Comentario Político

sábado, 23 de octubre de 2010 · 00:00

El tejido político de Oscar Castillo, en los últimos tiempos, tiene hilo para armar un gran carretel. Los que se sorprenden por algunas de sus conductas, en realidad pecan de ingenuos, ya que la suma de los actos de cualquier persona da como resultado una forma de comportarse o enfrentar la vida. Y los de Castillo, desde 1983, tienen la impronta del cálculo, la frialdad, la conveniencia y la falta de arrojo. Pero, con este método, no le ha ido mal al hijo del extinto Arnoldo. Fue gobernador de hecho entre 1991 y 1999, después asumió formalmente el gobierno (1999-2003) y, finalmente, desde 2003 es senador nacional, con el ingrediente que lo será hasta 2015. No contamos en su trayectoria, por si faltara, dos períodos de diputado nacional, uno de diputado provincial y algún puesto ejecutivo durante la intendencia de don Yamil Fadel. ¡Vaya campaña política!

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Para conseguir esto, algo que solamente puede compararse con Brizuela del Moral y, en mucha menor medida, con Ramón Saadi, tuvo dobleces, muñequeos y todo lo que hacen los políticos y que, cándidamente, le llaman negociaciones. Por ejemplo, promediando los 90, se levantó de su banca y permitió que el Congreso de la Nación, con su ausencia, aprobara la venta de un verdadero patrimonio de los argentinos: el Banco Hipotecario. Antes, en el 88, armó la expulsión de seis legisladores por haber permitido la reforma de la Constitución, cuando él había participado –conforme lo dijeron “sus víctimas”- de las negociaciones que tanto condenaba.

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Cuando vio peligrar el poder no le importó la dirigencia ni su línea celeste. Canjeó gobernación por senaduría nacional y, en las internas radicales, no se animó jamás a discutirle posiciones a Brizuela. Por ello, hay que reconocerlo, ya no es el líder opositor interno, trono que definitivamente parece poseer Gustavo Jalile. Entonces, lo de Castillo es pragmatismo puro, lo que ya fue advertido hasta por sus acérrimos….ah, y la ausencia en la sesión del 82% no tiene otra “explicación” que el consejo de su único jefe: Enrique “Coti” Nosiglia.
 

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