El día después de la interna

Saadi vs. Saadi

lunes, 08 de noviembre de 2010 00:00
lunes, 08 de noviembre de 2010 00:00

Siempre pensó que un determinismo histórico lo iba a devolver a los primeros planos de la política. Decenas de derrotas electorales no lo despojaron de su obsecación y, portando como estandarte un apellido con abolengo peronista, pensó en una resurrección a través de una interna vacía de expectativas y de candidatos de fuste. Ni aun así pudo ganar, aunque le hayan hecho las trampas que su sector, y él mismo, denunció a viva voz. Ni con todas las engañifas posibles, un Jorge Moreno podía superar en cualquier tiempo pretérito a un Saadi entero. ¿O alguien con un mínimo de honestidad intelectual imaginó este destino tragicómico del ex gobernador? Seguramente nadie, pero los números son fríos y no incluyen antecedentes o glorias del pasado. Hablan por sí solos y entonces hay que aceptar que Saadi ha comenzado a recorrer, no ahora, sino hace largo rato, un camino espinoso, escarpado y que lo llevará indefectiblemente al final de su carrera de hombre público.
Ramón, sin embargo, todavía conserva un extraño idilio con muchos peronistas. Lo quieren pero no lo votan, como al ex presidente Menem en La Rioja. Su carrera de declinación fue vertiginosa, pero nunca la entendió o, mejor dicho, no la quiso entender. Pocos meses antes de perder el gobierno, hace veinte años, disputaba espacios en el firmamento nacional y albergaba esperanzas de conducir el Consejo Nacional Justicialista. Hoy es un paria que la política se empeñó en destruir y que termina peleando una interna como la de ayer con personajes, políticamente hablando, que jamás llegaron a tener su envergadura. O que, en distintas circunstancias, fueron dependientes suyos a nivel de lacayos o empleados. Auténticos “mozos de mano” que supieron merodear la casona de la avenida Ocampo.
La única verdad es la realidad, como dicen los mismos peronistas, y Saadi ya sabe que no tiene esperanzas de volver a relucir bajo las marquesinas del poder. Apenas, solamente apenas, podría colaborar con sus vencedores del domingo, si es que realmente lo fueron, o con cualquier otro sector afín, sopena de recibir las mayores imprecaciones del propio peronismo.
El retiro, en buena medida, es una decisión de intelectualidad. Lo hace la sabiduría, hermana mayor de la experiencia. Y es el último desafío para un ex gobernador que, por edad y circunstancias, ya no formará parte del futuro. Sus éxitos se pierden entre las brumas del pasado y acaban de ser enterrados, definitivamente, por una elección interna magra, desordenada, totalmente amañada y animada, apenas, por un pedazo del peronismo.
Si alguien cercano a esta versión 2010 de Ramón Saadi llegara a pensar que todavía puede dar batalla con algún sello ajeno al PJ, se equivoca de punta a punta. Sería como una maquiavélica invitación al ridículo. De última, la inteligencia de Saadi tiene la palabra. Ayer por la tarde, por lo menos, no la supo emplear: terminó hablando de Jorge Moreno como si fuera su gran rival, cuando su único rival, haya ganado o haya perdido, es el propio Saadi.
 

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