Carlos López Véliz

“Esta tragedia es lo más fuerte que me ha tocado cubrir en mis años de profesión”

El periodista estuvo en El Rodeo desde que ocurrió el alud hasta este viernes y vivió de muy cerca el drama.
sábado, 1 de febrero de 2014 00:00
sábado, 1 de febrero de 2014 00:00

Carlos López Véliz es el cronista de FM Valle Viejo que desde la noche del jueves pasado hasta la tarde de este último viernes estuvo cubriendo minuto a minuto cada una de las instancias del desastre natural que sacudió la tranquilidad de las personas que veraneaban en El Rodeo, destruyendo todo a su paso.
En diálogo con El Esquiú.com, una de las voces más familiares para los catamarqueños relató lo que significó para él esta experiencia, a nivel periodístico y humano.

¿Cómo te enteraste de lo que había pasado?
El jueves a la noche estaba en casa. Había dejado el móvil y estaba viendo el “Patrón del mal” y recibo una llamada de Gabi Castro (periodista gráfica de policiales que se encontraba en la villa al momento de la tragedia). Ella estaba desencajada; me preguntaba si sabía lo que pasaba en El Rodeo, que había una crecida fuerte y que vaya, que era grave.
Volví a la radio y salí para allá. Cuando iba en el camino, por la zona de La Puerta, advertí lo que era por el ruido; aparte se veía algunos de los autos que había arrastrado la corriente. Cuando llegué, quedé estancado un poco más allá de la hostería, sin luz. Nos alumbrábamos con la luz del móvil policial y la ambulancia, y ahí tomé dimensión de lo que estaba pasando; porque yo pensaba que era una crecida de dimensiones, pero no imaginaba la gravedad de la tragedia.

¿Cuándo tomaste dimensión de que hubo pérdidas humanas?
Cuando pasa el camión con la retroexcavadora, me encuentro con el doctor Forner (juez correccional) y él me iba adelantando lo que había sido. Estaba muy asustado y me recomendaba que no me acerque más. Alumbramos un poco, vimos los peñones que había arrastrado el río y, al ver la destrucción que era todo, pensé que debía haber al menos 20 muertos. Había autos con las luces prendidas, con las alarmas andando; era desesperante. De terror. Tratábamos de ver si en algunos de los vehículos había alguien atrapado.

Es inevitable que una postal como esa te afecte.
Sí. Ya había bajado el agua y me entró una gran angustia. No tenía palabras; no sabía si lo que fuera a decir iba a ser acertado o iba a poner peor a la gente que escuchaba.

¿Cómo viste el trabajo de rescate que se hizo?
Fue muy destacable el accionar de los rescatistas, los policías, municipales, bomberos, la gente que esa misma noche comenzó a llegar. Hicieron un laburo humanitariamente bárbaro para llegar a las personas que habían quedado atrapadas en el camping.
Al otro día, desde las 10 de la mañana, ya había rescatistas de Paraná que habían llegado desde Entre Ríos. La gobernadora también estuvo temprano. Ese viernes pude ver a gente que estaba ahí como un rebaño de ovejas en una lomita, esperando rescate. Gente con el torso desnudo y de todas las edades, enfrentándose al frío, porque la temperatura había descendido de golpe y lloviznaba en todo momento.

Como periodista que trabaja en la sección Policiales, te ha tocado ver tragedias y cosas fuertes. ¿Cómo calificás lo que se vivió con el alud?
Esto es lo más fuerte que me ha tocado cubrir; superando la tragedia del Totoral, que pensaba que era el hecho más desgraciado, junto con lo de la Alcaidía, en el viejo Penal. Pero esto fue muy impactante. Es terrible ver los pedidos de auxilio; ver llorar a gente grande, a hombres, que no sabían qué había sido de sus seres queridos.
Caminábamos sin saber qué pisábamos, todos cubiertos de lodo. Yo había ido vestido para hacer una nota ese día y no tenía nada más. Además, estaba latente el peligro de la alerta permanente de la crecida, que podía volver en cualquier momento.

¿Qué episodio te quedó marcado de todo lo que te tocó ver?
Yo me sentía mal. Estaba viendo a la gente y había una mujer joven con un changuito de unos nueve años, que lloraba. Preguntaba por su papá y la mujer, desesperada, no tenía palabras para darle explicaciones. En determinado momento, bajaba del balneario gente, pero todos estaban tapados en lodo y no se podía reconocer si eran rescatistas, o quienes; hasta que la mamá se abrazó con un hombre y ese era el papá, que había quedado atrapado con la mitad del cuerpo adentro del auto. Ese fue el primer testimonio que tomé de uno de los sobrevivientes.

¿Y Gerónimo y la manera en la que se salvó?
Lo de Gerónimo fue impresionante. Además, increíble la fortaleza espiritual para poder contarlo. Con respecto a Carolina, yo mantengo la esperanza; espero un último milagro. Soy muy creyente; creo que tiene que haber entre tanto desastre otro milagro como el de Gerónimo.

Habiendo estado en todo momento allí, ¿qué opinás de los rumores de que hay víctimas que fueron ocultadas?
Es imposible ocultar víctimas; es muy descabellado lo que se dice, porque habría gente reclamándolos. Eso es una barbaridad que no sé de dónde salió, pero no tiene sentido.

¿Qué te queda de todo esto?
A mí me quedó mucha angustia. Fue una experiencia de mucho estrés psicológico. Caminar mañana y tarde en un lugar destruido. Lo único que me quitaría esa angustia sería otro milagro. Agradezco a la gente de ahí que me acompañaba con algún refrigerio y que apreciaban la presencia de un periodista. La gente se sentía acompañada y que no los iban a dejar solos. Eso a mí me daba fuerzas para seguir quedándome. Más allá de que es un trabajo que tenía que hacer, dejé mucho de lado.
Yo pensaba que uno ya tiene una coraza con el trajinar diario, pero esto te toca desde un punto de vista humano; es inevitable que te afecte.

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