Breves

lunes, 22 de noviembre de 2010 00:00
lunes, 22 de noviembre de 2010 00:00

Se acerca el final del ciclo lectivo 2010, y comienza para miles de niños catamarqueños una nueva realidad, ya que para un enorme segmento de la población infantil, la escuela cumple un rol esencial que supera por mucho la mera formación académica, y abarca desde la socialización hasta la alimentación. Los roles extracurriculares de la escuela pública, que hace algunas décadas ni siquiera existían, hoy toman una dimensión clave, porque en hogares donde las posibilidades económicas de recreación son inexistentes, toda actividad que se genere con maestros y compañeros de aula representa una oportunidad única para crecer integralmente.

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Cuando la obligación escolar desaparece, muchos chicos quedan a la deriva durante largas horas del día, y este riesgo no es exclusivo de los jóvenes y preadolescentes, sino que incluye también a los más pequeños. En viviendas precarias y humildes, donde muchos comprovincianos viven en condiciones de hacinamiento -tal como lo confirmó el último censo- no hay modo de contener a los más pequeños durante todo el día. Cualquier persona que recorra la periferia podrá observar durante mañanas, siestas y tardes a los pequeños deambulando por el barrio, sin nada que hacer.

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Como bien se sabe, la mayoría de las familias no pueden pagar una colonia de verano, ni costear vacaciones; pero debe encontrarse la manera de ofrecer una actividad alternativa a los chicos para los meses en que no tienen clase. Estas propuestas son valiosas porque cumplen la doble función de proteger a los menores de los riesgos de la calle, y a la vez de formarlos positivamente en alguna disciplina. Juegos, competencias recreativas, talleres artísticos en plazas y centros vecinales, son siempre una buena opción, para que los alumnos disfruten de su tiempo en lugar de padecer el vacío que implica el cese de la tarea escolar.

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