Juicio por el crimen de Sebastián Musacchio

Quispe y Yapura no quisieron hablar del cruel asesinato

Leyeron sus confesiones y declararon los primeros siete testigos de un listado de 33 personas que deberán comparecer ante el tribunal.
lunes, 29 de noviembre de 2010 00:00
lunes, 29 de noviembre de 2010 00:00

Londres, Belén (Enviados especiales Diego Herrera y José Maijá). Tal como estaba previsto, comenzó a ventilarse ayer el juicio oral por el brutal crimen del estudiante Sebastián Musacchio, ocurrido en El Shincal el 25 de julio del año pasado. Los confesos imputados, Santos Eusebio Quispe y Diego José Antonio Yapura, prefirieron guardar silencio sobre la grave acusación que los tiene en el banquillo y se escuchó la lectura de sus declaraciones, en las que ambos reconocen su participación en el hecho, aunque se contradicen respecto de quién ideó el macabro plan y quién ejecutó a golpes a la víctima. En la primera audiencia también declararon los primeros siete testigos, entre ellos los padres de la víctima, un hermano y su novia.
En la primera parte de la audiencia, el tribunal intimó a los dos acusados; les informó el delito por el que estaban imputados y las pruebas en su contra y ambos se reservaron el derecho de abstenerse de prestar declaración. Pero se leyeron las declaraciones que ambos realizaron al ser detenidos a mediados de agosto del año pasado. Las dos declaraciones son coincidentes en cuanto a narrar la forma en la que ocurrió el brutal crimen. Ambos relataron cómo la noche de aquel 25 de julio llegaron al campamento que el joven profesor de música y estudiante de luthería había montado en las inmediaciones de El Shincal. Quispe había tenido un contacto con él el día anterior, y esto le dio confianza a Sebastián, que salió de su carpa y se sentó con quienes luego serían sus verdugos, a la orilla de una fogata. Allí charlaron unos veinte minutos, en los que el joven les confió cuáles eran los planes de su itinerario. Hasta que en un momento dado, Quispe tomó un palo de un metro y medio y le dio un violento golpe en la nuca, que lo tiró semi inconsciente.
En este punto, la declaración de los imputados se bifurca sensiblemente, ya que Quispe asegura que fue Yapura quien tras el violento golpe que le dio con el palo, tomó una piedra y lo golpeó hasta matarlo. El otro imputado, afirma por el contrario, que fue Quispe quien tomó una piedra de unos siete kilos con la que lo remató. La versión de Yapura es la que más se asemeja a la narrada por la acusación del Ministerio Público.

Testigos

Uno de los testimonios más importantes de la jornada lo brindó Cintia Natalia Mamonde (26), quien era la novia de Sebastián al momento del crimen y fue la última persona de su círculo íntimo que lo vio con vida el 23 de julio de 2009. La joven, con un temple admirable, se sentó ante el tribunal y contó cómo fueron los últimos días con Sebastián hasta que perdió contacto con él y comenzó la desesperada búsqueda. Habían viajado desde Tucumán, donde ambos vivían, a Catamarca porque Sebastián quería regresar a El Shincal, donde había quedado maravillado el verano anterior, cuando pasaron una semana de vacaciones. Tanto fue su deslumbre, que la joven contó que uno de los últimos sueños del estudiante era comprar un terreno en Londres, y afincarse allí a construir instrumentos musicales.
Cintia contó los pormenores de una serie de circunstancias que hicieron que se separaran en Andalgalá. Ella volvió a Tucumán y Sebastián siguió su periplo hasta El Shincal.
Al perder contacto, la joven comenzó a preocuparse y acompañada por su madre viajó a Catamarca durante los primeros días de agosto. Primero fue a Hualfín, al norte de Belén, porque no estaba del todo segura a dónde había acampado. Se había comunicado telefónicamente con la comisaría de Londres, pero dijo que fueron reticentes en tomarle su declaración, aunque le dijeron que lo habían buscado en la zona y no encontraron nada.
Ella estaba segura de que había regresado al mismo lugar donde habían acampado en enero. Fue hasta la comisaría la misma noche que llegó y exigió que la acompañaran a buscarlo. Junto a un móvil policial fueron y en medio de la oscuridad, logró dar con el lugar. Allí estaban los restos del campamento incinerados, y ello acrecentó su temor.
Aun con ese hallazgo, en la comisaría le dijeron que no podía ser ella quien radicara la denuncia penal porque no era familiar directo, e incluso se seguían mostrando reticentes a prestar colaboración. “Me decían que ya no estaba acá”, recordó la joven. Y esperaron a que llegara la madre de Sebastián para tomar la denuncia e iniciar el rastrillaje que terminó finalmente con el hallazgo de sus restos el día 7 de agosto.

Carácter

También declararon los padres de la víctima, Eduardo Musacchio y Margarita Simeoni de Musacchio, y el hermano mayor, Esteban. Fueron interrogados sobre el carácter de su hijo, al que describieron como un joven solidario, amante de la naturaleza, lleno de amigos, sueños y proyectos. Los padres explicaron que estaba enamorado del noroeste y que como experto campamentista, era su costumbre salir a la naturaleza en carpa. Experiencias que habían compartido en familia desde su niñez más temprana, ya que su padre es geólogo y su madre bióloga.
La madre contó que tenían previsto reunirse en septiembre y que ella lo acompañaría a recorrer el norte argentino. “Me estaba enseñando a aprender a amar el norte”, recordó su madre, al narrar los proyectos y planes que quedaron truncados. Entre ellos, culminar sus estudios, casarse y establecerse con su novia y montar su taller de luthería.
Ningún miembro de la familia manifestó el más mínimo resentimiento. Mucho menos ánimo de venganza, tal como lo había manifestado la madre en diálogo con El Esquiú.com días atrás. “Sólo queremos que sean justos y poder seguir con nuestras vidas”, expresó el hermano y resumió el sentimiento familiar cuando cerró su testimonio ante los jueces.

Golpes

Los primeros testigos en prestar declaración ante el estrado fueron los médicos forenses Oscar Antonio Contreras y Edgar Gallo Canciani. Ambos realizaron distintas pericias sobre el cráneo semi carbonizado de la víctima y ayer se explayaron sobre sus respectivos informes. Aunque ambos contienen algunas contradicciones sobre cómo y dónde recibió la víctima el golpe letal, ambos coincidieron en que fueron dos violentos golpes con elementos contundentes los que le provocaron las fracturas que terminaron con su vida.
Sin embargo, las precisiones fueron esquivas dadas las condiciones en las que fue encontrado el cráneo, separado del resto del cuerpo, en avanzado estado de putrefacción y parcialmente quemado, ya que Quispe en un intento de ocultar el crimen lo incineró en un socavón formado por un grupo de rocas. Los dos médicos expusieron distintas hipótesis de cómo pudo recibir los golpes el joven. De todas maneras, aunque en forma parcial, acreditan la confesión de los imputados y la crueldad con la que fue asesinado el joven estudiante.
El último testigo de la jornada de ayer fue el oficial de policía Julio Alberto Folmer. Fue quien acompañó a la novia de Sebastián hacia El Shincal la noche que encontraron el campamento incinerado, aunque para el uniformado “a primera vista era un simple fuego”.

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