El desafío de Cristina: gobernar sin Néstor

miércoles, 27 de octubre de 2010 00:00
miércoles, 27 de octubre de 2010 00:00

Lo dijo el ex jefe de Gabinete Alberto Fernández, uno de los que mejor conoció al matrimonio presidencial: "Cristina perdió mucho más que un marido". Cuánta razón. Néstor Kirchner era no sólo el compañero de toda su vida, sino también el constructor político indiscutible de todo el andamiaje de poder que rige desde 2003.
El Gobierno, y el kirchnerismo todo, es "nestordependiente". Casi nada se hacía o se dejaba de hacer si él no estaba al tanto. Manejaba la construcción de poder desde las relaciones más nimias (con intendentes de pueblos remotos, o con punteros de las provincias) hasta las más importantes, como la relación con actores económicos y dirigentes internacionales.
Y sobre todo con innegable injerencia en la economía doméstica, desde el pago de deudas con reservas hasta el direccionamiento de los gastos del Estado Nacional en las provincias y la relación con los gobernadores.
¿Cómo seguirá el Gobierno sin Néstor?
Además del inmenso dolor personal y afectivo, Cristina Kirchner ahora padecerá ese vacío político en la gestión cotidiana.
Su gran desafío será qué hacer frente a este escenario sin cambiar el curso de su gobierno.
Una posibilidad será que la Presidente decida seguir sin cambiar nada, o con algunos cambios cosméticos, un mantenimiento del status quo en cuanto a los modos de acción política. Una apuesta por más kirchnerismo pero sin Néstor Kirchner, lo cual la obligará a tener los mismos reflejos y espaldas que su marido fallecido. Para eso recibirá los halagos de quienes quieren "rodearla" y sostenerla a cambio de mayores porciones de poder que ella no podrá controlar, como podría ser el caso del ascendente Hugo Moyano.
Otra posibilidad es que, en vistas al nuevo escenario, Cristina realice cambios un poco más profundos. Que abra el juego a gobernadores –desde Daniel Scioli a Jorge Capitanich o José Luis Gioja- e intendentes, y que se prepare un recambio de ministros para encarar la nueva etapa de modo de salir el encierro que podía ser posible gracias a Néstor. Ese avance de la política podría servir de freno a otras apetencias, como las del jefe de la CGT.
Sin embargo, lo que la presidente no quiere permitirse es la debilidad. Ir muy profundo con cambios podría dar esa idea que aborrece.
Por la misma razón también parece improbable que la "apertura" incluya a otras fuerzas o dirigentes políticos que le aseguren la gobernabilidad hasta el fin de su mandato: cualquier negociación podría ser considerada signo de debilidad.
Tras el dolor por el desenlace luctuoso, cómo gobernar sin Néstor será el más profundo de los desafíos.

 

Alfredo Gutiérrez
Columnista Diario Clarín

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