MALVINAS

El sueño del sobreviviente del crucero Belgrano aún no tiene quien lo cumpla

martes, 2 de abril de 2024 11:31
martes, 2 de abril de 2024 11:31

Héctor Gil tenía 21 años y era cabo segundo cuando los ingleses hundieron el barco. En homenaje a sus compañeros que no volvieron, quería plantar 323 rosales frente a su casa, en el baldío que ayudó a convertir en plaza en Choele Choel. Había llegado a las 150 cuando el Covid se lo llevó de este mundo. El Memorial vandalizado, el cartel de la calle con su nombre que se cayó y su conmovedora historia.

Héctor Jorge Gil se fue de este mundo sin poder cumplir dos sueños. El primero, terminar de plantar 323 rosales en homenaje a sus compañeros del Crucero General Belgrano que no volvieron. El segundo, viajar a conocer las islas Malvinas por las que fue a la guerra. “Ir no pudo porque era muy caro, pero sería lindo ver todas las flores en la plaza como él quería”, dice Emanuel, su hijo. Su padre le contó aquel infierno que nunca pudo olvidar, esos dos torpedos disparados desde el submarino nuclear inglés Conqueror que mandaron a pique hace 42 años al viejo barco botado en 1938 y se llevaron todas esas vidas. Lo estremecía el recuerdo, los marinos tragados por pantanos de combustible en su puesto en la sala de máquinas, el fuego, los gritos, la desesperación, las puertas trabadas por la destrucción, los hombres que no lograban salir de los camarotes a los que habían ido a descansar hasta que les tocara el turno. Él quería que las flores brillaran en la plaza frente a su casa en Choele Choel, en el Valle Medio al norte de la Patagonia, esa que era un baldío y que ayudó a nivelar con sus propias manos de veterano de guerra para que también brillara el verde. “No podía ser que no tuviéramos dónde dejarles una flor”, explicó a Río Negro en plena pandemia. No pudo completar la misión: el maldito Covid se lo llevó de este mundo a fines del otoño del 2021. Ese sueño aun no tiene quien lo termine.

El homenaje

Le ofrecieron poner su nombre a la plaza, pero él no aceptó. «Les dije que no, que le pusieran Crucero General Belgrano, el lugar donde nuestros compañeros siguen cuidando a la patria a 4.000 metros de profundidad”, contó. En cambio, sí hay una calle Héctor Jorge Gil, que en una esquina tiene el cartel oxidado y en otra se cayó. Un vecino lo guardó en su casa y llamó a su hijo para preguntarle si lo quería.

Emanuel Gil dijo que no, que lo que correspondía era que volviera a su lugar, que él ya tenía lo más preciado que le había dejado: las fotos, las cuerdas del mástil, la bandera Argentina y la de Río Negro que se izan cada 2 de abril.

Ahora hay un hipermercado en esa calle de la ciudad de más de 12 mil habitantes que crece rodeada de chacras, peras, manzanas, vacas y pasturas. La primera vez que fue a comprar y en el ticket vio el nombre de su papá como dirección se quedó mirando el papel, pasaron varios minutos sin poder decir palabra. También observó un rato largo el Memorial en la plaza cuando lo vandalizaron, todas esas rayas y esos dibujos cerca de los nombres de los que no volvieron mientras le crecía el enojo.

Eso fue en la primavera del 2023 y ya había pasado en el otoño del 2021. Esa vez, cuando se enteraron, el Malona y otros empleados municipales corrieron a pintar todo de blanco el Día del Trabajador. La mañana siguiente, la del 2 de mayo, se cumplirían 39 años del hundimiento. “No entiendo por qué lo ensucian así”, dice ahora Emanuel. También le duele que nadie haya tomado la posta del homenaje de los rosales. “Debe haber unos 150 nomás”, calcula.

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