Molas: “Es un típico caso de la crisis de la delincuencia juvenil”

Por primera vez y en exclusiva con El Esquiú.com.
viernes, 24 de septiembre de 2010 00:00
viernes, 24 de septiembre de 2010 00:00

Alrededor de las 5 de la mañana del 14 de agosto, un desconocido ingresó a la habitación de Pedro Molas en su vivienda del barrio Villa Parque Chacabuco. Lo golpeó con una mancuerna de hierro que estaba guardada dentro de un placard y le provocó una fractura en el dedo de su mano izquierda y una lesión en la cabeza que le demandó más de 20 puntos de sutura.
El asaltante huyó con una billetera con 300 pesos y un celular. Ninguno de los hijos que estaban en la casa escuchó nada. Y Molas quedó inconsciente y bañado en sangre. Los primeros pasos de la investigación apuntaron a alguien del entorno familiar. Pero Molas lo descarta.

El diputado nacional Pedro Molas habló por primera vez sobre el brutal asalto que sufrió en su vivienda durante la madrugada del pasado 14 de agosto, en una entrevista exclusiva con El Esquiú.com. Descartó que el delincuente esté ligado a su familia y manifestó su confianza en la investigación judicial.
“Tengo mucha confianza en el fiscal Roberto Mazzucco, que investiga la causa; sé que es una persona muy proba y eficiente, pero no tengo información de la investigación. Y la verdad es que he tratado de poner la cabeza en otra cosa, estuve más dedicado a retomar el ritmo, con la agenda del equipo de trabajo, hace 15 días. Traté de seguir adelante”, manifestó al comienzo de la entrevista.

- ¿Pudo recordar algo más del momento del hecho?

- No, en realidad me robaron muchas veces en mi domicilio; en una época en que había recibido a chicos de intercambio también le robaron a ellos. Hicimos denuncias, o sea que para mí ha sido un robo más, aunque con el agravante de ser tan riesgosa la maniobra y al extremo que llegaron. Pero no recuerdo absolutamente nada más, más allá de la hora en que me acosté. Insisto en que he tratado de dar vuelta la página.
Fue una experiencia muy triste porque no soy una persona violenta, jamás me agarré a trompadas con nadie y en general ni siquiera tuve un accidente o nunca me operaron. Así que cuando me pasó esto, fue algo inesperado y no a consecuencia de algo concreto. Para mí fue despertarme literalmente con una agresión muy fuerte. Pero gracias a Dios, insisto, esto no me ha resentido ni me ha cambiado la forma de pensar ni de trabajar. Sí llené de rejas y seguridad la casa, y los consejos hacia mis hijos. Lo bueno es que hasta acá, pienso que me tocó a mí, como le pudo haber tocado a cualquier otro.

- ¿Cómo tomó el que se involucrara al “círculo íntimo”?

- Yo no sé si fue una línea de la Justicia o de la Policía, pero tampoco supe que a algún conocido o familiar le hayan hecho algún allanamiento. En el caso de mi domicilio, por supuesto en el lugar se hicieron todos los estudios y las observaciones. Y supongo que será una línea de investigación. Yo creo que no es nadie conocido, porque además el “círculo íntimo” es muy general, el círculo íntimo de quién, de mis hijos, mío, de mis parientes…; mi familia es grande. Pienso que ha sido un robo más, pero con este desenlace.

- ¿Cómo lo vivió su familia, sus hijos particularmente?

- Siempre conversamos y reflexionamos todo el tiempo sobre todo esto. Se dio la casualidad de que estaban cuatro de mis hijos conmigo, y eso nos llevó a que lo vivamos muy como familia. No hubo que contárselo a nadie. Nunca se habló del tema de las teorías, de las hipótesis; sino que nos preocupaba que esto que me pasó a mí le pudiera haber pasado a cualquiera de ellos o que podría haber tenido otras consecuencias más graves. Y cómo darle seguridad a la vivienda. Y no sólo con mis hijos, sino también con los amigos. Estuvimos más preocupados con eso que en ver qué versión tomaba más trascendencia.

- ¿Cree que fue alguien que conoce su casa?

- Mi casa comparte una medianera con un vecino, y el resto da a la calle y a un baldío. Es decir que es muy vulnerable. Entraron y se han movido con mucha facilidad, pero no necesariamente es alguien que conozca la casa por dentro.

- ¿Es un hecho de inseguridad más, entonces?

Creo que sí. Y si la investigación llega a un buen fin, no creo que tenga una sorpresa. Al contrario, se va a tratar de un robo más.

- ¿Le preocupa que hasta el momento no haya ningún sospechoso?

No. Porque no conozco cómo se está llevando la investigación. Yo estuve con el doctor Mazzucco cuando fui a prestar declaración, nada más. Así que no tengo una opinión formada de cómo se está llevando adelante la investigación. En realidad no conozco tampoco los tiempos, y no sé si 30 días es mucho o poco. Lo que sí me parece es que posiblemente el hecho de que hoy por hoy la delincuencia sea tan común en los jóvenes y los adolescentes, en ese sentido, se puede ver entorpecida la investigación. Porque siempre que entró alguien en mi casa, siempre fueron menores, y creo que debe ser difícil avanzar en una investigación. Es un típico caso de la crisis que tenemos a nivel país respecto de la delincuencia juvenil. Es lo único que atino a intuir.

- ¿Por qué cree que es delincuencia juvenil específicamente?

- Porque conozco que los robos anteriores en mi domicilio y en el de vecinos, han sido siempre chicos adolescentes de 15 ó 16 años. A mis vecinos les ha pasado mucho, entonces es la sensación que tengo.

- ¿Qué reflexión le genera este hecho en su función como legislador?

- Se dio la casualidad de que cuando ocurrió esto estaba llegando al recinto el proyecto de salideras bancarias. Y estábamos discutiendo el tema de seguridad en las distintas comisiones. Es decir que creo que es un tema de muchísima actualidad, muy candente, con una solución que todavía no se avizora, hay que mezclar muchas políticas y atacarlo al tema desde distintos puntos de vista. Y por supuesto hoy siento más que nunca que éste es un problema grave. Gravísimo.
Porque por más buenos policías y por más buena política de seguridad tanto a nivel provincial como nacional, hay un aspecto que se nos viene escapando y que es la contención del joven que termina convirtiéndose en delincuente.
En mi época, nos conteníamos en la escuela, en la Iglesia, en la familia, en las instituciones como clubes, o en una mezcla de todo eso. Hoy tenemos montones de chicos que no pertenecen a un grupo de iglesia o de cualquier religión que centre su enseñanza en el amor al prójimo y en el respeto, no tienen una familia bien conformada, y ni hablemos de la escuela; ya que pienso que se perdió mucho la autoridad de los docentes, de los directivos. Creo que hemos hecho un paso hacia atrás en la calidad de la autoridad.
Hay una decadencia en este sentido y se manifiesta en casos como estos. Los jóvenes encuentran en la delincuencia un protagonismo social, un esnobismo y hasta la forma de obtener recursos. E insisto, reciben mucho protagonismo de los medios, que preocupados por esta situación lo ponen en primera plana y el delincuente se siente importante. No digo que los medios no tengan que darle la trascendencia que le dan, porque es un tema grave.
 

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