Comentario Político

sábado, 18 de diciembre de 2010 00:00
sábado, 18 de diciembre de 2010 00:00

Los jugadores de ruleta atesoran una frase de circunstancia para explicar los vaivenes del azar. “Siempre hay que tirarle una ficha al cero” suelen decir y, objetivamente, alguna razón tienen, porque a veces la bola se clava en su habitáculo. En la política y, más específicamente en el peronismo, las posibilidades del cero (una, entre 37 números) son las mismas que hay para un arreglo entre el llamado PJ orgánico (¿quién le habrá puesto este curioso nombre, especialmente porque allí se suceden presidentes que nunca fueron elegidos por los afiliados?) y el Frente para la Victoria. Son mínimas y todo parte de la desmesura de algunas posiciones, en donde se mezclan pocos deseos genuinos con tremendas picardías.
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Veamos. El “orgánico” o la “orgánica” pretende que, en una eventual alianza, se valide la interna del 7 de noviembre. Esto es, que los candidatos elegidos en aquella oportunidad vayan a la elección en nombre del conjunto y ofrece al Frente para la Victoria algunos cargos que quedaron vacantes y la candidatura a gobernador. Es decir, que el kirchnerismo designe a alguien, que encima tendría nombre y apellido, en lugar del electo Jorge Moreno. Un rápido chequeo entre la dirigencia despertó algunas risas y muchas, demasiadas ironías, estados de ánimo que hablan por sí solos. El arreglo es casi imposible, a menos que la bola se encapriche en caer todas las veces en el cero, en cuyo caso habría que “tirarle algunas fichas a 36 números”.
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Un intendente consideró justo el ofrecimiento y lo hizo acusando de amnesia a los kirchneristas. Dijo literalmente “pareciere que no saben que aquí hubo una interna”. Se nos ocurre pensar que, precisamente por la clase de interna que hubo, son muy pocos los candidatos que puede generar algún respeto, y por ello es casi un hecho que la división por esa interna se trasladará a las elecciones generales. El PJ que encabeza Jorge Moreno será una opción y el Frente para la Victoria otra, tal como ocurrió en 2005, cuando el kirchnerismo dio la gran sorpresa de batir a los radicales de Catamarca.
 

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