Néstor y Catamarca

La relación especial que mantuvo el ex mandatario con nuestra provincia.
miércoles, 27 de octubre de 2010 00:00
miércoles, 27 de octubre de 2010 00:00

Todos los presidentes de la Argentina, como es lógico que así suceda, dejan su impronta. Ninguno, por razones discutibles o indiscutibles, pasa desapercibido para la historia, aunque puedan ser analizados desde ópticas o posiciones distintas.
Ocurrirá lo mismo con Néstor Carlos Kirchner que, por unanimidad y a la hora de su muerte, es valorado como un ex presidente muy importante o un político de convicciones férreas y profundas, más allá de simpatías casi fanáticas o antipatías lindantes con lo enfermizo.
Con el pasar de los días y de los meses, la finitud humana pondrá las cosas en su justo término y la historia será la encargada de hacer las mediciones sobre el comportamiento de un hombre que fue, esencialmente, un dirigente que produjo hechos trascendentales para el país en cuestiones tan sensibles como la conducción de la Justicia, la política de derechos humanos, las relaciones exteriores, la reivindicación de derechos laborales o los cambios, muchos de ellos generadores de hondas polémicas, en temas referidos a los medios de comunicación.
A la hora de retomar los hechos cotidianos, que nadie lo dude, Kirchner podrá ser comparado con grandes personajes de la nacionalidad o encapsulado ideológicamente en territorios que no todos los argentinos comparten. Serán muchos los que podrán acercarlo a la idolatría popular o aparecerán multitudes discutiendo, alrededor de su figura, el verdadero sentido de la política. Habrá blancos y negros muy nítidos, pero donde surgirán coincidencias generalizadas, casi unánimes, será sobre su paso por la actividad pública en la cual, con absoluta notoriedad, ha dejado huellas imborrables. Parte de esto se ha esbozado con toda su fuerza el mismo día de su muerte: hasta sus enemigos más crueles, que no son pocos en la Argentina del 2010, han salido a expresar sentidas condolencias y reconocer, más allá de las diferencias, virtudes y pensamientos que adornaban la personalidad del hombre que, tan sorpresivamente como finalizó su paso terrenal, había llegado a ser presidente de los argentinos en un otoño muy difícil y casi caótico de la Argentina: el del 2003.
Si la actuación política de Kirchner impactó a nivel país, no lo fue menos en Catamarca. Es que su relación con la humilde provincia de la Virgen del Valle, por razones verdaderamente inextricables, tuvo características especiales durante gran parte de su vida.
Por empezar, nació en la década donde se produjo la mayor inmigración de catamarqueños hacia las heladas tierras santacruceñas y, ya adulto, siempre se acordó de esos catamarqueños que hicieron patria en su propia provincia y lo mucho que lo ayudaron durante su carrera. “Gané con votos catamarqueños”, recordó más de una vez, a la hora de memorar elecciones que lo llevaron a ocupar la intendencia de Río Gallegos o la gobernación provincial.
También los vericuetos del destino lo condujeron a ganar un hermano político de Catamarca, Armando Mercado, quien se casó con su hermana Alicia –hoy ministra de Desarrollo Social de la Nación- en tiempos en que era un fuerte dirigente petrolero. Y fue precisamente su cuñado, como también supo reconocerlo, uno de los que lo ayudó a forjar una trayectoria que iba a terminar, nada menos y nada más, en la Casa Rosada.
Ya en la presidencia, o fuera de ella, tuvo numerosos viajes a Catamarca, una provincia que, lo repetimos, no le era para nada indiferente. En su intimidad quería el triunfo del peronismo, pero fue cuidadoso de la institucionalidad y, en ese marco, estableció una respetuosa relación con el gobernador Brizuela del Moral a quien, que se recuerde, jamás dispensó un agravio o una referencia subida de tono.
La comunión de ideas con nuestro primer mandatario llegó a un punto de establecer la famosa alianza del 2007, que aseguró la reelección de Brizuela, a quien había vencido electoralmente dos años antes. Eran épocas de la llamada transversalidad y de los gobernadores K, conformaciones políticas que nacieron de la inspiración del ya extinto ex presidente. Después vinieron discrepancias que son públicas y terminaron distanciando a dos actores principalísimos del mundo de la política.
Más allá de estos detalles, que alimentan acontecimientos, anécdotas y hasta encendidas controversias, Catamarca no fue, ni lo era, hasta la hora de su muerte, una provincia que estuviera al margen de las preocupaciones de Néstor Kirchner. Si hasta seguía el pulso, cual político de fuste, de todos sus acontecimientos, por nimios que pudieran parecer.
 

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