Su pareja la sometió a episodios de salvajismo durante siete años

Mujer golpeada y en riesgo denuncia que la despidieron por ser gremialista

La víctima, oriunda de Saujil, dialogó extensamente con El Esquiú.com y detalló su terrible historia de vida y la de sus hijas.
domingo, 14 de julio de 2013 00:00
domingo, 14 de julio de 2013 00:00

Claudia Cativa llega a la redacción de El Esquiú.com con una actitud de resignación porque se ve obligada a exponer su historia con la esperanza de recuperar su trabajo, el único sostén que tiene para mantener a su familia.
A pesar de la crudeza de la historia que tiene para contar, ya que por espacio de 7 años ha sido víctima de violencia de género, decide dar la cara y relatar todo con la intención de que esto pueda ayudarla a que le devuelvan su trabajo en la municipalidad de Saujil, el cual perdió por haberse ausentado varios días luego de que su pareja la golpeara brutalmente y, borracho, golpeara también a su hija discapacitada, destruyendo también gran parte de sus pertenencias.
La mujer, en esa oportunidad, huyó a San Luis pero cuando intentó justificar sus faltas presentando su historia clínica, ésta fue rechazada. De acuerdo con lo que relata, por haber tenido en su momento actividades gremialistas, en su trabajo no le aceptaron su solicitud de una licencia sin goce de haberes, por lo que fue dada de baja y por estos momentos no tan sólo lucha con tener que vivir cerca del hombre que la golpeó y al que le tiene miedo porque no cumple con las restricciones que le impuso la Justicia, sino que tampoco tiene manera de mantenerse.

Relato de vida

“Yo era viuda y lo conocí 10 años atrás en una situación en la que me ayudó porque tenía que viajar a Buenos Aires... Nos dábamos una mano mutuamente, así que la relación empezó y se vino a vivir conmigo y mis hijos a mi casa”, cuenta Claudia recordando los inicios de lo que terminó siendo una pesadilla.
“Él no trabajaba, hacía changas, pero yo trataba de ayudarlo. Después de que tuvimos la nena -ahora tiene 9 años- comenzaron los problemas porque aparte de no aportar nada en la casa, desaparecía por días enteros en los que yo no sabía dónde estaba”.
La mujer explicó que las actitudes de su ex comenzaron a ponerse más y más violentas. “Un día entró, me rompió la computadora y rompió varias cosas de la casa. Después de eso, aunque yo le decía que tenía que colaborar con su hija, que tiene su apellido, él nunca lo hizo. Como se desaparecía siempre, por comentarios supe que tenía otra pareja. Pero todo empeoró cuando mi hija tenía dos años. Ahí empezó a pegarme. Yo le había ayudado a conformar una cooperativa y de eso jamás me pagó porque estaba a su nombre, aunque yo cumplía funciones de secretaria”. A lo largo de los últimos siete años, los episodios de violencia se volvieron más frecuentes.

“Estaba aterrorizada”

Sin embargo, todo llegó a su límite en marzo pasado, cuando luego de una fuerte golpiza -en la que su ex pareja también atacó a su hija, que tiene un retraso mental severo- no vio otra solución que irse a otra provincia porque no se sentía segura en su propia casa.
Claudia relata así lo que sucedió el día de los hechos: “Salí a trabajar a las seis de la mañana... aunque él no vivía conmigo ya, solía quedarse a dormir en una piecita del fondo. Cuando estaba en la municipalidad trabajando, cerca de las nueve de la mañana llega mi hija de 18 años a mi trabajo diciendo que él estaba borracho con otros hombres en la casa y que se sentía mal porque la miraban y le decían cosas. Yo pido permiso y me voy urgente. Cuando llego allá veo que era una fiesta de aquellas, así que primero voy a apagar la música, que estaba a todo lo que daba, y ahí él se vuelve loco. Lo primero que hace es voltear la computadora, que cae al piso y queda destruida. Quiso voltear el televisor sobre mi hija más chica, y ahí yo me pongo enfrente para que no la golpee y caigo al piso. En ese momento empezó a patearme y pegarme a mí y a mi hija discapacitada. Fue una situación terrible, nos tuvimos que ir al hospital y a mi nena la internaron por los golpes, y porque estaba con un ataque de pánico. En realidad, en ese momento estaba preocupada por mi hija así que no lo sentía, pero más tarde me empezó a doler todo el cuerpo. Tenía una taquicardia que no se detenía, porque tengo problemas en el corazón, lo que se me complica por una flebitis que tengo en la pierna. Estaba aterrorizada. Lo único que pude hacer fue irme unos días a San Luis, donde viven otros hijos míos”.

Discriminación laboral

Así, relata Claudia cómo dio inicio lo que terminó siendo causal de despido porque, inesperadamente, en su lugar de trabajo no aceptaron como justificativo la terrible situación que atravesó. La mujer explicó que estando en San Luis envió por fax su historia clínica y habló con el jefe de personal, pero no le anticiparon que pudiese haber algún problema.
“Yo envié todo eso en una historia clínica por fax avisando que cuando me repusiera iba a hacer llegar la original, a lo que me contestaron que estaba todo bien. Me dijeron que cuando vaya, iba a tener que hablar con el médico auditor. Pero pasados unos días llamo y me dicen que me habían rechazado al historia clínica, aunque nunca me explicaron muy bien por qué. Según sus registros yo tendría que haber vuelto a trabajar hacía dos días atrás. Cuando regreso -a esa altura, 15 de marzo- solicito que, al menos, me den unos días con una licencia sin goce de haberes, pero pocos días después me entero de que había sido dada de baja”.

“Me incendió el auto”

En la continuidad de la entrevista, Claudia no puede evitar conmoverse y explica: “Yo traté de hablar con el intendente, pero nunca me recibió. Yo le tengo miedo porque este señor es peligroso... parece que no entienden que yo tuve que escaparme de mi casa, no es que me fui de vacaciones. Me fui porque después de ese día él andaba merodeando la casa. Los vecinos me decían que andaba dando vueltas por ahí y que tenga cuidado. Ya había tenido problemas muy violentos y que vieron todos, porque hace un tiempo atrás, estando borracho también, me quemó el auto, me lo incendió, le tiró nafta adentro y no se pudo recuperar nada. Al auto directamente lo perdí porque cuando llegaron a apagarlo ya no quedaba nada”.

La desesperación absoluta

“Cuando me fui a San Luis estaba totalmente destruida y cuando regresé y me di con que podía perder el trabajo; hasta pedí por favor que me dieran la licencia sin goce de haberes, que no me paguen, para no tener que estar ahí en la casa porque estaba aterrorizada, pero no, no me escucharon. Después me dijeron como única respuesta que busque un abogado, pero yo no tengo dinero para eso. Uno de esos días en los que iba al municipio para tratar de buscar una solución, como no me dejaban entrar, estaba sentada afuera, y unos chicos de ahí me dicen ‘cuidado, Claudia, ahí viene’, y era él que se me vino encima a pegarme. Esa vez lo arrestaron porque justo venía un policía y vio todo, pero tengo miedo y no tengo dónde estar porque estoy intranquila sabiendo que en cualquier momento aparece. Ese día lloré de bronca, porque me di cuenta de que mi vida está en riesgo mientras yo esté ahí. Esa vez el intendente no me quiso recibir tampoco”, relata.
Lo único que pide Claudia Cativa es que las autoridades de la municipalidad de Saujil -donde desde prestó servicios durante 13 años- la escuchen y traten de entenderla para darle una solución a su situación, pero nada de eso ocurre, puesto que a los días de estar yendo y viniendo, tratando de presentar todos los papeles necesarios, se da con que efectivamente le han dado de baja.
“Ahora ya no tengo cómo mantener a mis hijos. Aparte de la nena de 9 años que yo tuve con él, conmigo viven mi otra nena de 18, mi hija discapacitada de 28 años y un nietito, soy el único sostén de la familia y ahora sobrevivo con lo poco que me pueden dar de ayuda mis hijos que viven en San Luis. Lo peor de todo es que, viviendo allí, no puedo estar tranquila porque pienso que cualquier día de estos aparece borracho otra vez, me agarra y no sé qué pueda pasarme a mí o a mis hijas. Yo vivo aterrorizada y encerrada en la casa. A veces ni me animo a salir porque él puede estar dando vueltas por ahí, no le importa violar la restricción, ni nada. Lo único que espero es que por favor, luego de dar a conocer esto, alguien me ayude y pueda recuperar mi trabajo. La única explicación que yo encuentro a esto, porque veo todo el tiempo que les dan licencia a otros compañeros, sólo porque no tienen ganas de ir a trabajar, es que soy gremialista y parece que eso no me lo perdonan”.
El terrible testimonio de Claudia pone de manifiesto la falta de contención y protección a las que se ven expuestas muchas mujeres, especialmente en el interior de la provincia, que no sólo están expuestas a la violencia en el interior de sus propios hogares, sino que ésta se replica en los lugares menos esperados y por razones completamente injustificadas.

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