · 00:00

El calor del verano se hace sentir, el Crespín ha madurado las dulces brevas en higos, los coyuyos brotan de la tierra y se trepan a los árboles, para celebrar en su canto la madurez de las algarrobas que pintan de oro sus ramas.
Todo ha cambiado en el pueblo, ya no hay silencio en las noches; las vidalas se escuchan.
An por todas partes y debajo de una enramada el suelo está bien regado; la gente se ha dado cita; bandoneón, guitarras y bombo degranan zambas, chacareras y gatos; las mozas derrochan su donaire y los mozos dejan la vida en la pista entre zapateo y mudanza todos bailan y cantan.
La fiesta continúa noche tras noche hasta que al final, con las primeras luces del día se va apagando la música, algún vidalero duerme abrazado a su caja coplera. El sol apura su paso y en un rincón solitario, entre jarras de vino vacías, el pequeño duende despierta, sacude su ropa enharinada y a lo lejos divisa la hoguera. Ebrio y cansado de tanta farra, no puede levantarse… Llora su nostalgia, pero sabe que ha llegado el final de su corta vida. El vidalero también despierta, no puede salir de su asombro y perplejo, contempla la escena. Se levanta y acude en ayuda de este extraño ser. Se inclina respetuoso y lo toma entre sus brazos, una onda pena lo invade, el duendecillo está muriendo. Aquí esta el “Puj-Yai”, hay que quemarlo…Los que prepararon la hoguera, entristecidos, van a iniciar el ritual, pero de repente, para el asombro de todos, con el último soplo de vida, el duende se incorpora y les habla:” No es así como se despide el carnaval, no es la tristeza y el llanto, sino la risa y el canto la que precisa mi espíritu para volver a la vida. Aviven el fuego, y que las llamas consuman mi cuerpo: solo así se cumplirá mi destino y podré regresar desde la tierra.”
Todos han formado una ronda, que rodea las llamas: bailan y cantan, y una vez más la harina vuela en el aire perfumado por el aroma de la albahaca. Es domingo en el pueblo, domingo de alegría mezclada con nostalgia, domingo de risas y tristezas, domingo de sentimientos encontrados. Es un DOMINGO DE ENTIERRO.

Publicado en La Opinión (publicación independiente regional de Saujil).
 

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