"Cada vez hay más hambre": comedores populares al borde del colapso por la alta inflación

miércoles, 14 de febrero de 2024 19:40
miércoles, 14 de febrero de 2024 19:40

Veinte kilos de fideos parecían hace una semana suficientes para alimentar a las decenas de familias que se acercaban al comedor popular Sal de Tierra en Villa Fiorito, un barrio pobre en los suburbios de Buenos Aires acuciado por la crisis económica que castiga a Argentina.

Sin embargo, con una inflación mensual del 20,6% en enero -según informó el miércoles el Gobierno- el número de argentinos que padece hambre se ha disparado y el comedor, que subsiste principalmente gracias al trabajo voluntario y aportes privados, debió preparar 30 kilos de fideos esta semana.

"Arrancamos (hace meses) con 20 familias y hoy ya son como 70 familias que vienen a buscar la comida. Cada vez hay más escasez, cada vez hay más hambre", dijo a Reuters María Torres, una cocinera voluntaria de Sal de Tierra que se encuentra sin trabajo formal.

"La situación económica de la gente es que si hoy no va a un comedor no come, porque es la realidad que estamos viviendo hoy, la gente no come", añadió.

La inflación, que cerró 2023 en un nivel del 211,4% anual, se duplicó en diciembre al 25,5% mensual -el nivel más elevado desde 1991- tras la asunción del presidente ultraliberal Javier Milei, quien devaluó el peso doméstico, redujo subsidios públicos y liberó algunos precios regulados de la economía argentina.

Los expertos consultados por Reuters aguardaban una inflación minorista del 20,5% en enero, según la mediana de un sondeo propio.

El flamante Gobierno de derecha prevé una baja paulatina de la inflación en los próximos meses debido a una menor demanda general por la caída del poder adquisitivo de la población, aunque la pobreza -que actualmente supera el 40%- podría dispararse antes de lograr la estabilización de la economía.

"A mí me duele y me da vergüenza lo que estamos pasando. Nunca nos pasó esto (...) Me da pena ver todo esto, porque yo puedo pasar hambre pero los chicos no", expresó Mercedes Insaurralde, una desempleada de 58 años que trabaja como voluntaria en la cocina del comedor.

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