Apuntes

Km 20/10

lunes, 29 de noviembre de 2010 00:00
lunes, 29 de noviembre de 2010 00:00

Las quejas por la atención de TELECOM se multiplican sin solución de continuidad. Y la verdad que sobran motivos para expresar desagrado por una multinacional que, sin siquiera justificarse, “atiende” un servicio público vital en las actividades cotidianas de la gente. La descompostura de una línea fija, por la que se cobra y muy bien, puede ser el origen de un calvario para quien no tenga un poder de tolerancia estilo oriental. Por empezar, hay que asumir que los reclamos no son interpersonales y que quien primero te atiende es una máquina derivadora, con lo cual se producen los primeros dolores de cabeza. Después hay que explicar lo que los directivos de TELECOM saben mejor que nadie, que el teléfono forma parte de la atención de otros servicios, de las compras, de la organización familiar, de las emergencias y, en síntesis, de las urgencias que demanda la modernidad. Pero para ellos, el único patrón y guía de sus actividades tiene que ver con la rentabilidad y con la acumulación de ganancias.
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Con estas reglas de juego, y si es que el interesado se preocupa seriamente en demandar una solución, la reparación de un teléfono puede llegar a durar de 20 a 30 días. Si no lo hace, la espera puede llegar a ser infinita. Todo esto lo sabe la empresa que, hace algún tiempo, amenazó con dejar el país, con lo cual produjo un desmantelamiento de recursos humanos, a pesar de que finalmente decidió quedarse. ¿Fue solamente un amague para reducir sus costos y parar inversiones? Pareciera que si, con una pequeña disquisición: los que no se tragaron el amague fueron los usuarios.
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Lejos han quedado los tiempos en que se publicitaba la celeridad de los servicios telefónicos. Era la época de las privatizaciones, en la que se condenaba la burocracia y la corrupción del Estado, flagelos que seguramente deben haber existido, pero resulta que ahora han surgido los problemas de esas mismas privatizaciones con un altísimo costo para el Estado, ya que los miles de millones de dólares que se recaudan se marchan del país.
 

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